Se ha repetido muchas veces, aunque una parte de la sociedad todavía se resista a comprenderlo: el amor es libre y no entiende de sexo, edad ni nacionalidad. El amor es, y siempre será, amor. Esta premisa vertebra "Tierra de Dios", una película que se inscribe con firmeza dentro del cine LGTBI por su mirada honesta y comprometida sobre la diversidad afectiva.
En la actualidad, las noticias sobre agresiones homófobas y delitos de odio forman parte del día a día. Suelen situarse en grandes ciudades, donde la diversidad convive con el anonimato. Sin embargo, "Tierra de Dios" plantea una pregunta tan incómoda como necesaria: ¿qué ocurre cuando estas historias se desarrollan en entornos rurales o comunidades pequeñas? La respuesta es clara: ocurre lo mismo, pero se oculta, se silencia y se normaliza.
La película traslada el conflicto a un espacio donde todos se conocen, donde las miradas juzgan y donde la libertad individual choca con tradiciones rígidas. Desde esta perspectiva, "Tierra de Dios expone cómo la intolerancia puede ser aún más opresiva cuando no existe un lugar al que huir, convirtiéndose en un relato profundamente humano y dolorosamente actual dentro del panorama del cine LGTBI.
En un contexto cinematográfico dominado por superproducciones, franquicias y cine comercial, resulta cada vez más difícil que películas como esta encuentren su espacio. Sin embargo, "Tierra de Dios" demuestra que el cine sigue siendo una herramienta poderosa para visibilizar realidades LGTBI, cuestionar prejuicios y contar historias que importan. Una película necesaria que merecía mucha más atención y recorrido.
La trama de "Tierra de Dios” nos desplaza en plena campiña de Yorkshire (al norte de Inglaterra), allí en medio de prados de pasto nos encontramos una granja familiar dedicada a la cría de ganado (corderos y vacas). En la granja viven Johnny (a quien da vida Josh O’Connor), su padre Martín, invalidado por un accidente cerebral, y Deirdre, la abuela ya muy entrada en años. Sobre las espaldas de Johnny recae toda la responsabilidad de la casa y del negocio.
Como Johnny está completamente desbordado, la familia contrata temporalmente un trabajador rumano Gheorghe (interpretado por Alec Secareanu) para que ayude a Johnny en las tareas de la granja. Poco a poco, vamos descubriendo más cosas Johnny, un joven cansado y asqueado de su vida quien en su tiempo libre se dedica a beber hasta emborracharse y a tener sexo esporádico con otros chicos.
Al poco de llegar a la granja, Gheorghe y Johnny tienen que irse de pastoreo en las montañas, allí, alejados de la civilización y de la gente, ambos hombres se mostraran tal cual son, el uno un hombre de mundo, capaz tanto de montar un muro como de ayudar a parir y el otro, un ser violento y arisco, aunque con el paso de los días, Johnny aprenderá a colaborar y a trabajar en compañía y ambos descubrirán que les une algo más, su gusto sexual por los hombres, aunque en eso también será Johnny quien aprenda más.
Poco a poco, la violencia se va aparcando y va dejando aparecer gotas del auténtico Johnny quien va aprendiendo a compartir, tanto en la vida como en el sexo, apreciando todo lo que le rodea en cada momento.
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| Johnny y Gheorge aprendiendo a compartir |
A la vuelta a la granja ya nada es igual, Johnny ha cambiado, ha dejado a un lado sus borracheras, colabora en las tareas de casa y continúa viéndose con Gheorghe, hasta que un día su padre tiene un nuevo derrame dejándole la responsabilidad de la granja entera para él.
Una noche, después de que Johnny le propusiera a Gheorghe quedarse en la granja, el primero se emborracha y acaba teniendo sexo con un chico del bar, provocando la cólera de Gheorghe quien muy enfadado se marcha y abandona la familia.
Sólo y totalmente desbordado por el trabajo en la granja (dirección, mantenimiento, cuidado de su padre, del ganado, etc.) a Johnny sólo le queda un recurso, encontrar a Gheorghe pedirle perdón y hacer que vuelva, aunque, ¿Podrá? Nosotros sabemos la respuesta, pero como ya os podéis imaginar, nos la guardaremos.
Lo primero que nos sorprende de “Tierra de Dios” es que se trata de una película tremendamente intimista, donde la historia de amor y de trabajo que une a Johnny y Gheorghe en la campiña inglesa es contada con suma sensibilidad, aunque tenga que contarnos una secuencia de fracasos o derrotas personales. "Tierra de Dios" son casi dos horas gritos dentro de la calma, de placeres encontrados, de dureza, de honestidad.
Técnicamente, en “Tierra de Dios” estamos ante una cinta realmente sencilla, donde los efectos especiales no tienen cabida, donde lo que realmente importa son los sentimientos y los problemas diarios de sus protagonistas. No os vamos a engañar, se respira cierto paralelismo con “Brokeback Mountain” aunque muy pronto se observan las grandes diferencias entre ellas.
Desde el punto de vista interpretativo, nos gustaría remarcar el gran trabajo de sus protagonistas principales, Josh O’Connor y Alec Secareanu, para nosotros dos auténticos desconocidos que nos han encantado, por su naturalidad, su química y sobre todo por dar cuerpo a unos bien dibujados personajes (no es fácil mostrar el crecimiento personal, y O’Connor lo borda).
Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Tierra de Dios” es de un 7 sobre 10.
“God’s Own Country” – 2017 – Reino Unido
Dirigida por: Francis Lee
Duración: 104 minutos
Género: Drama, Romance, LGTBI









