Hay películas que empiezan con una tormenta y otras en las que la verdadera tempestad se desata dentro de la casa en la que te has refugiado mientras fuera arrecia la tormenta. La película sueca La tormenta juega precisamente con esa idea: encerrar a un grupo de personas y dejar que, cuando todo se descontrola, las apariencias empiecen a resquebrajarse y salgan a relucir esas miserias que normalmente intentamos mantener bien escondidas.
La propuesta tiene su gracia y hasta resulta bastante más interesante de lo que podría parecer a primera vista. El problema llega cuando el humor se pasa de frenada, los gags empiezan a rozar lo absurdo y uno se pregunta si está viendo una comedia negra o un número de Los payasos de la tele. Y eso que, entre tanto desvarío, la película tiene algunas ideas que merece la pena rescatar.
Sinopsis de La tormenta
Filip quiere celebrar su 45 cumpleaños por todo lo alto e invita a sus antiguos compañeros de universidad a una lujosa finca en el norte de Suecia. Todo apunta a una reunión de esas en las que abundan las sonrisas, las conversaciones agradables y las vidas aparentemente perfectas. Pero una intensa tormenta de nieve los deja aislados y los planes empiezan a torcerse.
Sin posibilidad de salir de allí, lo que parecía una celebración entre viejos amigos se convierte poco a poco en un campo de minas. Las viejas rencillas reaparecen, las conversaciones se envenenan y las buenas maneras empiezan a saltar por los aires. Porque mantener las apariencias cuando todo va bien es muy fácil; lo complicado es seguir fingiendo cuando el caos llama a la puerta y ya no hay escapatoria.
Crítica de La tormenta
Uno de los mayores aciertos de La tormenta es la forma en que utiliza las distintas fases de la tormenta para acompañar lo que sucede dentro de la casa. No es un simple recurso para justificar que los personajes estén encerrados: la meteorología marca también el progresivo deterioro de la convivencia. Mientras el temporal arrecia fuera, dentro empiezan a saltar por los aires las buenas maneras, las relaciones y, sobre todo, las apariencias que cada uno se esfuerza por mantener.
Y aquí es donde la película nos parece más interesante. Porque detrás de esas sonrisas y esas vidas aparentemente perfectas se esconden rencores, inseguridades y miserias que el caos termina sacando a la luz. Cuando desaparece la posibilidad de controlar lo que los demás ven de nosotros, mantener el tipo se convierte en una misión casi imposible. Esa mirada a las convenciones sociales y a lo poco que hace falta para que se nos caiga la careta nos parece uno de los grandes aciertos de la propuesta.
El problema es que la película no siempre sabe cómo desarrollar esas ideas. La comedia negra deja paso, en demasiados momentos, a situaciones tan absurdas y exageradas que cuesta tomárselas en serio. Hay gags que parecen sacados de Los payasos de la tele, y no precisamente porque uno esté dispuesto a reírse de cualquier cosa. El disparate acaba comiéndose parte de la tensión y desdibuja esa crítica a las miserias humanas que tan bien parecía encaminarse.
Y cuando llega el desenlace, todo termina casi de un disparo. La película cierra la historia con tanta precipitación que apenas deja tiempo para asimilar lo ocurrido. Aunque, siendo sinceros, después de algunos de los desvaríos que hemos tenido que soportar, tampoco es que uno necesite que la fiesta se prolongue demasiado.
Al final, La tormenta deja la sensación de haber tenido entre manos una propuesta con mucho más potencial del que finalmente demuestra. Su lectura sobre las apariencias y el comportamiento humano funciona, y la relación entre el temporal exterior y el caos interior está muy bien planteada. Lástima que el exceso de absurdo y las prisas por cerrar la historia terminen restándole fuerza. Porque, a veces, para desmontar nuestras miserias no hace falta montar semejante circo.
Personajes e interpretaciones
Gustaf Skarsgård se mete en la piel de Filip, el anfitrión de una celebración que termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla. El actor sabe desenvolverse en ese progresivo descontrol, mientras su personaje intenta mantener las riendas de una situación que cada vez se le escapa más de las manos.
Aliette Opheim, como Caroline, la mujer de Filip, y Filip Berg, en el papel de Ossi, forman parte de un reparto coral en el que los personajes van perdiendo poco a poco la compostura. Junto a ellos, Josephine Bornebusch, también directora y guionista de la película, y el resto del elenco contribuyen a sacar a la superficie las tensiones y miserias que se esconden detrás de tanta apariencia.
El conjunto funciona especialmente bien cuando los personajes dejan de fingir y muestran su verdadera cara. El problema es que, en ocasiones, el exceso de caricatura y las situaciones disparatadas terminan devorando el trabajo de los intérpretes. Porque una cosa es retratar las miserias humanas y otra convertirlas en un desfile de esperpentos.
¿Merece la pena ver La tormenta?
Depende de lo que busques. La tormenta parte de una idea interesante, sabe jugar con las apariencias y retrata con bastante mala leche cómo el caos puede sacar a relucir las miserias que todos intentamos esconder. El problema es que, por el camino, se pasa de frenada con un humor demasiado absurdo y termina resolviendo la historia con unas prisas que tampoco ayudan.
Si os gustan las comedias negras, los personajes que se van quitando la careta y las situaciones incómodas, podéis encontrar aquí motivos para darle una oportunidad. Eso sí, no esperéis una película redonda ni os sorprendáis si en algún momento os preguntáis qué demonios estáis viendo.
¿Nuestro consejo? Dadle una oportunidad, pero sin grandes expectativas. Hay buenas ideas bajo tanto desvarío, aunque no siempre consigan salir a flote.
Nota final: 5,5/10
Ficha técnica de La tormenta
Título original: Stormen
Año: 2026
Director: Josephine Bornebusch
Duración: 101 minutos
Género: Comedia, Drama
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