Hay películas que intentan explicarte la adolescencia como si se tratara de un documental de “National Geographic”: el joven humano busca la aceptación mientras su cuerpo cambia sin control y desarrolla conductas erráticas. Después está Dìdi, una película estadounidense de 2024 que intenta explicarnos esta época de nuestra vida como algo mucho más importante: crecer es pasar vergüenza de forma continuada mientras intentas parecer interesante frente a tus iguales.
No deja de resultar curioso que esta película llega en una ola de nostalgia por los años 80 y los primeros 2000, cuando internet todavía era un sitio desconocido, cutre y profundamente incómodo. Ese momento en el que, entre ruidos de módem y conexiones eternas, una foto tardaba cinco minutos en subir y aun así muchos intentaban construirse una identidad digital y real al mismo tiempo.
Dìdi es una de esas película independientes que llegan en silencio, triunfan en el festival de Sundance y acaban golpeando con fuerza la memoria de toda una generación. Dirigida por Sean Wang, esta pequeña película mezcla con un humor realmente incómodo, nostalgia dosmilera y caos emocional adolescente con una naturalidad brutal.
Dìdi nos lleva directamente al verano de 2008 donde nos encontramos con Chris, un chico taiwanés-estadounidense de 13 años que va justo a empezar el instituto. Dìdi vive con su madre, su abuela y con Vivian, su hermana mayor con quien discute constantemente.
En el colegio, Chris no va mucho mejor tampoco ya que su popularidad es bastante justa. Únicamente tiene dos amigos con quien hace vídeos tontos para Youtube. Un día, mediante chat se pone en contacto con Madi, una chica medio asiática que le gusta. Tras un primer encuentro con ella donde la incomodidad reina, él la bloquea a ella y, tras algún chiste misógino, sus únicos amigos le dejan también.
Tras cambios rápidos en la vida de Chris, acaba aproximándose a un trío de skaters mayores a él que lo usan para que les grabe en sus piruetas.
Ambientada en los últimos años del internet más salvaje, cuando Messenger, los vídeos mal editados y las fotos borrosas dominaban el mundo, Dìdi captura ese instante exacto en el que uno intenta descubrir quién es mientras hace el ridículo online a niveles históricos. Y claro, es imposible no sentirse identificado.
Antes la humillación digital era artesanal. Había que currársela. Elegir una canción incomprensible para tu perfil, escribir estados crípticos para que “alguien” los leyera. Hoy tenemos algoritmos sofisticados; antes teníamos puro caos humano. Quizá por eso, los que hemos vivido aquella etapa, la sentimos como más auténtica.
Lo mejor de Dìdi es que no mira esa época desde la superioridad intelectual del adulto moderno. No intenta decir “mirad qué tontos éramos”. Dice algo mucho más honesto: seguimos siendo igual de raros, solo que ahora tenemos mejor cámara y más ansiedad.
Y sí, también deja una sensación extraña: la de descubrir que quizá el verdadero lujo moderno no sea desconectar del móvil, sino recordar una época en la que internet todavía no había aprendido a comernos del todo.
El reparto de Dìdi es precisamente una de las razones por las que la película funciona tan bien. No parece que estés viendo actores interpretando la adolescencia; más bien parece que te has colado accidentalmente en recuerdos reales de alguien. Y eso es dificilísimo de conseguir.
La película gira casi por completo sobre Izaac Wang, el intérprete de Chris, y la verdad es que el chico hace un trabajo espectacular. Su interpretación tiene algo muy complicado: consigue ser desesperante, entrañable y dolorosamente humano al mismo tiempo. Transmite una inseguridad constante, con mucha incomodidad física y una energía de lo más caótica.
Sobre el resto de los intérpretes, nos quedamos con Joan Chen, quien da vida a la madre de Chris y acaba convirtiéndose en el auténtico corazón silencioso de la película. Lo suyo es emoción pura sin caer en el dramáticos exagerado de muchas películas familiares.
Si buscas una película diferente, divertida y emocionalmente honesta, Dìdi es una de las sorpresas más interesantes del cine independiente reciente. Una carta de amor incómoda, caótica y muy real a esa etapa de la vida en la que todos intentábamos parecer cool… y normalmente fracasábamos.
Dìdi no necesita explosiones, ni giros imposibles ni discursos grandilocuentes. Le basta con poner un espejo delante de toda una generación y decir: “tranquilos, todos dimos cringe”. Y la verdad es que pocas películas recientes han entendido tan bien lo cómico y doloroso que resulta convertirse en persona adulta.
Nota final: 7/10
Título original: Dìdi
Año: 2024
Director: Sean Wang
Duración: 93 minutos
Género: Drama, Adolescencia
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