sábado, 21 de marzo de 2015

Perdona pero quiero casarme contigo


Perdona pero quiero casarme contigo - Cartel
El mundo de las buenas ideas es corto, muy corto, tanto que, en algunas ocasiones parece incluso haber desaparecido. Esto afecta a todos los ámbitos de la forma de vida actual, aunque si hay un sector donde esta falta de ideas es realmente alarmante, no es otro que en la industria cinematográfica, donde lo último que se inventaron después de las secuelas, fue estirar el chicle (y las taquillas) con las precuelas.

Aunque originalmente esta espiral de falta de originalidad afectaba casi en exclusiva al potente submundo de Hollywood, se ha extendido pronto por mercados menos potentes como el español o el italiano, y es precisamente de este último donde nos llega la cinta de la que os queremos hablar hoy, “Perdona pero quiero casarme contigo”.

Basada en la novela homónima del creador de best sellers Federico Moccia, quien, por cierto, dirige también la película, es claramente la continuación de “Perdona si te llamo amor”.

La historia continua temporalmente unos meses después de la finalización de la primera parte, con Álex (Raoul Bova) y Niki (Michela Quattrociocche) sus dos protagonistas volviendo de unas vacaciones totalmente enamorados, y reencontrándose con la dureza del día a día, la vuelta al trabajo, el reencuentro con los amigos, etc.

Todos están ante una nueva etapa en sus vidas ya que, mientras Niki y sus amigas deben afrontar nuevos responsabilidades, Álex y sus amigos deberán afrontar los primeros problemas con sus respectivas parejas, lo que, sin lugar dudas, mostrará todas y cada una de sus limitaciones y miedos hasta el punto de llegar a poner en peligro alguno de sus respectivos matrimonios.

Por si no fuera poco, Álex debe empezar a trabajar con una espectacular modelo que además se siente totalmente atraída por nuestro protagonista al mismo tiempo que Niki coincide en la universidad con un chico que, además de compartir con ella edad y pasión por el surf, se siente totalmente atraído por ella.

Ya veis que el paralelismo con la línea argumental con “Perdona si te llamo amor” es total, cambiando únicamente los problemas a los que debe enfrentarse nuestra pareja protagonista y sus amigos, por unos problemas más adultos que en la primera parte, y sobre todo, enfocados en las dudas sobre el amor y las relaciones de pareja... “¿existe el amor?”, “¿tiene fecha de caducidad el amor?” o, en cambio, “¿El amor puede durar para siempre?”.

Al final, lo único claro que sacamos de todas estas preguntas, es que el señor Moccia ha conseguido extender su franquicia de best sellers a la gran pantalla con la ley del mínimo esfuerzo, ya que “Perdona si te llamo amor” y “Perdona si quiero casarme contigo” tienen el mismo casting de actores, la misma ambientación y la misma estructura argumental. Lo único que no ha conseguido clonar en esta segunda parte es la poca frescura que destilaba la primera parte, y en serio os decimos que se echa de menos, porque tanto cliché y tanta broma recurrente acaban cansando un poco.

En esta ocasión, para nosotros pesa mucho más lo negativo que lo positivo, así que no nos queda más opción que valorarla con un 4 sobre 10.



Título original: “Scusa ma ti voglio sposare” – 2010 – ITA
Duración: 106 minutos
Dirigida por: Federico Moccia
Género: Comedia romántica
sábado, 14 de marzo de 2015

Billy Elliot (Quiero bailar)

Billy Elliot (Quiero bailar) - Cartel

Nacer en un pueblo tiene sus ventajas, pero también tiene sus inconvenientes. El principal de ellos es que eres el centro de todas las miradas, y más si eres diferente al resto en algo. La sociedad puede ser muy dura, y en el  reflejo de esta dureza tiene el origen la película que os traemos en esta entrada, la británica “Billy Elliot (Quiero bailar)”.

Os reconocemos que, aunque no es de esas películas para ver una y otra vez sin cansarte, la hemos visto varias veces tras largas pausas de tiempo, y uno siempre acaba satisfecho con el retrato de los personajes que, su director, Stephen Daldry nos ofrece.

La historia empieza a mediados de los años 80 de la pasada década en un Durham, una pequeña ciudad industrial del norte de Inglaterra. En esa época, el pueblo y el condado estaban sumergidos en una contundente huelga de mineros que, día tras día, se saldaba con manifestaciones, piquetes, etc.

En una de las casas de Durham vive el pequeño Billy Elliot (interpretado por Jamie Bell), Tony, su hermano mayor, su padre Jackie y su abuela. Jackie y Tony trabajan en la mina mientras Billy, además de ir al colegio, se encarga de cuidar a su abuela y de llevar la casa.

Un día, después de una reyerta con la policía, Jackie decide apuntar a Billy a clases de boxeo, un deporte de lo más “varonil”. Con lo que no cuenta Jackie es que en el mismo gimnasio, la profesora Wilkinson está dando clases de ballet a un grupo de niñas, y nuestro pequeño protagonista se siente rápidamente atraído por el movimiento y la música.

Al final, como es obvio, y escondiéndolo en casa, Billy toma clases de ballet destacando por encima del resto. Es tanto el interés y la vocación de Billy por el ballet, que la señora Wilkinson decide entrenarle para un prestigioso Royal Ballet School de Londres, aunque pronto tendrá que hacer frente a un Jackie que no acepta de buen grado que su hijo haya dejado el boxeo para dedicarse a una disciplina tan poco masculina.

El esfuerzo y la sensibilidad enfrentados en una lucha desigual contra la confrontación y los puñetazos en una pequeña localidad anclada en el machismo de un pasado aún demasiado reciente. Aunque ¿conseguirá Billy llegar a su meta?, o por el contrario, ¿acabará descendiendo a las profundidades del pozo de la vida con su padre y su hermano?

Lo más remarcable de “Billy Elliot (Quiero bailar)”, es sin lugar a dudas, la interpretación de Jamie Bell, un chaval que él solito da cuerpo y brillantez a toda la película, implicando a los espectadores y haciéndonos vibrar en cada paso de baile. Para nosotros resulta inimaginable pensar en un “Billy Elliot” sin un Jamie Bell llenando la pantalla en el mejor papel de su carrera.

Por otro lado, también es muy remarcable el guión de la película, narrando a buen ritmo la lucha constante de Billy contra su familia y la sociedad por conseguir su ilusión: ser bailarín, usando frases tan duras como: "¡no todos son maricas, también hay atletas fuertes!" o “No dejes de ser tu mismo, siempre te querré”.

Aunque la hayamos visto ya varias veces, “Billy Elliot (Quiero bailar)” no deja de emocionarnos, de hacernos pensar en el valor de ser nosotros mismos y luchar por conseguir nuestros objetivos, y, solo por eso, nuestra nota final es de un 8.5 sobre 10.



Título original: “Billy Elliot” – Reino Unido – 2000
Duración: 111 minutos
Dirigida por: Stephen Daldry
Género: Drama, Danza
lunes, 2 de marzo de 2015

Los 101 dálmatas


Los 101 dálmatas - Cartel
En estos tiempos de secuelas, precuelas y remakes, hablar de un clásico es una tarea un tanto compleja ya que, en algunas ocasiones, puede llegar a darse cierta confusión. Este es, en parte, el caso de la película que abordamos en esta entrada, “Los 101 dálmatas”, en la que a uno involuntariamente le viene a la cabeza la imagen de Glenn Close con media cabeza blanca y media negra, rodeada de dálmatas.

Pues no, no es nuestra intención hablaros de la película de Glenn Close, sino de la original. Nuestra crítica de esta entrada está dedicada a la versión de “Los 101 dálmatas” realizada en 1961 por Disney.

La historia nos desplaza al centro de un Londres ya un poco lejano en el tiempo, cuando los coches aún no invadían totalmente las calles. Allí, nos encontramos con Pongo, el protagonista de la historia, un magnífico ejemplar de dálmata que vive con su dueño Roger, un atribulado compositor de música.

Como Pongo tiene otro objetivo vital que su dueño, aprovecha uno de sus paseos para cruzar sus caminos con Perdita, una bella ejemplar de su misma raza. Poco a poco, Pongo y Perdita van estrechando sus lazos, al igual que sus dueños, Roger y Anita. Al final, y tratándose de una película de Disney, las dos parejas se casan, formando los cinco (Roger-Anita, Pongo-Perdita y el ama de llaves), una curiosa familia.

Todo va tan viento en popa y a toda vela que pronto, nuestro cuadrúpedos protagonistas tienen una preciosa descendencia de 15 cachorros que además de a sus dueños y respectivos padres, hacen las delicias de todos, incluida la malvada Cruella de Vil (amiga de Anita).

Un día, los quince cachorros desaparecen de casa sin dejar rastro generando un gran revuelo, tanto entre sus dueños, como más adelante entre todos los perros de Londres. Aunque, como ya os podéis imaginar, poco más os vamos a contar ya que, aunque se trate de un clásico, lo mejor siempre es ver la película para saber su final.

Técnicamente “Los 101 dálmatas” fue una cinta revolucionaria en su época ya que supuso el espaldarazo definitivo a las primitivas formas de animación, basadas en la repetición y coloreado a mano de cintos de imágenes para cada segundo de animación. Con esta cinta llegó la primera ayuda mecánica, una técnica de fotocopiado en papel transparente que, sin lugar a dudas, abrió un nuevo camino en el mundo de la animación, aunque ahora veamos “Los 101 dálmatas” como una cinta tosca, carente de detalles y hasta cierto punto fría en cuanto a imagen se refiere.

En cuanto al sonido, comentar que esta cinta tiene doblaje en ‘español internacional’, o lo que es lo mismo, en mejicano, algo que para muchos puede ser sorprendente o incluso molesto, ya que no estamos acostumbrados a ello en el cine actual, pero que en 1961 y posteriores era de lo más habitual.

Con todo, y teniendo en cuenta que la historia es más que conocida por todos, le valoramos el efecto técnico innovador para la época, pero no os vamos a negar que estamos acostumbrados a bastante más, por tanto, nuestra nota final es de un 5 sobre 10.




Título original: “One hundred and one Dalmatians”  - USA – 1961
Dirigida por: Wolfgang Reitherman, Clyde Geronimi
Duración: 79 minutos
Género: Animación