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sábado, 10 de enero de 2026

Boys don’t cry (1999), crítica y análisis

Cartel oficial de la película Boys Don't Cry (1999) protagonizada por Hilary Swank

En los últimos años, las noticias sobre agresiones a mujeres y ataques homofóbicos contra personas del colectivo LGTBI siguen ocupando titulares. Sin embargo, muchos de estos crímenes de odio continúan quedando en un segundo plano mediático o se convierten en objeto de debate político, perdiendo de vista lo verdaderamente importante: las víctimas y la raíz social del problema.

La intolerancia hacia quienes viven su identidad de género o su orientación sexual de manera diferente sigue siendo una realidad. Todavía existe una parte de la sociedad que no solo rechaza lo diverso, sino que responde a ello con violencia para reafirmar una supuesta superioridad.

En este contexto, resulta inevitable recordar el caso de Brandon Teena, un hombre transgénero de Nebraska (Estados Unidos) cuya trágica historia conmocionó al país en 1993. Su asesinato se convirtió en uno de los casos más representativos de violencia transfóbica en la historia reciente.

Para acercarnos a su historia, nos detenemos en Boys Don't Cry (1999), la aclamada película dirigida por Kimberly Peirce que retrata su vida y su relación con Lana Tisdel. Considerada una de las grandes obras del cine independiente de los años noventa, la película no solo reconstruye los hechos, sino que invita a reflexionar sobre la identidad, el amor y las consecuencias devastadoras del odio.

“Boys don’t cry” empieza presentándonos a Brandon Teena (a quien da vida Hilary Swank) un chico transgénero que vive en Lincoln (Nebraska). Brandon, desde el primer momento se siente rechazado por su familia, para quienes es Teena y simplemente tiene un desorden mental.

Cansado del rechazo recibido, Brandon decide cortarse el pelo muy corto, vestirse de chico y salir a vivir la vida como realmente la siente. Esta decisión implica dejar atrás a su familia y su ciudad Lincoln tomándola después de que su madre le obligue a recibir terapia.

Con su decisión en firme, Brandon entra en contacto con un grupo de amigos, Lisa, Lana y dos exconvictos amigos de estas, John Lotter y Tom Nissen con quienes, tras una noche de juerga, se une para ir al pueblo de estos, Falls City (también en Nebraska).

En Falls City Brandon se encuentra como pez en el agua, identificándose ante todos como un hombre, borrando así su pasado. Se instala en casa de una de las chicas, Lisa Lambert quien, muy poco a poco va interesándose y sintiéndose atraída por Brandon.

Inmerso en su nueva y deseada vida, Brandon se siente atraído por Lana Tisdel y ni corto ni perezoso, se lanza y empieza a salir con ella, siendo al poco, completamente correspondido.

Con todo, y como el pasado nunca desaparece del todo, después de que Brandon no se presentara a un juicio pendiente, su foto y su nombre de bautismo, Teena Brandon aparecen en un periódico de tirada nacional despertando la furia de John y Tom, sacándole directamente y de muy malas maneras del armario.


Escena de Brandon Teena y Lana Tisdel en la película Boys Don't Cry (1999)
Escena de Brandon y Lana en Boys Don't Cry (1999), dirigida por Kimberly Peirce.

Lana le acepta tan cual es, pero no sucede lo mismo con John y Tom quienes tras una violenta discusión le desnudan para comprar si es un hombre o una mujer y no contentos con eso, se llevan a Brandon a una antigua cementera donde ambos, le violan y agreden, amenazándolo de muerte si lo cuenta.

Como es obvio, esta acción no podía quedar sin denuncia, aunque lo que tiene que sufrir en comisaria Brandon es, literalmente de juzgado de guardia. Y hasta aquí, lo que os podemos contar del argumento de “Boys don’t cry”, y si os preguntáis si ¿John y Tom cumplen su amenaza de muerte? Os diremos que, lamentablemente este caso es verídico y aunque no os lo diremos, es historia.

Como ya os hemos contado, “Boys don’t cry” está basada en la historia real de Teena Brandon, una joven que vivió y creció en un ambiente marginal, sin ser querida ni aceptada por su familia de quienes decidió alejarse para vivir su propia vida. En este sentido, hay que remarcar que “Boys don’t cry” consigue hacernos partícipes del sufrimiento de Brandon, de sus problemas y sus colosales esfuerzos por adaptarse en una sociedad violenta y salvaje donde apenas tiene cabida el amor puro. En este sentido, y pese a los fallos que, evidentemente tiene “Boys don’t cry”, encontramos también uno de sus grandes aciertos.

Otro de los grandes aciertos de “Boys don’t cry” radica en el excelente trabajo de dos de sus actrices, una inmensa Hilary Swank dando vida a Brandon Teena, trabajo por el cual recibió uno de los Oscar más merecidos de los últimos años, y una joya en potencia, Chloë Sevigny quien pone cara y vida a una excelente Lana Tisdel. ¿El resto de casting? Simplemente muy convincentes.

Sin lugar a dudas, la historia que nos cuenta “Boys don’t cry” es una de esas historias que, como en la vida misma, llegan sin avisar y nos azota sin contemplaciones para quedarse en nuestra memoria. Ojalá algún día, no hagan falta historias de homenaje o de denuncia como esta.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Boys don’t cry” es de un 8 sobre 10.



“Boys don’t cry” – USA – 1999

Dirigida por: Kimberly Peirce

Duración: 114 minutos

Género: Drama, LGTBI



lunes, 19 de febrero de 2018

American Beauty (1999): crítica y análisis de la obra maestra de Sam Mendes

Cartel de American Beauty

Pocas películas han sabido retratar con tanta precisión la frustración, la superficialidad y el vacío existencial de la sociedad moderna como American Beauty. Estrenada en 1999 y dirigida por Sam Mendes en su debut cinematográfico, esta comedia dramática protagonizada por Kevin Spacey se convirtió rápidamente en una de las películas más influyentes de finales del siglo XX, logrando además cinco premios Oscar, entre ellos Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor.

Más de dos décadas después de su estreno, American Beauty sigue siendo una obra capaz de generar reflexión y debate. Algunas de sus imágenes más icónicas (como Angela cubierta de pétalos de rosa) y frases inolvidables como "Tengo 42 años. En menos de un año habré muerto. Claro que eso no lo sé aún. Y, en cierto modo, ya estoy muerto" permanecen grabadas en la memoria de millones de espectadores.

Sinopsis de American Beauty

La historia nos presenta a Lester Burnham (Kevin Spacey), un ejecutivo publicitario de mediana edad que vive aparentemente una vida perfecta en un tranquilo barrio residencial estadounidense. Está casado con Carolyn Burnham (Annette Bening), una ambiciosa agente inmobiliaria obsesionada con el éxito profesional, y es padre de Jane (Thora Birch), una adolescente insegura y profundamente insatisfecha con su vida. Sin embargo, tras la fachada de familia ideal se esconde una realidad muy distinta. Lester y Carolyn apenas se comunican, la relación con su hija es prácticamente inexistente y cada miembro de la familia vive atrapado en sus propias frustraciones.

Todo cambia cuando Lester conoce a Angela Hayes (Mena Suvari), la mejor amiga de Jane. La fascinación que siente por la joven desencadenará una profunda crisis personal que le llevará a replantearse toda su existencia y a intentar recuperar una libertad que creía perdida para siempre. Paralelamente, la llegada de nuevos vecinos al barrio introducirá nuevos conflictos y relaciones que acabarán conectándose de forma decisiva con el destino de todos los personajes.

Kevin Spacey dando vida a Lester
Kevin Spacey dando vida a Lester

Un brillante estudio sobre la crisis de identidad

Uno de los mayores aciertos de American Beauty es la forma en que explora la insatisfacción personal y el vacío emocional que pueden esconderse tras una vida aparentemente perfecta. Sam Mendes construye una crítica mordaz al consumismo, las apariencias y la obsesión por el éxito social, temas que siguen siendo plenamente vigentes en la actualidad.

La película invita constantemente al espectador a cuestionar qué significa realmente alcanzar la felicidad y hasta qué punto vivimos condicionados por las expectativas de los demás.

Kevin Spacey firma una brillante interpretación

Más allá de cualquier polémica posterior relacionada con su figura pública, resulta innegable que Kevin Spacey ofrece aquí una de las mejores interpretaciones de su carrera. Su Lester Burnham es un personaje complejo, vulnerable, irónico y profundamente humano.

Spacey consigue transmitir con enorme naturalidad el hastío de un hombre atrapado en una vida que ya no reconoce como propia, haciendo que el espectador empatice con él incluso en sus decisiones más cuestionables.

El resto del reparto también realiza un trabajo sobresaliente. Annette Bening aporta una enorme fuerza dramática a Carolyn, mientras que Thora Birch, Mena Suvari y Wes Bentley completan un conjunto interpretativo de gran nivel.

La brillante dirección de Sam Mendes

Resulta difícil creer que American Beauty fuese el debut cinematográfico de Sam Mendes. El director británico demuestra desde su primera película una enorme capacidad para construir atmósferas, desarrollar personajes y combinar drama, humor negro y crítica social.

La fotografía de Conrad L. Hall, ganadora del Oscar, contribuye además a crear una identidad visual inolvidable, llena de simbolismo y de imágenes que han pasado a formar parte de la historia reciente del cine.

Opinión y nota final

American Beauty sigue siendo una película imprescindible para cualquier aficionado al cine. Su combinación de drama, sátira social y reflexión existencial la convierten en una obra que mantiene intacta gran parte de su fuerza pese al paso de los años.

No se trata únicamente de una gran interpretación de Kevin Spacey ni del brillante debut de Sam Mendes, sino de una película capaz de hacernos reflexionar sobre nuestras propias vidas, nuestras aspiraciones y la forma en que entendemos la felicidad.

Una obra moderna, provocadora y profundamente humana que continúa siendo uno de los grandes clásicos del cine contemporáneo.

Puntuación: 8,5/10.



Ficha técnica de American Beauty

Título original: American Beauty

Año: 1999

Director: Sam Mendes

Duración: 122 minutos

Género: Comedia, Drama



lunes, 12 de octubre de 2015

La milla verde (1999), crítica y análisis


La Milla Verde - Cartel
Uno puede ver decenas o incluso centenares de películas, y de vez en cuando encontrarse con una que, por el motivo que sea, cala más profundamente que el resto en su interior, a pesar de que aparentemente no hay nada en ella que invite a que lo haga, ni por temática, ni por casting. Hace muchos años, cuando aún este equipo no estaba ni en ciernes de constituirse, tuve la oportunidad de descubrir una adaptación cinematográfica de una obra de Stephen King llamada “El corredor de la muerte”. Corría 1999, y la adaptación se llamaba “La milla verde”.

Como en su momento me impactó y la recordaba con sumo cariño, cuando hace unos días tuve la oportunidad de poder volver a disfrutarla, no lo dudé ni dos segundos: tomé asiento en mi sofá, puse el DVD en marcha y me dispuse a rememorar las tres horas de “La milla verde”.

La historia empieza en una residencia de ancianos en medio de las montañas. Allí, cada mañana, el centenario Paul Edgecomb (a quien da vida magistralmente un gran Tom Hanks) sale a disfrutar de un paseo hasta una cabaña abandonada. Un día, a su vuelta del paseo y mientras ve la televisión, Paul se viene abajo viendo “Sombrero de copa” con Fred Astaire y Ginger Rogers.

Paul, después de pensarlo bastante, decide que ya va siendo hora de contarle su vida a Elaine, su compañera de residencia, aunque para ello tenga que remontarse al verano de 1935, cuando John Coffey llegó al corredor de la muerte de la prisión de Cold Mountain, donde Paul trabajaba.

En 1935, el pabellón E del centro penitenciario de Cold Mountain estaba custodiado por Paul, el bueno de Brutus Howell (interpretado por David Morse), el veterano Harry, el novato Dean y el sádico Percy (a quien da vida Doug Hutchison). Dicho pabellón era conocido como “La milla verde” por el color de su suelo, un verde que conducía a la silla eléctrica y que, como rezan los carceleros, a veces era más largo que una milla.

Cuando el gigantón John Coffey (interpretado por Michael Clarke Duncan) llega al corredor de la muerte bajo la aureola de ser un asesino de niños, pronto se hace con los corazones de los funcionarios y del resto de prisioneros: el indígena Arlen y el francés Eduard Delacroix, quien se acabará convirtiendo en amigo de John.

Poco tiempo después, llega al corredor un auténtico psicópata, un asesino confeso que lo revolucionará todo, “Billy el niño” (a quien da vida Sam Rockwell).

Entre altercados, ejecuciones y confesiones de todo tipo, el gran corazón de Coffey y unos asombrosos poderes curativos quedan al descubierto para todos, aunque ya os podéis imaginar que no os contaremos aquí en desenlace de esta trama.

Lo primero que me gustaría remarcar es el arrollador desarrollo de una trama que, a pesar de desarrollarse durante ni más ni menos que 3 horas, en ningún momento se vuelve lenta ni aburrida. En este sentido, Frank Darabont (el director de la cinta) consigue no solo salvar este hándicap, sino también potenciar la trama con un ritmo creciente mientras mezcla magistralmente los dramas personales de los protagonistas, con los poderes paranormales de Coffey y un montón de sucesos que no solo atrapan al espectador, sino que consigue hacernos vibrar y ponernos la piel de gallina. Realmente, son poquísimas las películas que lo consiguen y menos con su temática.

Otro aplauso en cuanto a la elección del casting, ya que todos parecen adaptarse como un guante a sus papeles. De entre todos, y dejando aparte a un grandísimo Tom Hanks que brilla en todas las secuencias, me gustaría resaltar el trabajo del para mí, un gran desconocido y malogrado Michael Clarke Duncan quien, con quizá el papel más difícil de la película, consigue no solo meterse en el personaje sino emocionarnos y hacernos vibrar. Tampoco me gustaría olvidar a los auténticos antagonistas de historia, Sam Rockwell y Doug Hutchison, quienes bordan sus sádicos y crueles personajes.

Muchos catalogarán “La Milla verde” de pretensiosa o la criticarán por ser la adaptación de una historia de King, pero bajo mi modesto punto de vista creo que se trata de una de las grandes películas de la historia reciente del cine comercial. Os la recomiendo totalmente con una nota final de un 9 sobre 10.





Título original: “The Green Mile” – 1999 – USA
Dirigida por: Frank Darabont
Duración: 180 minutos
Género: Drama

jueves, 13 de noviembre de 2014

El Sexto sentido (1999) una obra maestra del thriller

A muchas películas les gustaría verse ante la perspectiva de llegar a los circuitos de exhibición con una nominación a los (c) Oscar de Hollywood en su haber, ¿verdad? Pues imaginaros lo que debió suponer para el equipo de “El Sexto sentido” cuando vio la luz, por allá un lejano ya 1999, con seis nominaciones (incluidas las de: mejor película, director, montaje y guion original) bajo los brazos. Sin lugar a duda, todo un preludio de éxito comercial.

Seguramente, quince años después, casi todo el mundo conoce el argumento de este clásico del cine actual, con todo, os podemos en situación:

La acción de “El Sexto sentido” nos traslada a Filadelfia, justamente en la noche en que el doctor Malcom Crowe (a quien da vida Bruce Willis) toda una eminencia en el campo de la psicología infantil recibe un merecido reconocimiento por su trabajo. En plena celebración, su amada esposa Anna (Olivia Williams), después de felicitarle, le comenta a Malcom que lleva tiempo sintiéndose en un incómodo segundo plano. Sin mucho más tiempo para arreglar las cosas, aparece en la casa un antiguo paciente y dispara al doctor poco antes de quitarse la vida.

El siguiente otoño, el doctor Crowe empieza a tratar al pequeño Cole (a quien pone cara Haley Joel Osment), un introvertido y tímido niño de 8 años con serios problemas para relacionarse. Una vez más, Malcom decide anteponer su trabajo a su propia vida, distanciándose misteriosamente de Anna.

Una vez se ha ganado la confianza del pequeño Cole, nuestro protagonista descubre que su paciente cree tener la extraña capacidad de ver y comunicarse con fallecidos, protagonizando la escena con la frase más célebre de “El Sexto sentido”: “En ocasiones veo muertos, aunque ellos creen estar vivos”.

Agotado y casi sin recursos, Malcom decide aprovechar que el miedo parece no bloquear al pequeño Cole recomendándole que intente hablar con los muertos, cosa que, contra todo pronóstico parece funcionar. Como agradecimiento, Cole le propone a nuestro protagonista que él debería hacer lo mismo en su vida, es decir, hablar con su esposa Anna.

Hablar para enfrentarse a los miedos y a los problemas parece la solución para nuestra pareja de protagonistas, pero ¿Malcom habla con Anna? ¿Descubre algo importante? Ohm… nosotros lo sabemos, y creemos que la mayoría de vosotros también, pero como ya os podéis imaginar, en este rincón no encontraréis la respuesta a estas preguntas. Los que sí encontraréis es nuestra particular valoración.

Bajo nuestro punto de vista, en “El Sexto sentido” hay dos cosas que despuntan sobre el resto:


  • Las geniales interpretaciones de sus dos protagonistas, el consagrado Bruce Willis y el pequeño, y por entonces desconocido, Haley Joel Osment
  • El magistral trabajo de M. Night Shyamalan creando la ambientación y clímax envolvente de “El Sexto sentido”.

Ciertamente, estamos ante todo un clásico de la industria del reciente cine comercial, una película totalmente imperdible para cualquiera que le guste el cine, así que, os la recomendamos totalmente para acompañar unas palomitas o simplemente, para tener en la DVD teca de vuestra casa y disfrutarla tantas veces como gustéis. Para nosotros, un más que merecido 8 sobre 10.



“The Sixth sense” – USA – 1999

Dirigida por: M. Night Shyamalan

Duración: 107 minutos

Género: Thriller psicológico