viernes, 6 de junio de 2025

Fuegos artificiales

¿Cuántas veces hemos escuchado frases como “yo no quiero un hijo así” o incluso “prefiero un hijo muerto a un hijo gay”? Desgraciadamente, todavía demasiadas. Palabras que siguen doliendo hoy en día y que no solo afectan al colectivo LGTBIQ, sino a cualquiera con un mínimo de empatía y conciencia social.

Partiendo de esa herida abierta, hoy queremos hablar de una película que recupera uno de los episodios más oscuros y silenciados de la historia reciente de Italia: el conocido como crimen de Giarre. Ocurrido en octubre de 1980, este doble asesinato acabó con la vida de dos jóvenes cuyo único “delito” fue amarse. Más de cuarenta y cinco años después, el crimen sigue sin resolverse.

En esta entrada nos centramos en “Fuegos artificiales” (“Stranizza d’amuri”), la ópera prima del cineasta siciliano Giuseppe Fiorello. Una película íntima y contenida, que no necesita gritar para hacerse oír y que se acerca con delicadeza a una Sicilia anclada en el tiempo, utilizando el silencio y la mirada para hablar de amor, miedo y represión en un contexto marcado por la homofobia y el peso de la tradición.

“Fuegos artificiales” nos desplaza a un ya lejano 1982, con una sociedad volcada totalmente en la celebración del mundial de futbol. En un pequeño pueblo de Sicilia nos encontramos con Gianni (interpretado por Samuele Segreto), un chico de 17 años marcado por un episodio reciente de su vida fue visto en un coche en actitud romántica con otro chico.

Gianni trabaja en el taller de motos de su padrastro y es acosado, maltratado y agredido casi a diario por un grupo de vecinos que frecuentan el único bar del pueblo, su único delito es ser homosexual.

Un día, tras repeler un intento de violación por parte de uno de los vecinos, Turi, huye con una motocicleta siendo perseguido por Turi. En un cruce y tras ser empujado, choca con otra motocicleta, conducida por Nino (a quien da vida Gabriele Pizzurro).

Nino es un joven extrovertido, de 16 años, hijo de una familia humilde de un pueblo vecino el cual aprende el oficio de su padre, propietario de un pequeño negocio de pirotecnia.

Poco a poco ambos jóvenes se van acercando, primero en una tierna amistad (ambos se sienten solos y desplazados), y tras unas tardes de baños en el río, paseos en moto, etc., en un bello y sincero enamoramiento.

Nino mirando con cariño a Gianni bajo los fuegos artificiales
Nino mirando con cariño a Gianni

Gianni pronto deja el taller de su padrastro para pasar a trabajar en la cantera del tío de Nino, para posteriormente trabajar en la pirotecnia del padre de Nino sustituyendo a este tras un ataque de asma que lo aparta de la pólvora.

Por desgracia para Nino y Gianni, son vistos por una vecina dándose un beso bajo la lluvia y, sin dudarlo mucho va a decírselo a Lina, la madre de Gianni. A Lina, se le viene el mundo abajo, algo que no pasa con el machismo de su marido y padrastro de Gianni. Al revés de lo que podríamos esperar de una madre que quiere a su hijo, Lina llama a la madre de Nino y le cuenta la mala imagen (la homosexualidad) de su hijo creando un auténtico cisma en la familia, tanto que Alfredo, el padre de Nino como su tío arremeten contra el chico con violencia y le impiden volver a ver a Gianni.

La vida de Gianni vuelve al pasado, trabajando en el taller de motos de su padrastro y encerrándose en casa, hasta que, un día, el tío de Nino y dos chulos le agreden violentamente en plena calle sin que nadie mueva un dedo.

Tras unos días separados y hundidos psicológicamente, el día de la final del mundial de futbol, Nino sale en busca de Gianni y ambos se alejan del pueblo para estar juntos… y, como os decimos siempre, hasta aquí lo que podemos contaros de la historia de “Fuegos artificiales”.

Técnicamente os diremos que “Fuegos artificiales”, bajo la dirección del debutante Fiorello consigue transmitirnos una historia durísima con total sensibilidad respetando al máximo a los personajes. Esta película es un auténtico ejercicio de realismo emocional con una necesidad, a veces excesiva de embellecer el dolor que sufren.

El montaje de “Fuegos artificiales” se mueve entre la lentitud durante los momentos más íntimos a cortes rápidos en las secuencias más agresivas, aunque si peca en algo, es en cierta lentitud, sobre todo, en su tramo final.

Interpretativamente hablando,  os diremos que, tanto Segreto (Gianni) como Pizzurro (Nino) sostienen completamente “Fuegos Artificiales” con unas interpretaciones sinceras y sentidas. Segreto, nos dibuja un Gianni frágil, marcado por la homofobia que le rodea aunque nunca pierde el deseo de vivir libremente, y Nino nos da frescura y desparpajo. Sin lugar a duda, ambos maravillosos.

“Fuegos artificiales” nos cuenta una historia sencilla donde dos adolescentes se conocen, se descubren, se acercan y se enamoran, y todo, en una Sicilia de 1982 que eso, no tenía espacio, pero sí muchos nombres despectivos. A nosotros no ha emocionado, nos ha marcado. Sin lugar a duda, “Fuegos artificiales” es un acto de memoria y justicia.

“Fuegos artificiales” es una película íntima que va creciendo en el estómago a medida que se acerca su desenlace. Porque nunca debió de pasar. Porque sigue pasando.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Fuegos artificiales” es de un 7.5 sobre 10.



Título original “Stranizza d’amuri” – Italia – 2023

Dirigida por: Giuseppe Fiorello

Duración: 134 minutos

Género: Drama, romántico, LGTBI


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