La obra musical "Wicked" nació como una reinvención del universo de Oz enfocado, eso sí, desde la perspectiva de sus "villanas". Inspirada en la novela "Wicked: Memorias de una bruja mala" de Gregory Maguire, la historia replantea la amistad y el conflicto entre Elphaba y Glinda antes de los acontecimientos narrados en "El mago de Oz".
El musical que cuenta con música de Stephen Schwartz, transforma rápidamente el imaginario clásico en un relato contemporáneo sobre la diferencia, el poder y la construcción de la identidad, y todo en base a su fuerza visual y su humor inteligente.
Su estreno en Broadway en 2003 marcó un antes y un después en el teatro musical del siglo XXI. Lejos de ser solo una precuela, la obra cuestiona cómo se crean los mitos colectivos, todo envuelto en una producción escénica de gran escala y una partitura que alterna épica y emoción íntima. Con el tiempo, se convirtió en uno de los musicales más longevos y taquilleros del mundo, traducido a múltiples idiomas y culturas.
Décadas después de su debut, el fenómeno aterrizó finalmente en Madrid con una ambiciosa producción en el Nuevo Teatro Alcalá. Esta llegada no solo acerca el espectáculo al público hispanohablante, sino que confirma la vigencia universal de su mensaje: que incluso en los cuentos más conocidos aún quedan voces por escuchar y verdades por descubrir.
"Wicked: el musical" nos sitúa tiempo antes de la llegada de Dorothy (la protagonista de El mago de Oz) al mundo de Oz, justo en el momento en que se anuncia que la Bruja Mala del Oeste, Elphaba, ha muerto, noticia confirmada por Glinda, la adorada Bruja Buena del Norte. Desde este punto, el argumento de Wicked retrocede al pasado para mostrar cómo ambas brujas se conocieron al ingresar en la Universidad de Shiz, donde chocan desde el primer instante: Elphaba, de piel verde, es brillante y sensible; Glinda, en cambio, es popular, ambiciosa y aparentemente superficial.
Con el paso del tiempo, los enfrentamientos iniciales entre Glinda y Elphaba dan lugar a una profunda amistad que acabará marcando su destino y la percepción que el mundo tendrá de ellas. Durante su formación, Elphaba descubre la corrupción del gobierno del Mago de Oz, que ha iniciado una campaña de opresión contra los Animales parlantes del reino. Dotada de poderes mágicos extraordinarios y guiada por un fuerte sentido de justicia, decide enfrentarse al sistema, mientras Glinda opta por adaptarse a él para conservar su estatus y ayudar “desde dentro”. Esta elección provoca que Elphaba sea declarada enemiga del Estado y pase a ser conocida oficialmente como la Bruja Mala del Oeste.
La segunda parte de "Wicked: el musical" muestra con claridad cómo los caminos de las dos amigas divergen por completo. Glinda se convierte en símbolo de bondad ante el pueblo, mientras Elphaba vive perseguida y clandestina, tratando de proteger a quienes ama y desmontar las mentiras del régimen. Si logrará cambiar su destino es algo que el espectáculo revela en escena (aunque muchos espectadores ya conocen parte de la historia gracias a su reciente adaptación cinematográfica).
A nivel técnico, podemos decir que el montaje madrileño de "Wicked: el musical" cumple con creces: su mensaje sobre la identidad, los prejuicios y la manipulación social (tan vigente en los tiempos actuales) queda perfectamente reflejado, además de transmitirse con humor y una banda sonora realmente memorable y bien trabajada. La propuesta conecta con el espectador desde lo emocional y confirma la fuerza temática que ha convertido a Wicked en un fenómeno internacional.
Si algo se le puede señalar a Wicked: el musical en Madrid, y rizando un poco el rizo, es su escenografía, basada en constantes juegos de tramoya e iluminación. Este planteamiento puede restarle algo de espectacularidad frente a otras producciones internacionales, aunque también tiene su lado positivo: el escenario del Nuevo Teatro Alcalá se aprovecha de extremo a extremo, generando dinamismo escénico y continuidad visual.
En el apartado interpretativo, nos quitamos totalmente el sombrero ante el elenco escogido, del que sobresalen especialmente Cristina Picos como Elphaba y Cristina Llorente como Glinda. Ambas están sencillamente maravillosas, con voces potentes y una química escénica que sostiene el corazón emocional del espectáculo.
No vamos a engañaros:"Wicked: el musical"es uno de los grandes títulos que pueden disfrutarse actualmente en Madrid, tan potente en mensaje como en interpretaciones, logrando una conexión muy fuerte con el público. Para nosotros, Wicked es una obra que hay que ver y disfrutar en el teatro. La recomendamos totalmente.
¡No os quedéis sin vuestra entrada!
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