lunes, 28 de septiembre de 2026

La bola negra (2026): los silencios que heredamos

Poster de La bola negra (2026)

No somos especialmente fans de Los Javis. Y, para qué vamos a engañarnos, tanta bola alrededor de La bola negra también nos daba un poco de miedo. Cuando una película parece convertirse en “la película que tienes que ver”, uno corre el riesgo de entrar en la sala más pendiente del fenómeno que de lo que tiene delante.

Pero salimos de allí llorando. Y, unas horas después, seguimos pensando en ella. Porque La bola negra no se queda en una historia sobre el pasado, sobre la represión o sobre unos cuantos maricones que tuvieron que esconder quiénes eran. Habla de todo lo que se nos ha metido dentro durante generaciones: el miedo, el silencio, la vergüenza y esa necesidad de esconder aquello que se sale de “la normalidad” para sobrevivir.

Y también habla del presente. De lo fácil que es pensar que aquello ya pasó y que nunca volverá. Pero quizá los derechos no desaparecen de golpe. Quizá basta con empezar a cuestionarlos, a señalar al diferente, a convertirnos otra vez en un problema. Por eso hay que seguir removiendo la tierra. Porque cuando aramos esos campos aparecen nombres, historias, vidas y amores que alguien quiso enterrar. Y La bola negra consigue que, por un momento, no podamos mirar hacia otro lado.

Sinopsis de La bola Negra.

La bola negra nos lleva hasta 1932, 1937 y 2017 para contarnos las historias de tres hombres separados por décadas, pero unidos por el deseo, el dolor, la sexualidad y una herencia que atraviesa generaciones.

En 1932, un joven se enfrenta a una sociedad que pretende decidir cómo debe ser su vida y a quién puede amar. En 1937, en plena Guerra Civil, un soldado y un hombre al que debe vigilar se encuentran unidos por una relación que no debería existir. Y en 2017, un joven historiador se verá obligado a mirar hacia un pasado que creía lejano mientras intenta reconstruir una historia que todavía tiene mucho que contar.

Tres historias que transcurren en épocas muy diferentes, pero que acabarán demostrando que hay heridas que no desaparecen con el paso del tiempo y que algunas historias de amor se niegan a quedar enterradas.

Crítica de La bola Negra.

Hay películas que cuentan una historia y hay películas que, cuando terminan, te obligan a seguir completándola en tu cabeza. La bola negra pertenece claramente a las segundas. Sus tres historias, separadas por décadas y circunstancias muy diferentes, tienen algo en común: hombres intentando vivir, amar y ser ellos mismos en sociedades que les han dejado muy claro que eso tiene un precio.

Porque la represión no consiste solamente en perseguir o castigar. También consiste en conseguir que alguien tenga miedo de ser quien es. En enseñarle qué puede decir, qué puede hacer, a quién puede querer y, sobre todo, qué debe esconder. Y eso es algo que La bola negra entiende muy bien. Tres épocas distintas, pero heridas que pasan de una generación a otra. Porque nosotros también hemos heredado sus silencios.

Y ahí aparece una de las grandes ideas de la película: la memoria. Durante demasiado tiempo se enterraron cuerpos, pero también deseos, relaciones, recuerdos y vidas que no encajaban en aquello que otros decidieron que era “normal”. Por eso hay que seguir removiendo la tierra. Porque cuando aramos esos campos pueden aparecer nombres, historias, vidas y amores que alguien quiso hacer desaparecer.

Y quizá lo más incómodo es que La bola negra no nos permite mirar todo aquello como algo exclusivamente del pasado. Es muy fácil pensar que nosotros ya hemos dejado atrás ese mundo, pero los derechos que hoy damos por conquistados no aparecieron solos. Y tampoco tenemos garantizado que todo avance siempre en línea recta. No hace falta que vuelva exactamente el mismo mundo. Basta con que vuelvan algunas de sus ideas.

Por eso hemos salido del cine emocionados, sí, pero también un poco removidos. Porque La bola negra habla de quienes estuvieron antes que nosotros, pero también nos recuerda algo muy sencillo: mientras sigamos contando sus historias, será mucho más difícil volver a enterrarlas.

Personajes e interpretaciones

Si hay una pareja de personajes que nos ha dejado huella, esos son Sebastián (Guitarricadelafuente) y Rafael (Miguel Bernardeau). Su historia, situada en 1937, en plena Guerra Civil, es probablemente una de las partes más emocionantes de La bola negra: dos hombres que se encuentran en mitad de la guerra y que intentan vivir lo que sienten en un momento en el que hacerlo puede tener consecuencias.


Sebastián y Rafael en La bola negra (2026)
Sebastián y Rafael, protagonistas de la historia de 1937 en La bola negra

Guitarricadelafuente debuta en el cine con un personaje que exige mucho más que presencia. Sebastián es un hombre atrapado entre la guerra, sus convicciones y aquello que siente por Rafael, y el actor consigue transmitir muchísimo desde la contención. Bernardeau, como Rafael Rodríguez Rapún, aporta una enorme sensibilidad a un personaje que carga además con la conexión con Lorca y con una historia real detrás. Y juntos funcionan especialmente bien.

Carlos (Milo Quifes) protagoniza la historia de 1932, directamente relacionada con la obra inacabada de Lorca, mientras que Alberto (Carlos González) nos lleva hasta 2017 y se convierte en el hilo que permite que todas esas historias terminen encontrándose.

¿Y Lorca? Pues precisamente eso: una presencia fundamental, pero no el protagonista. La bola negra utiliza su obra, su figura y su memoria para construir algo mucho más grande que un biopic. Y creo que ahí está uno de sus grandes aciertos.

¿Merece la pena ver La bola negra?

Sí. Y quizá lo más curioso es que no esperábamos decirlo con tanta rotundidad.

Después de entrar en el cine con cierto recelo, salimos emocionados y con la película todavía dando vueltas en la cabeza. Y eso, al final, es lo que más valoramos de una película: que no termine cuando aparecen los créditos.

La bola negra habla de represión, de memoria, de amor y de miedo, pero también nos recuerda que algunas conquistas que hoy damos por normales costaron muchísimo. Y lo hace sin quedarse atrapada en el pasado: consigue que miremos hacia atrás y, al mismo tiempo, hacia nuestro presente.

Puede que no sea una película para todo el mundo y que haya momentos que funcionen mejor que otros, pero si entráis en la sala dispuestos a dejaros llevar, es difícil salir indiferentes.

Nosotros, desde luego, no lo hicimos.

Nota final: 9 /10



Ficha técnica de La bola negra


Título original: La bola negra

Año: 2026

Director: Javier Calvo, Javier Ambrossi

Duración: 158 minutos

Género: Drama, Romántica, LGTBI



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