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lunes, 9 de marzo de 2026

Más que rivales (Heated Rivalry): argumento y claves de la temporada 1

Más que rivales (Heated Rivalry) poster temporada 1

La homosexualidad en el deporte profesional ha sido durante décadas un tema rodeado de silencio, misterio y miedo. Aunque el mundo del deporte ha evolucionado en muchos aspectos, los atletas LGTBI siguen teniendo una visibilidad baja en comparación con otras profesiones. La presión mediática, la cultura competitiva y ciertos estereotipos masculinos han hecho que muchos deportistas prefieran mantener su orientación sexual encerrada en el armario durante su carrera.

En los últimos años, cada vez más voces dentro del deporte profesional han empezado a hablar abiertamente sobre diversidad e inclusión, eso sí, el futbol continúa siendo un terreno vedado. Aun así, salir del armario sigue siendo una decisión compleja para muchos atletas, que temen el impacto en su carrera, su relación con los compañeros de equipo o la reacción de los aficionados. Por eso, el debate sobre la homosexualidad en el deporte sigue siendo relevante, especialmente en disciplinas donde la cultura del vestuario y la rivalidad deportiva tienen un peso muy fuerte.

En este contexto, a finales de 2025 se estrenó Más que rivales (Heated Rivalry), una serie que explora precisamente este choque en el deporte de élite, la rivalidad profesional y una relación secreta entre dos jugadores. A través de sus seis capítulos, se exploran temas como la homosexualidad en el deporte profesional, la presión mediática y el miedo a hacer pública una relación en un entorno altamente competitivo.

Argumento de la primera temporada de Más que rivales (Heated Rivalry)

La primera temporada de Más que rivales (Heated Rivalry) comienza en 2008, cuando dos jóvenes promesas del hockey internacional se encuentran por primera vez. Shane Hollander, jugador canadiense interpretado por Hudson Williams, e Ilya Rozanov, estrella rusa interpretada por Connor Storrie, coinciden antes de una final internacional que finalmente gana Rusia. Ese primer encuentro marca el inicio de una rivalidad que pronto se convertirá en una de las más comentadas dentro del hockey profesional.

Seis meses después, ambos dan el salto a la liga profesional norteamericana. En el draft, Ilya Rozanov es elegido por los Boston Ryders, mientras que Shane Hollander es seleccionado por los Montreal Metros. Desde ese momento, sus carreras quedan inevitablemente conectadas: cada enfrentamiento entre sus equipos alimenta una rivalidad deportiva que los medios y los aficionados siguen con gran atención.

Dos años más tarde, tras un partido especialmente intenso, la tensión acumulada entre ambos estalla de forma inesperada y terminan pasando la noche juntos en el hotel del equipo. Ese encuentro cambia por completo su relación. A partir de entonces, Hollander y Rozanov comienzan a mantener encuentros secretos cada vez que sus equipos se enfrentan. Mientras públicamente proyectan una imagen de rivalidad y enemistad sobre el hielo, en privado desarrollan una relación marcada por la atracción, el deseo y una creciente conexión emocional.

La temporada también introduce otras historias dentro del mismo universo. Durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, el jugador Scott Hunter conoce a Kip, camarero en una tienda de batidos cercana a la villa olímpica. Entre ambos surge rápidamente una relación que, al igual que ocurre con Shane e Ilya, debe mantenerse en secreto debido a la presión mediática y al entorno del deporte profesional.

A lo largo de los años que cubre la temporada (entre 2014 y 2016) la relación entre Hollander y Rozanov evoluciona y se vuelve cada vez más compleja. Ambos intentan compaginar su vida pública con relaciones heterosexuales, en parte para evitar sospechas. Mientras Rozanov vive su sexualidad con mayor libertad al asumirse como bisexual, Hollander atraviesa un proceso más personal de aceptación, especialmente tras una relación fallida con una mujer llamada Rose.


Ilya Rozanov y Shane Hollander en una escena romántica de la serie Más que rivales (Heated Rivalry)
Ilya Rozanov y Shane Hollander en una escena de la serie Más que rivales (Heated Rivalry).

El final de la temporada llega cuando Shane invita a Ilya a pasar unos días en su casa de montaña. En ese ambiente más tranquilo y lejos de la presión del hockey profesional, ambos tienen la oportunidad de hablar con sinceridad sobre su relación y sus sentimientos. Ese encuentro marca un punto de inflexión en su historia y deja claro que su vínculo va mucho más allá de la rivalidad deportiva que muestran ante el mundo.

Crítica de la primera temporada de Más que rivales (Heated Rivalry)

La primera temporada de Más que rivales (Heated Rivalry) destaca principalmente por su capacidad para combinar el drama deportivo con una historia romántica intensa. Desde el punto de vista narrativo, la serie utiliza una estructura que recorre varios años de la vida de sus protagonistas, alternando momentos clave de sus carreras deportivas con encuentros personales y sexuales que van desarrollando su relación, permitiendo este recurso mostrarnos la evolución emocional de los personajes sin perder el contexto competitivo del hockey profesional.

A nivel de dirección y puesta en escena, la serie apuesta por un tono íntimo. Muchas de las escenas clave se desarrollan en espacios privados (habitaciones de hotel, vestuarios o encuentros furtivos) lo que refuerza la sensación de clandestinidad que rodea la relación de los protagonistas. En contraste, los partidos y eventos deportivos aportan dinamismo visual y ayudan a recordar constantemente el contexto competitivo en el que viven los personajes.

Interpretaciones y personajes

En el apartado interpretativo, las actuaciones de Hudson Williams como Shane Hollander y Connor Storrie como Ilya Rozanov sostienen gran parte del peso de la temporada. Ambos actores construyen personajes con perfiles muy distintos: Hollander aparece como alguien más contenido, condicionado por la presión mediática y por su dificultad para aceptar su propia sexualidad, mientras que Rozanov se presenta con una personalidad más segura y directa. La química entre los dos intérpretes resulta creíble y es uno de los elementos que mejor funciona en pantalla, tanto en la pista como en los momentos íntimos.

Opinión final: ¿merece la pena ver la primera temporada de Más que rivales (Heated Rivalry)?

Más que rivales es una buena ficción especialmente interesante para reflexionar sobre cómo ha cambiado (y cómo sigue cambiando) la diversidad en el mundo del deporte profesional. El resultado es una temporada que logra mantener el interés del espectador mientras plantea un conflicto poco habitual dentro de las ficciones deportivas.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra <b>nota final para la primera temporada de Más que rivales (Heated Rivalry) es de un 8 sobre 10.



Ficha técnica de Más que rivales


Título original: “Heated Rivalry”

Año de creación: 2025

Año de finalización: 2025 (primera temporada)

Capítulos: 6 (en la primera temporada)



viernes, 1 de octubre de 2021

Cube


Cube (1997) - Poster


El mundo de la ciencia ficción es realmente infinito ya que no depende de fronteras ni de espacios, depende de la creatividad e imaginación de unos afortunados. Con todo, y como espectadores y/o lectores, tenemos que abrir nuestras mentes y pensar que la ciencia ficción no es solo naves espaciales, robots y luchas con armas avanzadísimas (vaya, Star Wars, Marvel, etc.), la ciencia ficción permite una hibridación perfecta con muchos otros géneros.

Uno de estos géneros que se pueden mezclar perfectamente bien con la ciencia ficción, es el del suspense o terror (no hace falta que sea de sangre e higadillos, el terror psicológico también sirve), y tenemos muchas pruebas de ello, por ejemplo “El hoyo”, “Alien”, “Poltergeist” o incluso “It”.

Hoy en este pequeño rincón os queremos traer nuestra reseña de una película que podríamos incluir en este grupo, estrenada en 1997 ganando premios en los festivales de Toronto (mejor director) y en Sitges (mejor película y mejor guion), sí, hoy os hablaremos de la cinta canadiense “Cube” (“El cubo”).

“Cube” empieza fuerte, marcando en una sola escena lo que nos deparará a lo largo de su metraje, sí, en esta escena vemos a un hombre vestido con un mono abriendo una compuerta que hay en la pared de donde está, después de observar, cruza por la compuerta a una sala con cuatro paredes, aunque a la que da un paso, una malla metálica afilada lo mata cortándolo a cubos.

Una vez visto esto, uno a uno, “Cube” va presentando a sus auténticos protagonistas, todos ellos despertando vestidos con un mono con su nombre grabado. Así nos encontramos con Quentin (Maurice Dean Wint) un policía afroamericano, el escapista de cárceles Rennes (Wayne Robson), una doctora de mediana edad llamada Holloway (Nicky Guadagni), Worth (David Hewlett) un arquitecto y la estudiante de matemáticas Leaven (Nicole de Boer).

Después de superar un gran desconcierto ya que, ninguno de ellos se explica que hace dentro de un cubo de color con una compuerta en cada pared (suelo y techo incluidos), ni como han llegado hasta allí. Después de un rato inútil de especulaciones, el grupo decide que únicamente tiene un camino, moverse e intentar buscar una salida, aunque ello conlleva un gran riesgo ya que tienen la certeza de que hay trampas en alguno de los cubos que hay tras las compuertas.

Aunque inicialmente piensan en que las trampas están en los colores de los cubos, pronto un rudimentario método ideado por Rennes les hace descubrir que no. El método es lanzar una bota para ver si dispara algún sensor / trampa. Descartados los colores Rennes les a sus compañeros algunos consejos, el más importante es que “ellos deben encontrar su propio” método.

Como si fuera premonitorio, pocos cubos más allá, la técnica del zapato falla, y Rennes es rociado en la cara con un ácido que, literalmente, le funde la cara matándolo. Demostrado que el sistema de la bota puede fallar, Leaven cuenta al grupo que, unas cajas atrás, ha descubierto en las trampillas combinaciones de 3 números (entre 0 y 999 cada uno) y proponer descubrir su valor.

En base a la observación, Leaven descubre que los cubos con trampa, uno de los números es primo, por tanto, el grupo decide avanzar a las cajas cuya combinación de números no tenga ningún número primo. El sistema parece funcionar, y pueden pasar a otros cubos, en uno de ellos, aparece un nuevo personaje, un joven autista llamado Kazan, el cual, con su comportamiento desata los nervios y agresividad de Quentin.


Uno de los cubos en "Cube"
Un cubo, 6 puertas, la crueldad y un destino



A partir de este punto, la agresividad, los nervios y los nuevos descubrimientos en su avance hacia una posible salida se mezclan entre trampas y muertes de algunos personajes, pero ¿consigue alguien salir del cubo? Como ya os podéis imaginar, nosotros lo sabemos, pero como también os podéis imaginar, no os lo contaremos.

Lo que sí que os contaremos es nuestra visión sobre “Cube” una película de esas que dicen mucho y a la vez dejan mucho a la imaginación de cada espectador.

Argumentalmente ya veis que “Cube” parte de una idea tremendamente fácil, seis personas encerradas en una estructura de cubos, conectados entre sí por cada lado, en los que, cada uno puede o no contener trampas mortales que ponen a prueba los nervios y la destreza de seis personas encerradas sin más recursos que su propia inteligencia.

Técnicamente estamos ante una película realmente sencilla, con un cubo con paredes de color que se junta con otros cubos de otros colores y seis personajes moviéndose por ellos, pero la angustia y la tensión se respira en cada uno de los escasos 90 minutos de metraje de “Cube”, sin lugar a dudas, uno de los grandes aciertos de la película.

En el apartado interpretativo nos encontramos con 6 desconocidos, los cuales se adueñas de sus respectivos personajes para fundirse con ellos consiguiendo una dinámica de grupo donde las particularidades (intelectuales, físicas y de definición del personaje) están plenamente definidas e integradas en la trama de “Cube”.

Como ya os podéis imaginar, “Cube” no es una película para todos los públicos, aunque podríamos considerarla un muy buen exponente dentro del género de ciencia ficción y terror. Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Cube” es de un 7 sobre 10.



Título original: “Cube” – 1997 – Canadá
Dirigida por: Vincenzo Natali
Duración: 92 minutos
Género: Ciencia Ficción, Terror, Thriller

 

jueves, 13 de diciembre de 2018

Mi vida sin mí

Cartel de Mi vida sin mí
Hay momentos en la vida en los que uno agradece alejarse del ruido de las grandes producciones de Hollywood con superhéroes, de las batallas épicas en mundos imaginarios e incluso de las livianas comedias ligeras para tumbarse en el sofá, envolverse en su manta favorita y disfrutar de otra manera, con temas más profundos.

En el equipo sentimos esta necesidad hace unos días, y ni cortos ni perezosos, nos hicimos un hueco en el sofá para hurgar en nuestra DVDteca particular buscando una cinta que nos permitiera disfrutar de una buena película mientras pensábamos. Al final, la elegida fue “Mi vida sin mí” de la barcelonesa Isabel Coixet.

Mi vida sin mí” empieza presentándonos a Ann (interpretada por Sarah Polley), una joven de 23 años madre de dos niñas que vive con Don (Scott Speedman) en una caravana instalada en el jardín de la casa de su madre. Para sacar adelante a su familia, y mientras Don no tiene trabajo, Ann trabaja de limpiadora por las noches, fregando los suelos de la universidad.

Un día, durante una visita al médico descubre que, pese a sus 23 años, la vida que le queda por delante no es muy larga como podía esperar ya que le diagnostican un cáncer terminal. Ann sobrevenida por la dramática noticia que acaba de recibir y viendo que apenas ha conseguido disfrutar de la vida, toma dos decisiones importantes: vivirlo en secreto sin contárselo a nadie (ni a su familia) y hacer una lista con todas las cosas que quiere hacer antes de morir.

Como quien no quiere la cosa, la lista de Ann se llena de cosas como visitar a su padre que está en la cárcel y aún no lo ha visitado, hacer el amor con alguien que no sea el amor de su vida (Don), encontrar a alguien que ayude a su familia cuando no esté, etc. En definitiva, se decide por hacer lo más difícil en estos casos, vivir.

Ajeno a la situación por la que está pasando Ann, su marido Don finalmente encuentra trabajo como montador de piscinas mostrando a todo el mundo que, de una vez por todas su familia está levantando cabeza.

Una noche, mientras Ann prepara sus próximos pasos en una solitaria cafetería, conoce a Lee (Mark Ruffalo) un hombre solitario y callado que vive su particular drama de abandono. Como un auténtico flechazo, Ann y Lee en base a un curioso juego de silencios y miradas se acaban enamorando, aunque con dos hándicaps importantes por parte de Ann, que está felizmente casada y que, como os hemos contado, está en la recta final de su vida, la relación entre ambos avanza como un bálsamo vital para los dos.

Como ya os podéis imaginar, dejaremos aquí nuestro desarrollo argumental, pues aunque le desenlace final es más que obvio, quizá no lo es tanto lo que sucede hasta llegar a él, por tanto, para saber más, os recomendamos buscar “Mi vida sin mí” y verla de comienzo a fin.

Técnicamente os diremos que, para nosotros, “Mi vida sin mí” es una película brillante ya que consigue dar un enfoque diferente a una situación tan dura como el afrontar la propia muerte. Para conseguirlo, Coixet se sirve de crear un ambiente con escenas intimistas, muchos juegos de miradas, una BSO perfectamente escogida y un conjunto de secundarios que aportan unas píldoras de comedia y frivolidad creando un entorno de complicidad y frescura con el espectador.

Desde el punto de vista interpretativo nos encontramos ante dos grandes interpretaciones, las de sus dos actores protagonistas, Sarah Polley y Mark Ruffalo quienes consiguen en base a ternura, implicarnos en su resurgimiento vital, aún y a sabiendas que su vida se agota. Brillante su trabajo.

En resumen, pese a la dura temática “Mi vida sin mí”, el tratamiento de la misma y el positivismo que desprende, la convierten, para nosotros, en una película más que recomendable, siendo nuestra nota final para ella, de un 7.5 sobre 10.




Título: “My life without Me” – 2003 – España – Canadá
Dirigida por: Isabel Coixet
Duración: 106 minutos
Género: Drama, romántico