sábado, 12 de septiembre de 2026

El maestro que prometió el mar (2023): cuando enseñar era un acto de rebeldía

El maestro que prometió el mar (2023), póster de la película

Hay películas que hablan de la Historia y otras que consiguen que la Historia nos mire directamente a los ojos. El maestro que prometió el mar pertenece a las segundas. Una de esas historias que empiezan hablando de un profesor y terminan recordándonos que educar, enseñar a pensar y tratar a los niños como personas también puede ser una forma de cambiar el mundo.

La película recupera la figura de Antoni Benaiges, un maestro que llegó a un pequeño pueblo de Burgos en los años treinta con unas ideas bastante revolucionarias para la época: enseñar de otra manera, dar voz a sus alumnos y demostrarles que el mundo era mucho más grande que aquello que podían ver desde su pueblo. Y sí, también les prometió el mar. El problema es que llegó una época en la que hasta soñar podía convertirse en un acto de rebeldía.

El maestro que prometió el mar es cine de memoria, pero también de presente. Porque mientras algunos siguen empeñados en pasar página sin haber leído siquiera el libro, películas como esta nos recuerdan que hay historias que no deberían enterrarse con quienes las vivieron. Y que quizá una de las mejores maneras de entender el pasado sea escuchar a quienes durante demasiado tiempo no pudieron contar su historia.

Sinopsis de El maestro que prometió el mar

En 1935, Antoni Benaiges llega como maestro a Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, con una manera de enseñar que poco tiene que ver con la escuela tradicional. Frente a una educación basada en la disciplina y la memorización, Benaiges apuesta por la libertad, la participación de sus alumnos y una enseñanza que les permita imaginar que hay un mundo mucho más grande ahí fuera.

Entre sus proyectos está uno que ilusiona especialmente a sus alumnos: viajar hasta Cataluña para conocer el mar, algo que ninguno de ellos ha visto jamás. Pero el estallido de la Guerra Civil truncará sus planes y convertirá aquel pequeño pueblo en escenario de una historia de represión, violencia y miedo. Una historia que, como tantas otras, acabará escondida bajo tierra, en las fosas donde quedaron los restos de quienes fueron asesinados durante aquellos años.

Décadas después, la nieta de uno de sus alumnos intenta reconstruir qué ocurrió realmente con Benaiges. La búsqueda de sus restos y la investigación sobre aquel maestro conectan el pasado con el presente y sirven para recuperar no solo su historia, sino también la de tantas personas que permanecieron durante décadas en el anonimato. Porque a veces desenterrar una fosa significa mucho más que encontrar unos restos: significa devolverles un nombre, una historia y, por fin, un lugar en la memoria.

Crítica de El maestro que prometió el mar

El maestro que prometió el mar es de esas películas que no necesitan levantar la voz para dejarte pensando. Y quizá ahí está una de sus mayores virtudes: cuenta una historia durísima desde la emoción, pero sin convertirla en un catálogo de desgracias. Porque detrás de Antoni Benaiges hay mucho más que un maestro represaliado: hay una forma de entender la educación, la libertad y la dignidad que resulta sorprendentemente actual.


Antoni Benaiges con sus alumnos en 1935
Antoni Benaiges y sus alumnos en 1935

La película funciona especialmente bien cuando se centra en Benaiges y en su relación con sus alumnos. Su manera de enseñar, basada en la curiosidad, la imaginación y la participación, contrasta brutalmente con el ambiente que se respiraba en la España de 1935. Y ese contraste hace que entendamos que aquello que hoy puede parecernos tan básico (que un niño pueda expresarse, preguntar o imaginar su futuro) en aquel momento podía resultar tremendamente revolucionario.

Pero El maestro que prometió el mar no se queda en el aula. La historia contemporánea, con la investigación de Ariadna para descubrir qué ocurrió con aquel maestro y localizar sus restos, sirve para recordarnos algo que sigue siendo incómodo: durante décadas hubo familias que no pudieron enterrar a los suyos, ni siquiera saber dónde estaban. Las fosas no son simplemente un elemento histórico de la película; son la representación física de una memoria que alguien decidió esconder y que otros llevan años intentando recuperar.

Y aquí la película pega donde tiene que pegar. Porque hablar de memoria histórica no debería ser abrir una guerra entre quienes quieren mirar al pasado y quienes prefieren olvidarlo. Es algo bastante más sencillo: saber quiénes fueron aquellas personas, qué les ocurrió y dónde están. No parece una petición especialmente radical. Bueno, salvo que pensemos que hasta los muertos tienen que seguir haciendo cola para que se reconozcan sus derechos.

A nivel cinematográfico, la película apuesta por la emoción y por un relato accesible, sin complicarse innecesariamente. En algunos momentos puede resultar demasiado evidente hacia dónde quiere llevarnos, pero cuesta reprochárselo cuando consigue que la historia de Benaiges traspase la pantalla y despierte interés por conocer qué ocurrió realmente.

Y ahí está su gran triunfo. Porque una película sobre memoria histórica puede hacer muchas cosas, pero si consigue que al terminar quieras saber más sobre sus protagonistas, sobre las fosas y sobre todas esas historias que quedaron silenciadas, ya ha conseguido algo importante. El maestro que prometió el mar no pretende cambiar la Historia. Pretende algo mucho más necesario: que no nos olvidemos de ella.

Personajes e interpretaciones

Enric Auquer se mete de lleno en la piel de Antoni Benaiges y consigue transmitir la cercanía, entusiasmo y humanidad de un maestro que entendía la educación de una manera muy diferente a la de su tiempo. Su interpretación evita convertirlo en un personaje perfecto y lo hace cercano, creíble y, sobre todo, fácil de querer.


Ariadna ante una de las fosas comunes de la Guerra Civil
Ariadna ante una de las fosas comunes de la Guerra Civil

Laia Costa, como Ariadna, carga con la parte más contenida y emocional de la historia. Su personaje funciona como puente entre el presente y ese pasado que se resiste a desaparecer, y la actriz consigue que su búsqueda resulte íntima sin caer en el dramatismo fácil.

Y luego están los alumnos de Benaiges, auténticos protagonistas de esa pequeña revolución educativa. Sus interpretaciones aportan naturalidad y ayudan a entender por qué aquel maestro dejó una huella tan profunda. Porque, al final, la mejor prueba de que un profesor ha hecho bien su trabajo no está en las notas: está en lo que sus alumnos recuerdan de él.

¿Merece la pena ver El maestro que prometió el mar?

El maestro que prometió el mar es una película que emociona, pero lo más importante es que consigue que esa emoción tenga un propósito. No se limita a contarnos la historia de Antoni Benaiges: nos recuerda que detrás de cada fosa hay personas, familias y vidas que quedaron interrumpidas. Y que recuperar sus nombres no es vivir anclados en el pasado, sino entenderlo para no volver a cometer los mismos errores.

Puede que en algunos momentos la película subraye demasiado sus intenciones y que el camino emocional sea bastante previsible, pero sinceramente, cuesta que eso termine importando demasiado. La historia tiene fuerza, las interpretaciones funcionan y el contraste entre la ilusión de aquellos niños y la oscuridad que se cierne sobre ellos consigue dejar huella.

¿Merece la pena? Sí, y bastante. Porque además de ser una película bien contada, consigue algo que no siempre logra el cine: despertar curiosidad. Después de verla dan ganas de investigar quién fue Benaiges, qué ocurrió con él y cuántas historias similares siguen esperando a ser recuperadas. Y si una película consigue que queramos mirar debajo de la tierra para encontrar nuestra memoria, quizá ya ha cumplido de sobra su cometido.

Nota final: 8 / 10.



Ficha técnica de El maestro que prometió el mar

Título original: El Mestre que va prometre el mar

Año: 2023

Director: Patricia Font

Duración: 105 minutos

Género: Drama



lunes, 7 de septiembre de 2026

Quince días (2026): una historia de amor, autoestima y gordofobia

Quince Días (2026) - Póster de la película

Hay edades en las que quince días pueden parecer una eternidad. Y si además tienes que pasar esas dos semanas con tu crush, la cosa puede convertirse en una película… o en una crisis existencial con piscina de fondo. Quince días habla de amor, pero también de algo bastante menos romántico: la gordofobia y todas esas inseguridades que aparecen cuando llevas demasiado tiempo escuchando que tu cuerpo no encaja.

Felipe ha aprendido a pensar que, antes de que alguien pueda enamorarse de él, tendría que cambiar unas cuantas cosas. Ya sabemos cómo funciona esto: adelgazar, gustar, encajar y, si queda tiempo, respirar. Pero entonces aparece Caio, el chico que lleva años idealizando, y de repente todas esas certezas empiezan a tambalearse.

Porque Quince días no pretende contarnos que hay que cambiar para encontrar el amor, sino justo lo contrario: que quizá el problema nunca estuvo en nuestro cuerpo, sino en todo lo que nos han enseñado a pensar sobre él. Y entre primeros amores, complejos, humor y bastante torpeza adolescente, la película nos recuerda que para que alguien pueda querernos quizá lo primero que tenemos que hacer es dejar de pensar que no somos dignos de ser queridos.

Sinopsis de Quince días

Felipe solo quiere disfrutar de las vacaciones y olvidarse durante un tiempo del instituto, de las burlas y de las inseguridades que arrastra desde hace años. Lo último que espera es que Caio, su antiguo vecino y el chico del que lleva tiempo enamorado en secreto, aparezca para pasar quince días en su casa. Un verano tranquilo que, de repente, promete ser bastante más complicado de lo previsto.

Al principio, tener a Caio tan cerca es casi una tortura para Felipe. Pero poco a poco empiezan a recuperar la amistad que tenían de pequeños, a compartir confidencias y a descubrir que quizá entre ellos hay algo más que recuerdos. Mientras tanto, Felipe tendrá que lidiar con sus propios complejos y con la idea de que alguien como Caio pueda fijarse realmente en él.

Entre primeros amores, situaciones incómodas, risas y algún que otro ataque de vergüenza adolescente, Quince días cuenta el verano en el que Felipe empieza a descubrir que no necesita cambiar su cuerpo para que alguien pueda enamorarse de él. Y que, a veces, lo más difícil no es conseguir que te quieran, sino aprender a creer que puedes ser querido tal y como eres.

Crítica de Quince días

Quince días sabe qué película quiere ser y no intenta aparentar más de lo que es. Es una historia adolescente de primeros amores, inseguridades y descubrimientos que transita por caminos bastante conocidos, pero lo hace con naturalidad, humor y ternura. Aquí no hay grandes tragedias: hay vacaciones, hormonas revolucionadas y un crush que aparece en casa durante quince días. Y ya sabemos que eso, a ciertas edades, puede ser más peligroso que cualquier apocalipsis.

Su mayor acierto está en cómo aborda la gordofobia a través de Felipe. Las burlas y los comentarios que ha recibido durante años han terminado convirtiéndose en su propia voz interior, hasta el punto de que le cuesta imaginar que alguien pueda sentirse atraído por él. Por eso su relación con Caio funciona como algo más que una historia de amor: es también el descubrimiento de que su cuerpo no es un obstáculo para ser querido, aunque él haya aprendido a verlo así. 


Felipe y Caio en la piscina en Quince Días (2026)
Felipe y Caio, superando sus barreras

La película funciona especialmente bien en esos pequeños momentos de complicidad, miradas, conversaciones y situaciones incómodas que acompañan al primer amor. Puede resultar previsible y, en algunos momentos, nos hubiera gustado que profundizara un poco más en determinados conflictos, pero tampoco pretende reinventar el género. Quince días apuesta por una historia sencilla y luminosa que deja una idea muy bonita: no hace falta cambiar para que alguien pueda enamorarse de ti; a veces lo difícil es creérselo uno mismo.

Personajes e interpretaciones

Felipe (Miguel Lallo) es el corazón de la película. Un adolescente divertido, sensible y lleno de inseguridades que lleva demasiado tiempo pensando que su cuerpo determina lo que puede o no puede conseguir. Lallo consigue que empaticemos con él, especialmente en esos momentos en los que intenta aparentar una seguridad que está muy lejos de sentir. Su evolución es sencilla, pero funciona: poco a poco deja de verse como alguien que tiene que mirar el amor desde fuera y empieza a permitirse ser protagonista.

Caio (Diego Lira) es el contrapunto perfecto y, sobre todo, funciona estupendamente junto a Felipe. La química entre ambos se siente natural, sin necesidad de forzar el romance: las miradas, las bromas, la complicidad y hasta los silencios incómodos hacen que resulte fácil creerse que entre ellos está surgiendo algo. Esa conexión es precisamente lo que hace que su historia funcione más allá del típico romance adolescente. Felipe y Caio tienen esa mezcla de nervios, curiosidad y confianza que hace que quieras verlos juntos, y la película sabe aprovecharla sin convertir su relación en algo excesivamente edulcorado. Junto a ellos, Rita (Débora Falabella) aporta el necesario contrapunto adulto y familiar.

¿Merece la pena ver Quince días?

Sí. Quince días es previsible, y probablemente sepamos por dónde van a ir los tiros bastante antes de que lleguen, pero eso no le quita encanto. Al contrario, la película sabe jugar sus cartas con un ritmo ágil, un tono cercano y una historia de amor que resulta fácil disfrutar. Además, nos ha gustado especialmente el enfoque de la gordofobia y la autoestima, sin convertirlo todo en un drama.

Y hasta su desenlace nos ha convencido. Puede que no estemos ante una película que busque sorprendernos constantemente, pero tampoco todas tienen que hacerlo. Quince días funciona porque cuenta una historia sencilla, la cuenta bien y consigue que terminemos con una sonrisa. Una película tierna, divertida y con un mensaje bonito que, sin inventar nada nuevo, sabe perfectamente lo que quiere contar.

Nota Final: 7 / 10



Ficha técnica de Quince días


Título original: Quinze dias

Año: 2026

Director: Daniel Lieff

Duración: 100 minutos

Género: Comedia, Drama Romántico, LGTBI



viernes, 4 de septiembre de 2026

Anatomía de una caída (2023): donde la verdad también se sienta en el banquillo

Póster de Anatomía de una caída (2023)

Hay películas que te atrapan porque necesitas saber qué ha pasado. Y luego está “Anatomía de una caída”, que consigue algo bastante más interesante: hacer que, después de un rato, ya no tengas tan claro si realmente quieres saberlo.


“Anatomía de una caída” es un thriller judicial que comienza con una muerte y una pregunta aparentemente sencilla: ¿accidente, suicidio u homicidio? Pero pronto descubrimos que aquí lo importante no es únicamente averiguar cómo murió Samuel, sino intentar entender cómo llegó a romperse una relación, ya que, cuando una pareja termina delante de un tribunal, también salen a la luz todas esas pequeñas cosas que durante años permanecieron escondidas bajo la alfombra.

Justine Triet construye en “Anatomía de una caída” un thriller de 151 minutos que se toma su tiempo para buscar respuestas y en el que cada versión de los hechos puede cambiar nuestra percepción de lo ocurrido.

Sinopsis de Anatomía de una caída

Sandra, Samuel y su hijo de once años, Daniel, viven en un aislado chalet en los Alpes franceses. Sandra es una escritora de éxito; Samuel, profesor y también escritor, intenta avanzar con sus propios proyectos. Su vida familiar, aparentemente tranquila, está marcada por las dificultades de su relación y por un accidente que dejó a Daniel con una discapacidad visual.

Un día, mientras Sandra se encuentra en casa, Samuel aparece muerto al pie del chalet tras caer desde una ventana. No hay una explicación clara para lo sucedido y la investigación pronto convierte una muerte aparentemente accidental en un caso mucho más complejo. ¿Fue un accidente? ¿Se quitó la vida? ¿O alguien provocó su caída? Sandra, que se encontraba en el lugar, acaba siendo acusada de haber matado a su marido.

Un año después comienza el juicio y, con él, una reconstrucción minuciosa de la vida de la pareja. Conversaciones, testimonios, conflictos, recuerdos y detalles de su relación empiezan a formar parte del proceso, mientras Daniel queda atrapado en medio de una historia que también es la de sus padres. Porque para determinar qué ocurrió con Samuel habrá que decidir también cuánto se conoce realmente a la persona con la que compartimos nuestra vida.

Crítica de Anatomía de una caída

“Anatomía de una caída” es una de esas películas que se toman su tiempo. Mucho. Sus 151 minutos pesan en algunos momentos y hay tramos del juicio en los que el ritmo se resiente. No es un thriller de los que buscan mantenernos continuamente al borde del sofá, pero tampoco necesita serlo.

Justine Triet construye una historia mucho más interesante que un simple misterio sobre una muerte. El juicio se convierte en una radiografía de una pareja y, a medida que conocemos su relación, empezamos a preguntarnos qué parte de lo que escuchamos es verdad y cuánto creemos conocer realmente a las personas que tenemos más cerca.

Y ahí es donde la película funciona especialmente bien. No busca darnos respuestas fáciles ni decirnos qué debemos pensar. Nos convierte en espectadores y jueces al mismo tiempo, obligándonos a sacar nuestras propias conclusiones.


Sandra y Daniel en Anatomía de una caída
Sandra y Daniel en Anatomía de una caída

¿Es lenta? Sí, por momentos. ¿Nos ha hecho mirar el reloj? También. Pero cuando termina, resulta difícil negar que hemos disfrutado del viaje.

“Anatomía de una caída” no es un thriller perfecto, pero sí una película inteligente, incómoda y muy disfrutable. Una historia sobre una muerte que, en realidad, habla mucho más de cómo se rompe una relación y de lo poco que podemos llegar a conocer a otra persona.

Personajes e interpretaciones

Sandra Hüller es el gran pilar de la película. Su Sandra es un personaje complejo, difícil de leer y que nunca termina de mostrarnos completamente qué está pensando. La actriz consigue transmitir esa ambigüedad sin necesidad de grandes gestos, y eso hace que dudemos de ella prácticamente hasta el último momento.

A su lado, Milo Machado-Graner sorprende como Daniel, el hijo de la pareja. Su personaje acaba teniendo un peso mucho mayor del que inicialmente podríamos esperar y su mirada sobre lo ocurrido aporta una perspectiva diferente a todo el conflicto.

También funcionan muy bien los personajes secundarios, especialmente quienes participan en el juicio, porque ayudan a convertir los problemas íntimos de una pareja en un asunto público.

¿Merece la pena ver Anatomía de una caída?

Sí, merece la pena. Aunque su ritmo pausado puede hacerse cuesta arriba en algunos momentos, “Anatomía de una caída” compensa con un guion inteligente, unas interpretaciones excelentes y una historia que consigue mantener la duda hasta el final.

No es una película para quienes busquen un thriller lleno de giros y acción, pero si te gustan las historias que te hacen pensar y sacar tus propias conclusiones, dale una oportunidad. Porque cuando termina, probablemente seguirás dándole vueltas a lo que has visto.

Una película lenta por momentos, sí. Pero también fascinante, incómoda y muy disfrutable.

Nota final: 7.5 / 10 



Ficha técnica de Anatomía de una caída

Título original: Anatomie d'une chute

Año: 2023

Director: Justine Triet

Duración: 150 minutos

Género: Drama



lunes, 31 de agosto de 2026

Los domingos (2025): grandes interpretaciones, pero demasiado superficial

Los domingos (2025) - Póster de la película

Hay películas que llegan acompañadas de buenas críticas, elogios y más premios que certámenes donde se presentan, haciendo casi imposible acercarse a ellas sin unas expectativas demasiado altas. Esto es precisamente lo que nos ha ocurrido con Los domingos, la nueva película de Alauda Ruiz de Azúa.

Tras sus últimos éxitos, esperábamos encontrar en esta ocasión una historia con personajes complejos, conversaciones incómodas y, sobre todo, un conflicto capaz de remover al espectador. La premisa, desde luego, daba para ello.

Pero, en nuestro caso, la película se ha quedado bastante lejos de lo que esperaba.

Sinopsis de Los domingos

Ainara tiene 17 años, es una chica brillante, inteligente y con las ideas bastante claras. O eso parece hasta que un día sorprende a su familia con una decisión que nadie esperaba: quiere convertirse en monja de clausura.

La noticia cae como una bomba en casa y obliga a todos a enfrentarse a una pregunta difícil: ¿es realmente una decisión libre y meditada o hay algo más detrás de ella? Mientras sus padres intentan comprender qué ha llevado a su hija a tomar este camino, su tía Maite, mucho más crítica con la religión, cuestiona algunos de los motivos que pueden estar detrás de su elección.

Los domingos, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, convierte esta situación en un drama familiar sobre la adolescencia, la fe, la libertad y la necesidad de encontrar nuestro propio camino. Una película que plantea un conflicto interesante y lleno de matices, aunque quizá no profundiza en todas las preguntas que su premisa nos hace plantearnos.

Crítica de Los domingos

Hay películas que, cuando terminan, te dejan pensando durante horas. Y hay otras que, pese a tener todos los ingredientes para hacerlo, simplemente te dejan con la sensación de que podrían haber dado mucho más de sí. Eso es exactamente lo que nos ha ocurrido con Los domingos.

Uno de los principales problemas que hemos encontrado en Los domingos es que plantea muchas preguntas, pero no siempre se atreve a buscar respuestas.

La decisión de Ainara es un magnífico punto de partida para explorar qué lleva a una persona tan joven a querer renunciar a una vida convencional. También para hablar de la influencia de la familia, de la religión, de la educación o de esa necesidad que todos tenemos, en mayor o menor medida, de encontrar nuestro lugar en el mundo.

Pero muchas de estas cuestiones aparecen apuntadas y poco más.

También nos ha costado bastante entrar en el ritmo de la película.

Los domingos apuesta por una narración pausada, íntima y muy contenida. No necesita grandes giros ni escenas especialmente dramáticas para contar su historia, y esa decisión parece perfectamente válida.

Ainara y su familia durante una comida de domingo en Los domingos (2025)
Ainara y su familia en una comida de domingo

El problema llega cuando esa calma empieza a confundirse con cierta falta de ritmo.

Hay momentos en los que la historia avanza muy poco y determinadas conversaciones o situaciones parecen alargarse más de lo necesario. Y cuando el conflicto que tienes delante es tan potente, resulta inevitable pensar que la película podría estar aprovechándolo mucho más.

Personajes e interpretaciones

Si hay algo que consigue que Los domingos funcione mucho mejor son sus interpretaciones.

El reparto está magnífico y consigue dotar de credibilidad a unos personajes que podrían haber caído fácilmente en el estereotipo. Especialmente destacable es el trabajo de Patricia López Arnaiz, que transmite con enorme naturalidad las contradicciones, dudas y preocupaciones de una mujer que intenta entender una decisión que se escapa completamente de su manera de ver el mundo.

También funciona muy bien Blanca Soroa como Ainara. Su personaje exige bastante contención y la actriz consigue transmitir mucho sin necesidad de grandes discursos.

De hecho, en varios momentos he tenido la sensación de que las interpretaciones consiguen aportar a los personajes una profundidad que el propio guion no termina de desarrollar.

¿Merece la pena ver Los domingos?

Sí, pero con expectativas moderadas.

Los domingos es una película bien dirigida, con una estupenda factura y, sobre todo, con unas interpretaciones magníficas. Además, plantea un conflicto interesante y poco habitual dentro del cine español reciente.

Quizá porque esperábamos encontrar una película mucho más profunda y emocional. Una historia que se atreviera a entrar realmente en la cabeza de Ainara y en las contradicciones de una familia enfrentada a una decisión que no entiende.

En cambio, nos hemos encontrado con una película demasiado contenida, irregular en su ritmo y, en nuestra opinión, bastante más superficial de lo que su interesante premisa hacía pensar.

No creemos que sea una mala película. Ni mucho menos. Simplemente pensamos que podría haber sido mucho mejor.

Nota final: 6 /10.



Ficha técnica de Los domingos

Título original: Los domingos

Año: 2026

Director: Alauda Ruiz de Azúa

Duración: 110 minutos

Género: Drama, Adolescencia



viernes, 28 de agosto de 2026

No se desea buena suerte (2026), crítica: una historia sobre crecer cuando la vida se complica

Póster de No se desea buena suerte (2026), película de Netflix

Crecer no siempre ocurre cuando uno está preparado. A veces la vida acelera el proceso y obliga a dejar atrás, demasiado pronto, una parte de esa despreocupación que asociamos con la adolescencia. No se desea buena suerte (2026) parte precisamente de esa idea para acercarse a uno de los conflictos más difíciles de afrontar a cualquier edad: ver cómo la enfermedad de una persona querida cambia las prioridades y obliga a madurar antes de tiempo.

Dirigida por Julia Hart, esta película de Netflix combina drama, comedia y música para hablar de la familia, los sueños y ese complicado momento en el que empiezas a descubrir que no todo depende de ti. Porque mientras intentamos construir nuestro propio camino, también tenemos que aprender a convivir con situaciones que no hemos elegido y para las que nadie nos ha preparado.

No se desea buena suerte utiliza así una historia aparentemente juvenil para abordar un tema profundamente humano: qué ocurre cuando la vida nos obliga a crecer justo cuando todavía estamos intentando descubrir quiénes somos. Y lo hace buscando ese difícil equilibrio entre la emoción, la esperanza y los momentos de luz que también existen incluso en las etapas más complicadas.

Sinopsis de No se desea buena suerte

Sophie Birenbaum acaba de conseguir el papel protagonista en el musical de su instituto, un sueño que parecía marcar el comienzo de una de las etapas más emocionantes de su adolescencia. Entre ensayos, canciones y nuevas responsabilidades, Sophie descubre también la importancia de sus amigos y de esos vínculos que, poco a poco, empiezan a adquirir un significado diferente. Porque crecer también implica aprender a valorar a las personas que tenemos cerca y descubrir nuevas formas de querer y de ser querido.

Pero la enfermedad de su madre vuelve a ocupar un lugar central en su vida y transforma por completo ese momento de felicidad. Sophie se encuentra ante una realidad para la que todavía no está preparada, intentando compaginar sus propios sueños con la preocupación por alguien a quien quiere profundamente. Esta situación no solo afecta a su familia, sino que la obliga a enfrentarse a sentimientos y responsabilidades que parecen demasiado grandes para alguien que todavía está intentando descubrir quién es.

En ese camino, la amistad y el amor se convierten en apoyos fundamentales, pero también en nuevas fuentes de dudas y emociones. Sophie tendrá que aprender que madurar no significa tener todas las respuestas ni poder controlar lo que sucede a nuestro alrededor, sino encontrar la manera de seguir adelante cuando la vida cambia las reglas. Entre el escenario, la familia y las relaciones que va construyendo, No se desea buena suerte plantea así un viaje de crecimiento marcado por la enfermedad, pero también por la capacidad de querer, acompañar y encontrar pequeños motivos para seguir soñando.

Personajes e interpretaciones

Sunny Sandler lleva el peso de No se desea buena suerte dando vida a Sophie Birenbaum, una adolescente que tiene que enfrentarse demasiado pronto a situaciones que ponen a prueba su forma de entender el mundo. Su interpretación funciona especialmente bien cuando la película se aleja del tono más ligero y deja espacio a la vulnerabilidad del personaje. Sandler consigue transmitir esa mezcla de ilusión, inseguridad y madurez prematura sin convertir a Sophie en una protagonista excesivamente adulta para su edad.


La familia Birenbaum en No se desea buena suerte (2026)
La familia Birenbaum al completo

A su lado, Melanie Lynskey aporta sensibilidad y profundidad al personaje de la madre, convirtiéndose en uno de los principales pilares emocionales de la historia. La relación entre ambas permite que la película explore el amor familiar desde un lugar bastante íntimo, mientras que el reparto juvenil completa el relato con las amistades, los primeros sentimientos y las inseguridades propias de una etapa en la que todo parece estar cambiando al mismo tiempo.

En conjunto, las interpretaciones consiguen que el conflicto emocional de la película resulte cercano, especialmente cuando muestra cómo una situación familiar compleja puede modificar las relaciones y acelerar un proceso de crecimiento que nadie había elegido.

Opinión

No se desea buena suerte nos ha gustado. No estamos ante una obra maestra ni ante una película que vaya a revolucionar el género, pero tampoco parece que lo pretenda. Su principal virtud está precisamente en hacer bien las cosas: construir un drama cercano, combinarlo con momentos de humor y música y conseguir que la historia resulte emotiva sin necesidad de recurrir constantemente al golpe fácil.

Eso sí, quizá le pedíamos algo más de valentía a la hora de profundizar en el dolor y la enfermedad. La película plantea una situación potencialmente muy dura, pero en buena parte del metraje prefiere mantenerse en una zona emocional relativamente cómoda, dejando algunas de sus consecuencias más dolorosas en segundo plano. Nos habría gustado que se atreviera a explorar más ese proceso y cómo afecta realmente a Sophie y a su entorno. Aun así, No se desea buena suerte funciona como un drama juvenil bien construido, honesto y con corazón, de esos que quizá no dejan una huella imborrable, pero sí consiguen que terminemos su visionado con una sensación agradable y alguna reflexión dando vueltas en la cabeza.

¿Merece la pena No se desea buena suerte?

Nosotros creemos que sí. Y no porque estemos ante la película que vaya a cambiar la historia del cine ni porque después de verla vayamos a necesitar una pizarra para analizar cada plano. No se desea buena suerte juega en una liga mucho más sencilla: quiere contar una historia emotiva, hacernos pasar un buen rato y dejar alguna reflexión por el camino. Y, sinceramente, lo consigue..

Puede que se quede algo corta cuando llega el momento de profundizar en el dolor y en todo lo que supone convivir con la enfermedad de un ser querido, pero tiene buenos personajes, una historia cercana y suficientes momentos de emoción como para que merezca la oportunidad. Además, tiene ese punto de película que empiezas pensando “vamos a ver qué tal” y terminas diciendo “pues mira, al final ha estado bastante bien”. .

Nota final: 7 /10.





Ficha técnica de No se desea buena suerte



Título original: Don't Say Good Luck

Año: 2026

Director: Julia Hart

Duración: 93 minutos

Género: Comedia, Drama, Musical