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sábado, 12 de septiembre de 2026

El maestro que prometió el mar (2023): cuando enseñar era un acto de rebeldía

El maestro que prometió el mar (2023), póster de la película

Hay películas que hablan de la Historia y otras que consiguen que la Historia nos mire directamente a los ojos. El maestro que prometió el mar pertenece a las segundas. Una de esas historias que empiezan hablando de un profesor y terminan recordándonos que educar, enseñar a pensar y tratar a los niños como personas también puede ser una forma de cambiar el mundo.

La película recupera la figura de Antoni Benaiges, un maestro que llegó a un pequeño pueblo de Burgos en los años treinta con unas ideas bastante revolucionarias para la época: enseñar de otra manera, dar voz a sus alumnos y demostrarles que el mundo era mucho más grande que aquello que podían ver desde su pueblo. Y sí, también les prometió el mar. El problema es que llegó una época en la que hasta soñar podía convertirse en un acto de rebeldía.

El maestro que prometió el mar es cine de memoria, pero también de presente. Porque mientras algunos siguen empeñados en pasar página sin haber leído siquiera el libro, películas como esta nos recuerdan que hay historias que no deberían enterrarse con quienes las vivieron. Y que quizá una de las mejores maneras de entender el pasado sea escuchar a quienes durante demasiado tiempo no pudieron contar su historia.

Sinopsis de El maestro que prometió el mar

En 1935, Antoni Benaiges llega como maestro a Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, con una manera de enseñar que poco tiene que ver con la escuela tradicional. Frente a una educación basada en la disciplina y la memorización, Benaiges apuesta por la libertad, la participación de sus alumnos y una enseñanza que les permita imaginar que hay un mundo mucho más grande ahí fuera.

Entre sus proyectos está uno que ilusiona especialmente a sus alumnos: viajar hasta Cataluña para conocer el mar, algo que ninguno de ellos ha visto jamás. Pero el estallido de la Guerra Civil truncará sus planes y convertirá aquel pequeño pueblo en escenario de una historia de represión, violencia y miedo. Una historia que, como tantas otras, acabará escondida bajo tierra, en las fosas donde quedaron los restos de quienes fueron asesinados durante aquellos años.

Décadas después, la nieta de uno de sus alumnos intenta reconstruir qué ocurrió realmente con Benaiges. La búsqueda de sus restos y la investigación sobre aquel maestro conectan el pasado con el presente y sirven para recuperar no solo su historia, sino también la de tantas personas que permanecieron durante décadas en el anonimato. Porque a veces desenterrar una fosa significa mucho más que encontrar unos restos: significa devolverles un nombre, una historia y, por fin, un lugar en la memoria.

Crítica de El maestro que prometió el mar

El maestro que prometió el mar es de esas películas que no necesitan levantar la voz para dejarte pensando. Y quizá ahí está una de sus mayores virtudes: cuenta una historia durísima desde la emoción, pero sin convertirla en un catálogo de desgracias. Porque detrás de Antoni Benaiges hay mucho más que un maestro represaliado: hay una forma de entender la educación, la libertad y la dignidad que resulta sorprendentemente actual.


Antoni Benaiges con sus alumnos en 1935
Antoni Benaiges y sus alumnos en 1935

La película funciona especialmente bien cuando se centra en Benaiges y en su relación con sus alumnos. Su manera de enseñar, basada en la curiosidad, la imaginación y la participación, contrasta brutalmente con el ambiente que se respiraba en la España de 1935. Y ese contraste hace que entendamos que aquello que hoy puede parecernos tan básico (que un niño pueda expresarse, preguntar o imaginar su futuro) en aquel momento podía resultar tremendamente revolucionario.

Pero El maestro que prometió el mar no se queda en el aula. La historia contemporánea, con la investigación de Ariadna para descubrir qué ocurrió con aquel maestro y localizar sus restos, sirve para recordarnos algo que sigue siendo incómodo: durante décadas hubo familias que no pudieron enterrar a los suyos, ni siquiera saber dónde estaban. Las fosas no son simplemente un elemento histórico de la película; son la representación física de una memoria que alguien decidió esconder y que otros llevan años intentando recuperar.

Y aquí la película pega donde tiene que pegar. Porque hablar de memoria histórica no debería ser abrir una guerra entre quienes quieren mirar al pasado y quienes prefieren olvidarlo. Es algo bastante más sencillo: saber quiénes fueron aquellas personas, qué les ocurrió y dónde están. No parece una petición especialmente radical. Bueno, salvo que pensemos que hasta los muertos tienen que seguir haciendo cola para que se reconozcan sus derechos.

A nivel cinematográfico, la película apuesta por la emoción y por un relato accesible, sin complicarse innecesariamente. En algunos momentos puede resultar demasiado evidente hacia dónde quiere llevarnos, pero cuesta reprochárselo cuando consigue que la historia de Benaiges traspase la pantalla y despierte interés por conocer qué ocurrió realmente.

Y ahí está su gran triunfo. Porque una película sobre memoria histórica puede hacer muchas cosas, pero si consigue que al terminar quieras saber más sobre sus protagonistas, sobre las fosas y sobre todas esas historias que quedaron silenciadas, ya ha conseguido algo importante. El maestro que prometió el mar no pretende cambiar la Historia. Pretende algo mucho más necesario: que no nos olvidemos de ella.

Personajes e interpretaciones

Enric Auquer se mete de lleno en la piel de Antoni Benaiges y consigue transmitir la cercanía, entusiasmo y humanidad de un maestro que entendía la educación de una manera muy diferente a la de su tiempo. Su interpretación evita convertirlo en un personaje perfecto y lo hace cercano, creíble y, sobre todo, fácil de querer.


Ariadna ante una de las fosas comunes de la Guerra Civil
Ariadna ante una de las fosas comunes de la Guerra Civil

Laia Costa, como Ariadna, carga con la parte más contenida y emocional de la historia. Su personaje funciona como puente entre el presente y ese pasado que se resiste a desaparecer, y la actriz consigue que su búsqueda resulte íntima sin caer en el dramatismo fácil.

Y luego están los alumnos de Benaiges, auténticos protagonistas de esa pequeña revolución educativa. Sus interpretaciones aportan naturalidad y ayudan a entender por qué aquel maestro dejó una huella tan profunda. Porque, al final, la mejor prueba de que un profesor ha hecho bien su trabajo no está en las notas: está en lo que sus alumnos recuerdan de él.

¿Merece la pena ver El maestro que prometió el mar?

El maestro que prometió el mar es una película que emociona, pero lo más importante es que consigue que esa emoción tenga un propósito. No se limita a contarnos la historia de Antoni Benaiges: nos recuerda que detrás de cada fosa hay personas, familias y vidas que quedaron interrumpidas. Y que recuperar sus nombres no es vivir anclados en el pasado, sino entenderlo para no volver a cometer los mismos errores.

Puede que en algunos momentos la película subraye demasiado sus intenciones y que el camino emocional sea bastante previsible, pero sinceramente, cuesta que eso termine importando demasiado. La historia tiene fuerza, las interpretaciones funcionan y el contraste entre la ilusión de aquellos niños y la oscuridad que se cierne sobre ellos consigue dejar huella.

¿Merece la pena? Sí, y bastante. Porque además de ser una película bien contada, consigue algo que no siempre logra el cine: despertar curiosidad. Después de verla dan ganas de investigar quién fue Benaiges, qué ocurrió con él y cuántas historias similares siguen esperando a ser recuperadas. Y si una película consigue que queramos mirar debajo de la tierra para encontrar nuestra memoria, quizá ya ha cumplido de sobra su cometido.

Nota final: 8 / 10.



Ficha técnica de El maestro que prometió el mar

Título original: El Mestre que va prometre el mar

Año: 2023

Director: Patricia Font

Duración: 105 minutos

Género: Drama



lunes, 15 de septiembre de 2025

El cautivo (2025), crítica y análisis

Póster oficial de El cautivo, película sobre Miguel de Cervantes y su cautiverio en Argel

Crear una película enmarcada dentro del género de cine histórico es, en la mayoría de las ocasiones, como meterse en un berenjenal ya que, casi siempre, es completamente imposible hacer un reflejo fiel de la época o los actos que se quieren contar, más que nada, porque cada uno tiene su visión e interpretación de los hechos.

Con todo, son muchos los directores que lo han intentado con más o menos éxito y sobre todo, con más o menos polémica, ahí tenemos, por ejemplo a Ridley Scott y sus “Gladiator” o incluso al hispano-chileno Alejandro Amenábar con su “Ágora” o más recientemente con “El Cautivo”.

Y es precisamente esta última, “El cautivo” de Alejandro Amenábar, la película que os queremos comentar hoy, sobre todo porque ha llegado a nuestros cines rodeada de una gran polémica provocada por aquellos a los que, un beso entre dos hombres duele más que cualquier guerra.

“El cautivo” es la, hasta el momento, última apuesta de Alejandro Amenábar en el cine después de seis años sin ningún estreno y nos cuenta el cautiverio vivido por el célebre escritor español Miguel de Cervantes en Argel.

“El cautivo” empieza situándonos en el Argel de 1575, justo en el momento en que un grupo de corsarios llega a la ciudad con un grupo de presos, durante la subasta de estos, descubrimos que entre ellos está un joven con un brazo dañado, Miguel de Cervantes (a quien da vida Julio Peña), cuando van a matarlo por ‘inútil’ para la venta, este saca un documento en el que indica que se trata de un “principal” lo cual hace que el gobernador, Hasán Bajá (interpretado por Alessandro Borghi) lo mantenga en cautiverio junto al cura inquisidor Blanco de Paz (interpretado por Fernando Tejero) y los soldados Diego de Castañeda y Beltrán.

Desde el primer momento, Cervantes descubre la extrema la dureza de la presión, donde los castigos físicos, psicológicos y mutilaciones están en el orden del día, y todo, mientras espera su único camino de salida, que alguien pague su rescate.

La única liberación que tiene Cervantes es la lectura, lectura que le proporciona otro preso, el clérigo Antonio de Sosa (interpretado por Miguel Rellán) quien pasa sus horas escribiendo. Viendo que él le sirve para evadirse de sus problemas, Cervantes decide empezar a contar las historias que lee y algunas que se inventa a sus compañeros de prisión.

Una de estas historias llama la atención de Hasán Bajá provocando que este le lleva sus dependencias, donde debe conseguir, con la continuación de la historia, sorprender al gobernante. Cuando lo consigue, recibe como premio, un día de libertad para estar en la ciudad.

En su paseo por Argel, Cervantes descubre la vida de la ciudad, donde la libertad se respira en cada esquina y alguna barberías, son punto de encuentro entre hombres jóvenes.

Poco a poco, la relación en Bajá y Miguel de Cervantes va tomando una extraña afinidad, entre confesiones de uno y otro, lecturas de libros, baños y momentos íntimos en el Hammam privado del gobernante.

Miguel de Cervantes contando historias a los presos durante su cautiverio en Argel
Miguel de Cervantes relatando historias a los presos durante su cautiverio en Argel

Todo esto sin dejar de urdir planes de fuga en los que, el fracaso y las traiciones se combinan en número y forma.

Os preguntaréis, ¿consigue Miguel de Cervantes salir de la prisión? Es obvio que sí, pues en su cautiverio en Argel aún no había escrito “Don Quijote de la Mancha”, pero no os contaremos ni como lo hace ni cuándo.

Técnicamente os diremos que, en el equipo aplaudimos la iniciativa argumental de Amenábar, arriesgando al contarnos una parte muy desconocida de la vida de Miguel de Cervantes, su cautiverio en Argel y lo hace proponiéndonos la idea de una relación personal (bastante homoerótica) con su captor. Para muchos, un ultraje, pero bien visto, no seria descabellado teniendo en cuenta, tanto la forma de vida en la sociedad de Argel como los deseos de libertad y lucha por la vida del propio Cervantes.

Con todo, y pese a la provocación que busca Amenábar, el resultado final acaba siendo demasiado cojo ya que, si bien es verdad que la reflexión sobre la libertad, el reflejo del sufrimiento físico, los dilemas morales y el poder de la palabra se tratan con maestría, “El cautivo” peca y mucho, de un ritmo irregular en su narración y de una falta de profundidad y definición de varios de sus personajes.

Uno de los puntos fuertes de “El Cautivo” es, sin lugar a duda, el aspecto visual resultando una película perfectamente cuidad, tanto en relación con el vestuario, a la atmósfera que se respira en el Argel del S.XVI, sus palacios, patios, etc.

Por otro lado, uno de sus grandes hándicap o puntos débiles de “El cautivo” es para nosotros, que en ella se han querido tocar demasiados temas (la homosexualidad, el poder, la traición, el fanatismo, la resiliencia, etc.) y desgraciadamente, no todos son tratados ni con la misma fuerza ni destreza.

Interpretativamente hablando, “El cautivo” os diremos que nos ha gustado mucho el trabajo de un secundario, Miguel Rellán dando vida al padre Sosa, por el contrario, Julio Peña dando vida al gran protagonista, Miguel de Cervantes, pese a gustarnos, nos ha dejado bastante más fríos quizá, porque su personaje merecía más definición o más profundidad.

Para nosotros, “El cautivo” es una película con grandes momentos, con una buena reflexión pero que, desgraciadamente se queda muy corta con lo que hubiese podido ser. Sin lugar a duda, no es de lo mejor de Amenábar.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “El cautivo” es de un 6 sobre 10.



Título original: “El cautivo” – España – 2025

Dirigida por: Alejandro Amenábar

Duración: 133 minutos

Género: Drama, histórico


viernes, 6 de junio de 2025

Fuegos artificiales (2023), crítica y análisis

¿Cuántas veces hemos escuchado frases como “yo no quiero un hijo así” o incluso “prefiero un hijo muerto a un hijo gay”? Desgraciadamente, todavía demasiadas. Palabras que siguen doliendo hoy en día y que no solo afectan al colectivo LGTBIQ, sino a cualquiera con un mínimo de empatía y conciencia social.

Partiendo de esa herida abierta, hoy queremos hablar de una película que recupera uno de los episodios más oscuros y silenciados de la historia reciente de Italia: el conocido como crimen de Giarre. Ocurrido en octubre de 1980, este doble asesinato acabó con la vida de dos jóvenes cuyo único “delito” fue amarse. Más de cuarenta y cinco años después, el crimen sigue sin resolverse.

Argumento de Fuegos artificiales

En esta entrada nos centramos en “Fuegos artificiales” (“Stranizza d’amuri”), la ópera prima del cineasta siciliano Giuseppe Fiorello. Una película íntima y contenida, que no necesita gritar para hacerse oír y que se acerca con delicadeza a una Sicilia anclada en el tiempo, utilizando el silencio y la mirada para hablar de amor, miedo y represión en un contexto marcado por la homofobia y el peso de la tradición.

“Fuegos artificiales” nos desplaza a un ya lejano 1982, con una sociedad volcada totalmente en la celebración del mundial de futbol. En un pequeño pueblo de Sicilia nos encontramos con Gianni (interpretado por Samuele Segreto), un chico de 17 años marcado por un episodio reciente de su vida fue visto en un coche en actitud romántica con otro chico.

Gianni trabaja en el taller de motos de su padrastro y es acosado, maltratado y agredido casi a diario por un grupo de vecinos que frecuentan el único bar del pueblo, su único delito es ser homosexual.

Un día, tras repeler un intento de violación por parte de uno de los vecinos, Turi, huye con una motocicleta siendo perseguido por Turi. En un cruce y tras ser empujado, choca con otra motocicleta, conducida por Nino (a quien da vida Gabriele Pizzurro).

Nino es un joven extrovertido, de 16 años, hijo de una familia humilde de un pueblo vecino el cual aprende el oficio de su padre, propietario de un pequeño negocio de pirotecnia.

Poco a poco ambos jóvenes se van acercando, primero en una tierna amistad (ambos se sienten solos y desplazados), y tras unas tardes de baños en el río, paseos en moto, etc., en un bello y sincero enamoramiento.

Nino mirando con cariño a Gianni bajo los fuegos artificiales
Nino mirando con cariño a Gianni

Gianni pronto deja el taller de su padrastro para pasar a trabajar en la cantera del tío de Nino, para posteriormente trabajar en la pirotecnia del padre de Nino sustituyendo a este tras un ataque de asma que lo aparta de la pólvora.

Tragedia y lucha por el amor

Por desgracia para Nino y Gianni, son vistos por una vecina dándose un beso bajo la lluvia y, sin dudarlo mucho va a decírselo a Lina, la madre de Gianni. A Lina, se le viene el mundo abajo, algo que no pasa con el machismo de su marido y padrastro de Gianni. Al revés de lo que podríamos esperar de una madre que quiere a su hijo, Lina llama a la madre de Nino y le cuenta la mala imagen (la homosexualidad) de su hijo creando un auténtico cisma en la familia, tanto que Alfredo, el padre de Nino como su tío arremeten contra el chico con violencia y le impiden volver a ver a Gianni.

La vida de Gianni vuelve al pasado, trabajando en el taller de motos de su padrastro y encerrándose en casa, hasta que, un día, el tío de Nino y dos chulos le agreden violentamente en plena calle sin que nadie mueva un dedo.

Tras unos días separados y hundidos psicológicamente, el día de la final del mundial de futbol, Nino sale en busca de Gianni y ambos se alejan del pueblo para estar juntos… y, como os decimos siempre, hasta aquí lo que podemos contaros de la historia de “Fuegos artificiales”.

Crítica de Fuegos artificiales

Técnicamente os diremos que “Fuegos artificiales”, bajo la dirección del debutante Fiorello consigue transmitirnos una historia durísima con total sensibilidad respetando al máximo a los personajes. Esta película es un auténtico ejercicio de realismo emocional con una necesidad, a veces excesiva de embellecer el dolor que sufren.

El montaje de “Fuegos artificiales” se mueve entre la lentitud durante los momentos más íntimos a cortes rápidos en las secuencias más agresivas, aunque si peca en algo, es en cierta lentitud, sobre todo, en su tramo final.

Interpretaciones y personajes

Interpretativamente hablando,  os diremos que, tanto Segreto (Gianni) como Pizzurro (Nino) sostienen completamente “Fuegos Artificiales” con unas interpretaciones sinceras y sentidas. Segreto, nos dibuja un Gianni frágil, marcado por la homofobia que le rodea aunque nunca pierde el deseo de vivir libremente, y Nino nos da frescura y desparpajo. Sin lugar a duda, ambos maravillosos.

Opinión final: ¿merece la pena ver Fuegos artificiales?

“Fuegos artificiales” nos cuenta una historia sencilla donde dos adolescentes se conocen, se descubren, se acercan y se enamoran, y todo, en una Sicilia de 1982 que eso, no tenía espacio, pero sí muchos nombres despectivos. A nosotros no ha emocionado, nos ha marcado. Sin lugar a duda, “Fuegos artificiales” es un acto de memoria y justicia.

“Fuegos artificiales” es una película íntima que va creciendo en el estómago a medida que se acerca su desenlace. Porque nunca debió de pasar. Porque sigue pasando.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Fuegos artificiales” es de un 7.5 sobre 10.



Ficha técnica de Fuegos artificiales

Título original: Stranizza d’amuri

Año: 2023

Director: Giuseppe Fiorello

Duración: 134 minutos

Género: Drama, romántico, LGTBI,



lunes, 5 de mayo de 2025

El baile de los 41 (2020), crítica y análisis

El baile de los 41 - Poster

La represión social en el cine es un tema que ha sido explorado por distintas producciones y en diferentes épocas, géneros e incluso, contextos culturales. Por desgracia, ha habido muchos ejemplos y muchos casos en los que la propia sociedad o el Estado han ejercido discriminación o violencia hacia ciertos grupos o personas por considerarlos “otros” o “diferentes” por su orientación sexual, género, raza o ideología.

Muchas películas han utilizado el cine como herramienta de denuncia retratando la represión social, la lucha por superarla con el fin, sobre todo, de visualizar una situación injusta. Por ejemplo podemos encontrar “Milk” con la lucha del primer políticos abiertamente gay en EE.UU. o “Roma” con su lucha de clases y represión política.

En esta entrada, os queremos recomendar una película tan desconocida por gran parte de la sociedad como el propio hecho que denuncia, os hablamos de la película mexicana de 2020 dirigida por David Pablos que lleva por título: “El baile de los 41”.

Argumento de El baile de los 41

Para aquellos que no lo sepan, “El baile de los 41” no tiene nada que ver con la celebración de una aniversario, “El baile de los 41” es el nombre con el que fue bautizado el escándalo social sucedido en el México de comienzos del siglo XX, cuando una redada policial detuvo a 41 hombres, homosexuales, durante una fiesta privada.

“El baile de los 41” empieza desplazándonos a Ciudad de México, a finales del pasado siglo XIX, donde nos encontramos con Ignacio de la Torre (interpretado por Alfonso Herrera), diputado al congreso en vísperas de casarse con Amada Díaz (a quien da vida Mabel Cadena), la hija del presidente de México Porfirio Díaz.

Ignacio y Amada contraen matrimonio, pero pronto nos damos cuenta de que algo no funciona entre la pareja ya que, aunque Amanda está completamente enamorada de él, Ignacio parece ausente y muy distante cuando está con ella y más en la cama donde, como se dice vulgarmente, el hombre no funciona, y cuando lo hace continua totalmente ausente.

Un día, en los pasillos del congreso, Ignacio se cruza con un hombre con quien, sin pensarlo mucho, entabla conversación, es Evaristo Ribas (Emiliano Zurita) un joven con el quien, sin pretenderlo prende no solo una amistad si no también un enamoramiento.

Muchas noches, Ignacio o no vuelve a su casa marital o vuelve muy tarde, dejando a solas a su esposa quien, poco a poco se va comiendo la cabeza pensado que su esposo tiene una aventura, lo cual no se aleja mucho de la realidad ya que, muchas noches las pasa con Evaristo y otras en una casa donde, regularmente se junta un grupo de homosexuales para conversar, bailar y, de vez en cuando, tener sexo.

Paralelo a todo esto, Ignacio se quiere postular a Senador, manteniendo eso sí el soporte a su suegro, aunque este empieza a sospechar del matrimonio tan idílico que tienen su yerno y su hija.

Tragedia y caída

A finales de 1901, durante una acción ilegal de la policía, estos entran en la casa donde se celebran los encuentros homosexuales y detienen a los 42 participantes en la misma. Con todo, y antes de que la noticia vea la luz, uno de ellos se cae de la lista, Ignacio, y todo, para evitar el escándalo que supondría para la familia del presidente Porfirio Díaz.


El baile de los 41: Ignacio y Evaristo en una escena de la película
Ignacio y Evaristo en El baile de los 41

A partir de aquí la historia se acerca a su desenlace contándonos el hundimiento mental de Ignacio al ver que sus amigos han sido detenidos y las torturas a las que estos han sido sometidos, pero eso, nos lo guardaremos celosamente de la misma manera que la historia ha arrinconado los hechos reales de “El baile de los 41”.

Crítica de El baile de los 41

Técnicamente os diremos que “El baile de los 41” es una película artísticamente muy bella con una ambientación cuidada y reproducida al detalle tanto en lo referente al vestuario como reforzando el contraste entre lo público y lo privado, lo permitido y lo prohibido. Todo ello usando una paleta cromática llena de tonos íntimos.

Argumentalmente os diremos que “El baile de los 41” dispone de un guion que, basándose en hechos históricos reales consigue una mezcla casi perfecta entre realidad y dramatización dando especial importancia a temas como el poder, la doble moral y la identidad sexual.

Desde el punto de vista interpretativo, creemos muy importante remarcar el trabajo de Alfonso Herrera quien se entrega por completo a su complejo Ignacio de la Torre, transmitiendo sutileza, deseo, miedo y frustración, muy buen trabajo. También nos ha gustado mucho Emiliano Zurita dando vida a su Evaristo Rivas, un hombre sensible, idealista y fresco que, además, mantiene una gran química con Alfonso. Por tanto, genial su trabajo, solvente emocional y artísticamente.

Opinión final: ¿merece la pena ver El baile de los 41?

"El baile de los 41"no solo revive un escándalo olvidado. Le da voz a quienes la historia quiso borrar. Y nos recuerda que aún hoy, amar libremente sigue siendo un acto revolucionario.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “El baile de los 41” es de un 7 sobre 10.



Ficha técnica de El baile de los 41

Título original: El baile de los 41

Año: 2020

Director: David Pablos

Duración: 90 minutos

Género: Drama, LGTBI



sábado, 28 de octubre de 2017

La reina Victoria y Abdul (2017), análisis y crítica


Cartel de La Reina Victoria y Abdul
Hay ocasiones en que ves una película en la cartelera de tu cine y te llama la atención, pero no lo suficiente como para lanzarte a verla el fin de semana de su estreno. En estos casos, los miembros este equipo acostumbramos a optar por esperar a leer las primeras críticas, pero no las profesionales, sino las de los aficionados.

Un poco esta es la situación que vivimos con “La reina Victoria y Abdul”, la película de la que os queremos hablar en esta crítica. La vimos en cartelera a mediados de septiembre pero nos frenamos hasta conocer las valoraciones de más aficionados. Al final, optamos por verla y lo hicimos, como debe ser, en pantalla grande.

La historia de “La reina Victoria y Abdul” nos lleva directamente a la India imperial británica de 1887. Allí nos encontramos con el joven Abdul Karim (Ali Fazal), quien trabaja de escribiente en la cárcel de Agra. Un día, en los meses previos a la conmemoración de los 50 años del reinado de Victoria I de Inglaterra, Abdul es seleccionado junto a Mohammed para ser los sirvientes de la reina en la corte.

Después de dos largos meses de travesía, Abdul y Mohammed llegan a Inglaterra, donde rápidamente son aleccionados por el personal de palacio con el fin de convertirse en dos sirvientes más. Pese a los esfuerzos del servicio, muy pronto Abdul se saltará las normas y entrará en contacto la reina Victoria I (interpretada por Judi Dench).

A partir de este primer contacto, todo se precipita en palacio ya que Abdul se convierte de la noche a la mañana en el criado personal de la reina mientras Mohammed, su amigo, queda totalmente relegado a un tercer plano viendo como sus posibilidades de volver pronto a la India se esfuman sin remedio.

La reina, sumida en un proceso de profundo agotamiento y sin más deseo que el de acabar pronto sus días, ve en el joven Abdul un soplo de aire fresco en su vida, una persona que, pese a todas las distancias sociales, le habla de tú a tú, dándole la fuerza suficiente para volver a revivir.

Al poco tiempo, las primeras voces contrarias a Abdul empiezan a sonar en palacio, provocando que la reina haga que Abdul pase de ser su criado personal a ser su “munshi”, su maestro, integrándolo así en los viajes, aprendiendo urdu (la lengua de la comunidad musulmana en la India) junto a él, etc.

La rápida ascensión de Abdul dentro de palacio provoca la contundente reacción de los cortesanos, los cuales no entienden ni quieren entender la relación de la reina con su “munshi”. Y, como bien os podéis imaginar, aunque “La reina Victoria y Abdul” es una cinta biográfica, no vamos a extendernos más hablándoos de su argumento.

Como en la mayor parte de películas biográficas, la mayor parte del peso en su éxito o su fracaso recae sobre su protagonista. En esta ocasión, tanto Judi Dench en su papel de reina Victoria como Ali Fazal dando vida a Abdul Karim hacen un trabajo brillante como protagonistas absolutos de “La reina Victoria y Abdul”. La veterana Dench borda su papel de insoportable (y a la vez entrañable), deprimida, irritable y obscenamente poderosa reina Victoria, mientras que Fazal nos hace creer enteramente en su personaje y en la fuerza de la verdad, la amistad y la ilusión por encima de todos los prejuicios. En cuanto a los secundarios, la verdad es que no desentonan en absoluto, creando y dando vida a una nube de personajes tan repelentes y odiosos que parecen una orden de buitres esperando pacientemente para hacerse con su presa (la propia reina Victoria).

De todas formas, una de las cosas que más nos ha gustado ha sido la recreación de la fastuosa vida de la monarca, la cual es, sin dudas, totalmente contrapuesta a la vida llevada por el humilde personaje de Abdul Karim, tratando sin pelos en la lengua temas tan candentes como la hipocresía, el racismo, el clasismo y la bajeza humana, haciéndolo mediante la introducción de pequeños momentos de comedia combinados con otros de extrema dureza. Por el contrario, como puntos negativos de “La reina Victoria y Abdul” indicaremos únicamente un ritmo que en algunos momentos puntuales resulta excesivamente lento, así como lo plano del propio argumento, siendo posible predecir en muchas secuencias lo que ocurrirá en la próxima.

Con todo, nuestra nota final para “La reina Victoria y Abdul” es de un 7 sobre 10.


Título original: “Victoria and Abdul” – 2017 – Reino Unido
Dirigida por: Stephen Frears
Duración: 112 minutos
Género: Drama, Biográfico


viernes, 29 de junio de 2012

La lista de Schindler (1993), obra maestra del cine

La lista de Schindler
Parece mentira que una película perteneciente al más puro círculo comercial pueda provocar el alud de sentimientos y sensaciones que nos genera “La lista de Schindler” cada vez que la vemos.

Sí, habéis leído bien, “cada vez que la vemos”, pues aunque en esta ultima ocasión no pudimos estar el equipo al completo, sí que todos los miembros la hemos visto ya alguna que otra vez, y siempre acabamos emocionados ante la dureza de la historia, la belleza estética y la banda sonora de la película.

Parece mentira que una película con casi 20 años (se estrenó en 1993) continúe impactando como impacta, pero es lo que tienen los grandes clásicos, pasa el tiempo y continúan ahí, emocionando como el primer día.

El inicio de la historia nos sitúa en la Cracovia (Polonia) de 1939, pocos días después de la entrada triunfal de las tropas de Hitler en la ciudad, en el preciso momento en que la comunidad judía recibe la orden del gobernador nazi de censarse. Mientras, un recién llegado a la ciudad, vestido elegantemente, con grandes fajos de dinero, y una esvástica colgada en la solapa de la americana empieza a hacerse visible por los locales nazis más frecuentados. Es Oskar Schindler (Liam Neeson) un joven y ambicioso empresario alemán.

Días más adelante, y en medio de un creciente ambiente de humillación hacia los judíos, un Schindler crecido se pone en contacto con Itzhak Stern (Ben Kingsley) un prestigioso contable judío para que este acepte convertirse en el contable de la que será su futura empresa de esmaltados. A regañadientes, Stern acepta la oferta cuando Schindler le confirma que en su empresa únicamente trabajarán judíos.

Tiempo después, los judíos son desalojados con malas maneras de sus casas y obligados a instalarse en un gueto de Cracovia. En ese momento empieza el reclutamiento de lo que Schindler considera ‘hombres esenciales’ para su proyecto, tarea que evidentemente le deja en manos de Stern.

La vida en el gueto cada empeora día a día, tanto que a comienzos de 1943 se inicia el desalojo del mismo, camino del recién inaugurado campo de trabajo de ‘Plaszow’. El desalojo, observado a lo lejos por Schindler, se convierte en un auténtico exterminio.

Plaszow, bajo la dirección del déspota Goeth (Ralph Fiennes) se convierte en el dormitorio de los trabajadores de Schindler y, a la vez, en la plataforma de lanzamiento hacia los campos de exterminio de Auschwitz.

Esto dura hasta mediados de 1944, cuando Goeth recibe la orden de exterminio de los presos enfermos de Plaszow y la deportación del resto a Auschwitz. Este momento es cuando Schindler decide usar todos sus recursos para salvar al máximo número de judíos de la muerte.

En una dura negociación con Goeth, nuestro protagonista compra la vida de unos 1200 presos para emplearlos en su empresa, reconvertida a la fabricación de armamento.

Schindler y Stern redactando la lista
 
Como estamos ante una película basa en hechos reales (URL), podríamos contaros como acaba, pero no lo haremos, como no contaremos ninguna de las durísimas secuencias que Steven Spielberg nos hace vivir en esta película.

Hacer una valoración de “La Lista de Schindler” la verdad es que se nos antoja algo complicado pues, siendo imparciales (como siempre intentamos ser), deberíamos valorar lo positivo y lo negativo de cinta, y en este último grupo la verdad, nos cuesta encontrar cosas.

Técnicamente nos parece una película que roza la perfección, con una banda sonora de John Williams que realmente te hace vivir cada segundo, con una escenografía que te hace poner los pelos de punta (recordaremos siempre la imagen de esa niña, imagen de la inocencia cruzando, entre balas, asesinatos y sangre, las calles de un desalojado gueto).

La lista de Schindler Niña de Rojo
Impactantes secuencias de la inocente niña de rojo

El guión también es remarcable con frases como:

“¿El negocio va bien? Sí, señor. ¿Hay algún motivo para pensar que el mes que viene irá peor? Podría acabar la guerra…”
“De esta fábrica no saldrá nunca una munición que pueda matar a una persona”
“Poder es cuando tenemos justificación para matar, y no lo hacemos”
“Quién salva una vida, salva al mundo entero”

En cuanto a las interpretaciones, nos gustaría remarcar especialmente dos, la del gran Ben Kingsley (Itzhak Stern), y la de Liam Neeson (Schindler). El primero por la personalidad, dura y sensible a la vez que impregna al personaje, y el segundo, por llenar la historia con un personaje que vira de egoísta a gran hombre durante el trascurso de las casi tres horas de metraje.

Desde el punto de vista negativo, quizá únicamente mencionar el excesivo metraje de la película, 195 minutos, aunque teniendo en cuenta la gran cantidad de cosas que nos cuenta, en ningún momento llega a hacerse pesada.

Los del equipo valoramos a esta película con un 9 sobre 10, y celebramos los merecidísimos 7 Oscars que consiguió en 1993 (director, película, guión, montaje, música, dirección artística y fotografía), posiblemente pocas veces tan merecidos como en esta ocasión. 







Título original: “Schindler’s List”  - 1993 – USA
Duración: 195 minutos
Dirigida por: Steven Spielberg
Género: Drama, Histórica