lunes, 14 de noviembre de 2016

Deadpool


Cartel de Deadpool
Hace ya bastantes años, cuando uno pensaba en superhéroes llegaba a plantearse la pregunta de “¿soy de Superman o de Spiderman?”, es decir, una de esas preguntas tan míticas como aquella sobre el Cola-Cao® o Nesquik®. No obstante, con un 2016 prácticamente superado y en un mundo en plena evolución, esta pregunta se ha quedado algo "viejuna".

Desde comienzos del presente siglo, y coincidiendo con el resurgimiento de Marvel en las salas de cine, han visto la luz a gran escala decenas de superhéroes a los que antes únicamente conocían los admiradores de los comics de la compañía. En este 2016, y tras varias decenas de películas, los cines de todo el mundo recibieron a todo un ‘desconocido’ que ha conseguido independizarse de su papel de secundario en la saga “X-MEN” llamado Deadpool.

Cuando esta película llegó a nuestras pantallas no nos llamó mucho la atención, por lo que optamos por dejarla en el cajón de futuribles aunque, con el tiempo, y tras informarnos un poco más sobre este descarado personaje, optamos por darle una oportunidad desde la comodidad de nuestro sofá.

Si os somos sinceros, no sabemos muy bien la razón por la que nos acabamos decidiendo a verla, aunque puede que tanto el buen sabor de boca que nos dejó "Hancock" (otro de los superhéroes descarados, lenguaraces y atípicos), como lo bien que nos cae su actor protagonista, Ryan Reynolds, tuviesen algo que ver. Sea por lo que sea, nos acomodamos en el sofá y le dimos al “play”.

La historia empieza presentándonos a Wade Wilson (Ryan Reynolds) un antiguo agente de la fuerzas especiales de los EE.UU. que dedica su vida a ser un “matón a sueldo” ayudando a gente que, de no ser por él, estaría indefensa. Un día, Wade recibe la mala noticia de que su vida está en peligro a causa de una grave enfermedad.

Como la afección de Wilson no tiene solución posible mediante la medicina convencional, decide someterse a un arriesgado experimento, el “Arma X”. Dicho experimento resulta ser una compleja modificación genética que consigue su objetivo, parar la enfermedad mortal de Wilson, aunque provocándole a cambio un par de efectos secundarios de lo más curiosos. Así, el primero consiste en la regeneración automática de toda agresión que sufre en su cuerpo, siendo el segundo de ellos la deformación total de su cuerpo y su rostro.


Preso de grandes deseos de venganza, Wade Wilson decide aprovechar para su beneficio su drama personal, aunque incrementando su ironía sea cual sea la situación que viva o el riesgo que esté sorteando.

A nivel argumental, la película es más bien intrascendente aportando entre poco y nada al actual cine de superhéroes (o, en este caso, antihéroes). Así, consideramos que “Deadpool” es una cinta pensada para el lucimiento físico e interpretativo de Ryan Reynolds, quien es el dueño y señor de todas las escenas tanto por el nivel de acción de las mismas, como por su socarrón y vulgar vocabulario.

Interpretativamente, podemos aseguraros que Ryan Reynolds está más que bien, haciendo suyo el personaje y llevándolo un poco por donde él quiere. No obstante, el nivel de presencia de Deadpool deja en un tercer o cuarto plano al resto de los personajes, dado que quedan tan difuminados por el protagonista que casi podemos considerarlos como simple attrezzo de la película.

Llegados a este punto, la mayoría os preguntaréis por nuestra valoración final, y no es de extrañar con tanta cal y tanta arena que le hemos dado. La verdad es que, dentro de su género simplemente la aprobamos (le damos un 5 sobre 10) porque realmente, con tanta acción y tanto sarcasmo, no llegó a aburrirnos en ningún momento, aunque sin llegar a ser en ningún momento una cinta de nuestro gusto.

Verla o no, depende de vosotros.



Título original: “Deadpool” – USA – 2016
Dirigida por: Tim Miller
Duración: 106 minutos
Género: Acción, Fantástico, Comedia

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