martes, 27 de octubre de 2026

Mentiras: la serie (2025): un musical lleno de mentiras

Cartel de Mentiras: la serie (2025)

Mentir es bastante fácil. Lo complicado es mantener la mentira, recordar a quién le has contado qué y evitar que todo termine explotando en el peor momento posible. Mentiras: la serie juega precisamente con ese terreno tan resbaladizo en el que se mezclan los secretos, las relaciones sentimentales y las verdades a medias. Porque las mentiras pueden servir para esconder lo que no queremos que los demás sepan, pero también para protegernos, manipular o intentar mantener una vida que hace tiempo que se nos ha ido de las manos. El problema llega cuando alguien empieza a tirar del hilo.

Y es que en las relaciones humanas la verdad tiene la fea costumbre de aparecer cuando menos conviene. A veces basta una pequeña contradicción para que empiecen las sospechas; otras, hace falta que se acumulen los secretos hasta que ya no hay manera de sostener la farsa. Entonces llegan los reproches, los dramas y ese inevitable “¿cómo has podido hacerme esto?”. Porque, puestos a mentir, cada cual tiene sus motivos, pero cuando las piezas empiezan a encajar, las explicaciones suelen resultar bastante menos convincentes que las propias mentiras.

Sinopsis de Mentiras: La serie

Tras la muerte de Emmanuel Mijares, cuatro mujeres (Daniela, Dulce, Yuri y Lupita) se reúnen en una misteriosa mansión y descubren que todas mantuvieron una relación con el mismo hombre. Entre reproches, secretos y versiones muy distintas de lo sucedido, las protagonistas intentarán reconstruir el pasado y descubrir hasta dónde llegan las mentiras de Emmanuel.

Con canciones míticas, estética ochentera y mucho melodrama, esta serie mexicana convierte un enredo sentimental en un musical lleno de humor, sorpresas y situaciones de lo más disparatadas.

Crítica de Mentiras: La serie

Hay dramas que se sufren y otros que se cantan a pleno pulmón. Mentiras: la serie pertenece, sin ninguna duda, al segundo grupo. Esta producción mexicana convierte los desengaños amorosos, los secretos y las mentiras en un espectáculo musical divertidísimo, con canciones míticas de los 80 y un sentido del humor que le sienta de maravilla.

Su gran acierto es ese tono de teleserie latinoamericana en el que todo parece estar a punto de convertirse en una tragedia monumental. Las emociones se viven a lo grande, los conflictos se llevan al límite y siempre hay espacio para la exageración y la carcajada. Las canciones son buena parte de la fiesta y, además de despertar la nostalgia, encajan perfectamente en este particular universo de corazones rotos y verdades a medias.


Daniela, Dulce, Yuri y Lupita, protagonistas de Mentiras: la serie
Daniela, Dulce, Yuri y Lupita, las protagonistas de Mentiras: la serie.

Eso sí, el montaje tan teatral puede descolocar al principio. Hay que acostumbrarse a sus gestos exagerados, sus cambios de tono y esa forma tan particular de convertir cada situación en un espectáculo. Cuesta un poco entrar en el juego, pero cuando entiendes sus reglas, esa teatralidad termina dándole personalidad y sentido a la propuesta.

Mentiras: la serie no pretende reinventar nada. Lo suyo es jugar con el melodrama, reírse de sus propios excesos y convertir las canciones en parte de la diversión. Puede costar un poco entrar en su montaje teatral, pero cuando aceptas sus reglas, la propuesta gana muchos puntos. Y es que algunas mentiras se descubren hablando… y otras, por lo visto, se descubren cantando.

Personajes e interpretaciones

El reparto cumple, pero donde realmente funciona la serie es en la química entre los personajes. Sus enfrentamientos, complicidades y reproches dan vida a este enredo sentimental y encajan perfectamente con el tono exagerado de culebrón. Sin grandes interpretaciones que destaquen especialmente, el conjunto tiene suficiente chispa para que acabemos entrando en su particular locura.

¿Merece la pena ver Mentiras: La serie?

Sí, si te apetece un musical sin complejos, con canciones ochenteras, humor y dramas sentimentales llevados al extremo. No todo funciona igual de bien y hay que acostumbrarse a su puesta en escena, pero cuando entras en el juego, resulta bastante disfrutable. No es una serie redonda, pero sabe cómo hacerte pasar un buen rato.

Nota final: 6/10



Ficha técnica de Mentiras: La serie



Título original: “Mentiras: La serie”

Año de estreno: 2025

País: México

Temporadas: 1

Episodios: 8

Género: comedia,drama, musical



lunes, 19 de octubre de 2026

La tormenta (2026): cuando las apariencias saltan por los aires

Póster de la película sueca La tormenta (2026)

Hay películas que empiezan con una tormenta y otras en las que la verdadera tempestad se desata dentro de la casa en la que te has refugiado mientras fuera arrecia la tormenta. La película sueca La tormenta juega precisamente con esa idea: encerrar a un grupo de personas y dejar que, cuando todo se descontrola, las apariencias empiecen a resquebrajarse y salgan a relucir esas miserias que normalmente intentamos mantener bien escondidas.

La propuesta tiene su gracia y hasta resulta bastante más interesante de lo que podría parecer a primera vista. El problema llega cuando el humor se pasa de frenada, los gags empiezan a rozar lo absurdo y uno se pregunta si está viendo una comedia negra o un número de Los payasos de la tele. Y eso que, entre tanto desvarío, la película tiene algunas ideas que merece la pena rescatar.

Sinopsis de La tormenta

Filip quiere celebrar su 45 cumpleaños por todo lo alto e invita a sus antiguos compañeros de universidad a una lujosa finca en el norte de Suecia. Todo apunta a una reunión de esas en las que abundan las sonrisas, las conversaciones agradables y las vidas aparentemente perfectas. Pero una intensa tormenta de nieve los deja aislados y los planes empiezan a torcerse.

Sin posibilidad de salir de allí, lo que parecía una celebración entre viejos amigos se convierte poco a poco en un campo de minas. Las viejas rencillas reaparecen, las conversaciones se envenenan y las buenas maneras empiezan a saltar por los aires. Porque mantener las apariencias cuando todo va bien es muy fácil; lo complicado es seguir fingiendo cuando el caos llama a la puerta y ya no hay escapatoria.

Crítica de La tormenta

Uno de los mayores aciertos de La tormenta es la forma en que utiliza las distintas fases de la tormenta para acompañar lo que sucede dentro de la casa. No es un simple recurso para justificar que los personajes estén encerrados: la meteorología marca también el progresivo deterioro de la convivencia. Mientras el temporal arrecia fuera, dentro empiezan a saltar por los aires las buenas maneras, las relaciones y, sobre todo, las apariencias que cada uno se esfuerza por mantener.

Y aquí es donde la película nos parece más interesante. Porque detrás de esas sonrisas y esas vidas aparentemente perfectas se esconden rencores, inseguridades y miserias que el caos termina sacando a la luz. Cuando desaparece la posibilidad de controlar lo que los demás ven de nosotros, mantener el tipo se convierte en una misión casi imposible. Esa mirada a las convenciones sociales y a lo poco que hace falta para que se nos caiga la careta nos parece uno de los grandes aciertos de la propuesta.

El problema es que la película no siempre sabe cómo desarrollar esas ideas. La comedia negra deja paso, en demasiados momentos, a situaciones tan absurdas y exageradas que cuesta tomárselas en serio. Hay gags que parecen sacados de Los payasos de la tele, y no precisamente porque uno esté dispuesto a reírse de cualquier cosa. El disparate acaba comiéndose parte de la tensión y desdibuja esa crítica a las miserias humanas que tan bien parecía encaminarse.

Y cuando llega el desenlace, todo termina casi de un disparo. La película cierra la historia con tanta precipitación que apenas deja tiempo para asimilar lo ocurrido. Aunque, siendo sinceros, después de algunos de los desvaríos que hemos tenido que soportar, tampoco es que uno necesite que la fiesta se prolongue demasiado.


Parte del grupo de amigos de la película sueca La tormenta (2026)
Parte del grupo de amigos de La tormenta (2026).

Al final, La tormenta deja la sensación de haber tenido entre manos una propuesta con mucho más potencial del que finalmente demuestra. Su lectura sobre las apariencias y el comportamiento humano funciona, y la relación entre el temporal exterior y el caos interior está muy bien planteada. Lástima que el exceso de absurdo y las prisas por cerrar la historia terminen restándole fuerza. Porque, a veces, para desmontar nuestras miserias no hace falta montar semejante circo.

Personajes e interpretaciones

Gustaf Skarsgård se mete en la piel de Filip, el anfitrión de una celebración que termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla. El actor sabe desenvolverse en ese progresivo descontrol, mientras su personaje intenta mantener las riendas de una situación que cada vez se le escapa más de las manos.

Aliette Opheim, como Caroline, la mujer de Filip, y Filip Berg, en el papel de Ossi, forman parte de un reparto coral en el que los personajes van perdiendo poco a poco la compostura. Junto a ellos, Josephine Bornebusch, también directora y guionista de la película, y el resto del elenco contribuyen a sacar a la superficie las tensiones y miserias que se esconden detrás de tanta apariencia.

El conjunto funciona especialmente bien cuando los personajes dejan de fingir y muestran su verdadera cara. El problema es que, en ocasiones, el exceso de caricatura y las situaciones disparatadas terminan devorando el trabajo de los intérpretes. Porque una cosa es retratar las miserias humanas y otra convertirlas en un desfile de esperpentos.

¿Merece la pena ver La tormenta?

Depende de lo que busques. La tormenta parte de una idea interesante, sabe jugar con las apariencias y retrata con bastante mala leche cómo el caos puede sacar a relucir las miserias que todos intentamos esconder. El problema es que, por el camino, se pasa de frenada con un humor demasiado absurdo y termina resolviendo la historia con unas prisas que tampoco ayudan.

Si os gustan las comedias negras, los personajes que se van quitando la careta y las situaciones incómodas, podéis encontrar aquí motivos para darle una oportunidad. Eso sí, no esperéis una película redonda ni os sorprendáis si en algún momento os preguntáis qué demonios estáis viendo.

¿Nuestro consejo? Dadle una oportunidad, pero sin grandes expectativas. Hay buenas ideas bajo tanto desvarío, aunque no siempre consigan salir a flote.

Nota final:  5,5/10



Ficha técnica de La tormenta


Título original: Stormen

Año: 2026

Director: Josephine Bornebusch

Duración: 101 minutos

Género: Comedia, Drama



jueves, 15 de octubre de 2026

Her (2013): inteligencia artificial, amor y soledad

Cartel de Her (2013), película de ciencia ficción romántica de Spike Jonze sobre el amor y la inteligencia artificial

Vivimos hiperconectados, pero ¿estamos realmente más cerca unos de otros? Her (2013), la película de Spike Jonze sobre el amor y la inteligencia artificial, planteaba esta pregunta cuando todavía nos parecía una historia de ciencia ficción.

Hoy, entre WhatsApp, las redes sociales, los vídeos que devoramos a todas horas y las noticias que nos llegan antes de que nos dé tiempo a pestañear, llevamos el mundo entero en la palma de la mano. Cuando se estrenó en 2013, Her podía parecernos una historia futurista con una premisa bastante peculiar. Hoy, en plena era de la inteligencia artificial, la película de Spike Jonze ha ganado una dimensión diferente.

Seguro que os suena la escena: quedar con alguien y acabar los dos mirando el móvil, pendientes de conversaciones online mientras la conversación de carne y hueso se muere de aburrimiento. La tecnología es una herramienta fantástica, nos acerca a quienes tenemos lejos y nos permite conocer gente nueva, ligar e incluso enamorarnos. Pero, como casi todo en esta vida, también tiene su lado oscuro. Porque una cosa es estar conectados y otra muy distinta sentirnos acompañados.

Sinopsis de Her

Theodore Twombly (Joaquin Phoenix) es un hombre solitario que trabaja escribiendo cartas personales para otras personas, poniendo palabras a sentimientos que a veces ni siquiera sabe gestionar en su propia vida. En pleno proceso de divorcio, Theodore intenta rehacer su vida cuando instala un novedoso sistema operativo dotado de inteligencia artificial.

Así conoce a Samantha (Scarlett Johansson), una voz inteligente, divertida y sorprendentemente cercana con la que empieza compartiendo conversaciones y acaba desarrollando una conexión emocional cada vez más profunda. Lo que parece una relación imposible se convierte en una historia que cuestiona los límites del amor, la intimidad y la propia naturaleza de las relaciones humanas.

Dirigida por Spike Jonze, Her (2013) es mucho más que una historia de amor entre un hombre y una inteligencia artificial: es una reflexión sobre la soledad, la necesidad de sentirnos comprendidos y un futuro tecnológico que, visto desde hoy, ya no parece tan lejano.

Crítica de Her

Lo curioso de Her es que, cuando se estrenó en 2013, podía parecernos una historia futurista con una premisa bastante peculiar. Hoy, en plena era de la inteligencia artificial, la película de Spike Jonze ha ganado una dimensión diferente. Ya no se trata únicamente de imaginar qué pasaría si alguien se enamorase de un sistema operativo, sino de preguntarnos por qué necesitamos tanto sentirnos escuchados, comprendidos y acompañados.


Joaquin Phoenix como Theodore durante la instalación del sistema operativo Samantha en Her (2013), de Spike Jonze
Theodore (Joaquin Phoenix) inicia su relación con Samantha, una inteligencia artificial, en Her (2013).

Lo interesante de Her es que no presenta la inteligencia artificial como una amenaza, sino como una compañía capaz de cubrir algunas de nuestras necesidades emocionales. Samantha escucha a Theodore, conversa con él y parece comprenderlo cada vez mejor. Pero la película también plantea una pregunta incómoda: ¿nos enamoramos de alguien por quien es o por cómo nos hace sentir? Y, si al otro lado hay una inteligencia artificial, ¿hasta qué punto cambia la respuesta?

¿Tiene algún pero? Su ritmo pausado y su tono melancólico pueden hacer que a algunos espectadores les cueste entrar en la historia. No es una película que busque grandes giros ni respuestas fáciles, y precisamente por eso hay que dejarla reposar. Pero cuando una película consigue que sigas dándole vueltas a sus preguntas mucho después de terminar, algo habrá hecho bien.

Personajes e interpretaciones

Joaquin Phoenix está magnífico. Su Theodore transmite vulnerabilidad, ternura y una soledad que no necesita grandes discursos para hacerse evidente. Y Scarlett Johansson consigue dar personalidad, calidez y matices a Samantha únicamente con su voz. La relación entre ambos funciona porque Spike Jonze no se queda en la anécdota tecnológica: construye una historia íntima, con momentos tan tiernos como incómodos, que nos obliga a mirar más allá de lo evidente.

¿Merece la pena ver Her?

Sí, y más ahora que nunca. Her es una de esas películas que ganan fuerza con el paso del tiempo. Lo que en 2013 parecía una historia de ciencia ficción hoy nos invita a pensar en nuestra relación con la inteligencia artificial, pero también en algo mucho más antiguo: la necesidad de sentirnos queridos, escuchados y comprendidos.

Nota final: 8/10



Ficha técnica de Her



Título original: Her

Año: 2013

Director: Spike Jonze

Duración: 126 minutos

Género: Drama



miércoles, 7 de octubre de 2026

Ahora o nunca (2007): crítica de la película de Jack Nicholson y Morgan Freeman

Poster de Ahora o nunca (2007)

Hay cosas que todos sabemos, pero que preferimos no tener demasiado presentes. Que el tiempo pasa. Que no podemos recuperarlo. Y que, por mucho que intentemos mirar hacia otro lado, algún día se acaba. Ahora o nunca (2007) parte precisamente de esa incómoda certeza para plantear una pregunta bastante sencilla: ¿qué haríamos si supiéramos que nos queda poco tiempo?

Dirigida por Rob Reiner y protagonizada por Jack Nicholson y Morgan Freeman, la película nos presenta a dos hombres muy diferentes que coinciden en un hospital y descubren que tienen algo más en común de lo que pensaban: ambos están enfermos y el reloj corre en su contra. Así nace una lista de cosas que quieren hacer antes de morir, una excusa perfecta para viajar, vivir aventuras y, de paso, replantearse unas cuantas cosas sobre la vida.

Ahora o nunca es una película que habla de la muerte, pero intenta hacerlo desde la celebración de la vida, la amistad y esas experiencias que vamos dejando para “algún día”. Una propuesta tan agradable como inevitablemente buenista, que en algunos momentos se pasa de azúcar, pero que también consigue algo bastante más difícil: que terminemos pensando qué cosas de nuestra propia lista seguimos dejando para mañana.

Sinopsis de Ahora o nunca

Edward Cole (Jack Nicholson) es un millonario acostumbrado a tenerlo todo bajo control. Carter Chambers (Morgan Freeman), en cambio, lleva una vida mucho más sencilla, dedicada a su familia y a su trabajo. Dos hombres que, aparentemente, no tienen demasiado en común terminan compartiendo habitación en un hospital después de descubrir que ambos padecen una enfermedad terminal.

Ante la certeza de que el tiempo se les acaba, deciden recuperar una antigua idea de Carter y elaborar una lista de cosas que quieren hacer antes de morir. Lo que comienza como una sucesión de aventuras, viajes y experiencias pendientes acabará convirtiéndose en algo mucho más importante: una oportunidad para conocerse, enfrentarse a sus propios miedos y descubrir qué es realmente aquello que hace que una vida haya merecido la pena.

Así, Ahora o nunca convierte una historia sobre la muerte en un viaje sobre la amistad, las oportunidades perdidas y esa eterna costumbre de pensar que siempre tendremos tiempo para hacer las cosas que de verdad importan.

Crítica de Ahora o nunca

Hay películas que intentan hablar de la muerte desde la tristeza y otras que prefieren mirar hacia el otro lado y decirnos: “Bueno, ya que estamos aquí, vamos a aprovechar el tiempo”. Ahora o nunca pertenece claramente al segundo grupo. Y lo hace sin demasiados complejos.

La propuesta de Rob Reiner es sencilla y funciona: dos hombres que apenas tienen nada en común descubren que el tiempo se les acaba y deciden hacer juntos todas esas cosas que siempre habían dejado para después. Viajes, aventuras, caprichos… La famosa lista de deseos sirve como motor para la historia, pero pronto descubrimos que lo verdaderamente importante no está en tachar objetivos, sino en lo que Edward y Carter encuentran por el camino.

Y ahí aparecen Jack Nicholson y Morgan Freeman, que son probablemente la mejor razón para que la película funcione tan bien. Nicholson disfruta de un personaje hecho a su medida, arrogante, mordaz y bastante insoportable cuando quiere, mientras Freeman aporta ese contrapunto sereno y humano que equilibra la función. Juntos tienen una química estupenda y consiguen que incluso los momentos más previsibles tengan encanto.

Porque sí, Ahora o nunca es bastante buenista. A veces incluso demasiado. La película subraya sus mensajes, coloca la música en el momento exacto y nos avisa prácticamente con un megáfono de cuándo tenemos que emocionarnos. Habla de perdonar, de amar, de cumplir sueños, de recuperar el tiempo perdido y de descubrir qué merece realmente la pena en la vida. Todo muy bonito. Quizá demasiado bonito.


Carter y Edward hablando en uno de sus viajes
Carter y Edward hablando en uno de sus viajes

Pero tampoco vamos a enfadarnos porque una película quiera hacernos sentir bien. Cuando funciona, funciona precisamente porque detrás de todo ese azúcar hay una idea bastante sencilla e incómoda: el problema no es que vayamos a morir, sino que vivimos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.

Y ahí la película deja de ser simplemente una historia sobre dos enfermos terminales haciendo turismo de lujo y se convierte en una invitación bastante directa a revisar nuestra propia lista. No necesariamente para tirarnos en paracaídas o viajar al otro lado del planeta, sino para preguntarnos qué estamos dejando para ese famoso “algún día” que quizá nunca llegue.

Puede que Ahora o nunca sea demasiado sentimental, demasiado complaciente y empeñada en darnos una lección. Pero también tiene algo que muchas películas más sofisticadas olvidan: quiere hablar de la vida y consigue que, al terminar, tengamos ganas de vivirla un poco más. Y oye, tampoco está nada mal.

Personajes e interpretaciones

Jack Nicholson es Edward Cole, un millonario arrogante, caprichoso y acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Nicholson se mueve como pez en el agua con este tipo de personaje y sabe darle ese punto de ironía y mala leche que consigue que Edward resulte mucho más simpático de lo que debería.

Morgan Freeman interpreta a Carter Chambers, el contrapunto perfecto: tranquilo, reflexivo, familiar y con una vida mucho más sencilla. Freeman aporta humanidad y serenidad a un personaje que podría haber caído fácilmente en el exceso de sentimentalismo.

Pero lo mejor está en la pareja que forman. Nicholson y Freeman tienen una química fantástica y consiguen que sus conversaciones, sus discusiones y hasta sus silencios sean probablemente lo mejor de la película. Dos actores enormes que entienden perfectamente que aquí no necesitan hacer demasiado para llenar la pantalla.

¿Merece la pena ver Ahora o nunca?

Sí. Ahora o nunca merece la pena, incluso aunque en algunos momentos nos quiera servir la vida con una sobredosis de azúcar y una banda sonora preparada para que saquemos el pañuelo.

No es una película especialmente sutil ni pretende serlo. Su mensaje está clarísimo desde el principio y, en ocasiones, lo repite tanto que dan ganas de decirle a Rob Reiner: “Sí, hombre, ya lo hemos entendido”. Pero debajo de todo ese buenismo hay una historia sencilla, entretenida y, sobre todo, muy humana.

Y luego están Jack Nicholson y Morgan Freeman, que son capaces de levantar cualquier escena y convertir una película que podría haberse quedado en un catálogo de tópicos sobre la vida y la muerte en una historia sobre la amistad que funciona de verdad.

Porque al final quizá ese sea el mayor acierto de Ahora o nunca: no nos descubre nada que no sepamos ya. Todos sabemos que el tiempo pasa, que algún día se acaba y que deberíamos aprovecharlo más. La película simplemente consigue que, durante un par de horas, volvamos a acordarnos de ello.

¿Nuestro consejo? Dale una oportunidad. Y después, revisa tu propia lista.

Nota final: 6.5/10



Ficha técnica de Ahora o nunca



Título original: The bucket list

Año: 2007

Director: Rob Reiner

Duración: 97 minutos

Género: Comedia, Drama



lunes, 28 de septiembre de 2026

La bola negra (2026): los silencios que heredamos

Poster de La bola negra (2026)

No somos especialmente fans de Los Javis. Y, para qué vamos a engañarnos, tanta bola alrededor de La bola negra también nos daba un poco de miedo. Cuando una película parece convertirse en “la película que tienes que ver”, uno corre el riesgo de entrar en la sala más pendiente del fenómeno que de lo que tiene delante.

Pero salimos de allí llorando. Y, unas horas después, seguimos pensando en ella. Porque La bola negra no se queda en una historia sobre el pasado, sobre la represión o sobre unos cuantos maricones que tuvieron que esconder quiénes eran. Habla de todo lo que se nos ha metido dentro durante generaciones: el miedo, el silencio, la vergüenza y esa necesidad de esconder aquello que se sale de “la normalidad” para sobrevivir.

Y también habla del presente. De lo fácil que es pensar que aquello ya pasó y que nunca volverá. Pero quizá los derechos no desaparecen de golpe. Quizá basta con empezar a cuestionarlos, a señalar al diferente, a convertirnos otra vez en un problema. Por eso hay que seguir removiendo la tierra. Porque cuando aramos esos campos aparecen nombres, historias, vidas y amores que alguien quiso enterrar. Y La bola negra consigue que, por un momento, no podamos mirar hacia otro lado.

Sinopsis de La bola Negra.

La bola negra nos lleva hasta 1932, 1937 y 2017 para contarnos las historias de tres hombres separados por décadas, pero unidos por el deseo, el dolor, la sexualidad y una herencia que atraviesa generaciones.

En 1932, un joven se enfrenta a una sociedad que pretende decidir cómo debe ser su vida y a quién puede amar. En 1937, en plena Guerra Civil, un soldado y un hombre al que debe vigilar se encuentran unidos por una relación que no debería existir. Y en 2017, un joven historiador se verá obligado a mirar hacia un pasado que creía lejano mientras intenta reconstruir una historia que todavía tiene mucho que contar.

Tres historias que transcurren en épocas muy diferentes, pero que acabarán demostrando que hay heridas que no desaparecen con el paso del tiempo y que algunas historias de amor se niegan a quedar enterradas.

Crítica de La bola Negra.

Hay películas que cuentan una historia y hay películas que, cuando terminan, te obligan a seguir completándola en tu cabeza. La bola negra pertenece claramente a las segundas. Sus tres historias, separadas por décadas y circunstancias muy diferentes, tienen algo en común: hombres intentando vivir, amar y ser ellos mismos en sociedades que les han dejado muy claro que eso tiene un precio.

Porque la represión no consiste solamente en perseguir o castigar. También consiste en conseguir que alguien tenga miedo de ser quien es. En enseñarle qué puede decir, qué puede hacer, a quién puede querer y, sobre todo, qué debe esconder. Y eso es algo que La bola negra entiende muy bien. Tres épocas distintas, pero heridas que pasan de una generación a otra. Porque nosotros también hemos heredado sus silencios.

Y ahí aparece una de las grandes ideas de la película: la memoria. Durante demasiado tiempo se enterraron cuerpos, pero también deseos, relaciones, recuerdos y vidas que no encajaban en aquello que otros decidieron que era “normal”. Por eso hay que seguir removiendo la tierra. Porque cuando aramos esos campos pueden aparecer nombres, historias, vidas y amores que alguien quiso hacer desaparecer.

Y quizá lo más incómodo es que La bola negra no nos permite mirar todo aquello como algo exclusivamente del pasado. Es muy fácil pensar que nosotros ya hemos dejado atrás ese mundo, pero los derechos que hoy damos por conquistados no aparecieron solos. Y tampoco tenemos garantizado que todo avance siempre en línea recta. No hace falta que vuelva exactamente el mismo mundo. Basta con que vuelvan algunas de sus ideas.

Por eso hemos salido del cine emocionados, sí, pero también un poco removidos. Porque La bola negra habla de quienes estuvieron antes que nosotros, pero también nos recuerda algo muy sencillo: mientras sigamos contando sus historias, será mucho más difícil volver a enterrarlas.

Personajes e interpretaciones

Si hay una pareja de personajes que nos ha dejado huella, esos son Sebastián (Guitarricadelafuente) y Rafael (Miguel Bernardeau). Su historia, situada en 1937, en plena Guerra Civil, es probablemente una de las partes más emocionantes de La bola negra: dos hombres que se encuentran en mitad de la guerra y que intentan vivir lo que sienten en un momento en el que hacerlo puede tener consecuencias.


Sebastián y Rafael en La bola negra (2026)
Sebastián y Rafael, protagonistas de la historia de 1937 en La bola negra

Guitarricadelafuente debuta en el cine con un personaje que exige mucho más que presencia. Sebastián es un hombre atrapado entre la guerra, sus convicciones y aquello que siente por Rafael, y el actor consigue transmitir muchísimo desde la contención. Bernardeau, como Rafael Rodríguez Rapún, aporta una enorme sensibilidad a un personaje que carga además con la conexión con Lorca y con una historia real detrás. Y juntos funcionan especialmente bien.

Carlos (Milo Quifes) protagoniza la historia de 1932, directamente relacionada con la obra inacabada de Lorca, mientras que Alberto (Carlos González) nos lleva hasta 2017 y se convierte en el hilo que permite que todas esas historias terminen encontrándose.

¿Y Lorca? Pues precisamente eso: una presencia fundamental, pero no el protagonista. La bola negra utiliza su obra, su figura y su memoria para construir algo mucho más grande que un biopic. Y creo que ahí está uno de sus grandes aciertos.

¿Merece la pena ver La bola negra?

Sí. Y quizá lo más curioso es que no esperábamos decirlo con tanta rotundidad.

Después de entrar en el cine con cierto recelo, salimos emocionados y con la película todavía dando vueltas en la cabeza. Y eso, al final, es lo que más valoramos de una película: que no termine cuando aparecen los créditos.

La bola negra habla de represión, de memoria, de amor y de miedo, pero también nos recuerda que algunas conquistas que hoy damos por normales costaron muchísimo. Y lo hace sin quedarse atrapada en el pasado: consigue que miremos hacia atrás y, al mismo tiempo, hacia nuestro presente.

Puede que no sea una película para todo el mundo y que haya momentos que funcionen mejor que otros, pero si entráis en la sala dispuestos a dejaros llevar, es difícil salir indiferentes.

Nosotros, desde luego, no lo hicimos.

Nota final: 9 /10



Ficha técnica de La bola negra


Título original: La bola negra

Año: 2026

Director: Javier Calvo, Javier Ambrossi

Duración: 158 minutos

Género: Drama, Romántica, LGTBI