En los últimos años, las noticias sobre agresiones a mujeres y ataques homofóbicos contra personas del colectivo LGTBI siguen ocupando titulares. Sin embargo, muchos de estos crímenes de odio continúan quedando en un segundo plano mediático o se convierten en objeto de debate político, perdiendo de vista lo verdaderamente importante: las víctimas y la raíz social del problema.
La intolerancia hacia quienes viven su identidad de género o su orientación sexual de manera diferente sigue siendo una realidad. Todavía existe una parte de la sociedad que no solo rechaza lo diverso, sino que responde a ello con violencia para reafirmar una supuesta superioridad.
En este contexto, resulta inevitable recordar el caso de Brandon Teena, un hombre transgénero de Nebraska (Estados Unidos) cuya trágica historia conmocionó al país en 1993. Su asesinato se convirtió en uno de los casos más representativos de violencia transfóbica en la historia reciente.
Para acercarnos a su historia, nos detenemos en Boys Don't Cry (1999), la aclamada película dirigida por Kimberly Peirce que retrata su vida y su relación con Lana Tisdel. Considerada una de las grandes obras del cine independiente de los años noventa, la película no solo reconstruye los hechos, sino que invita a reflexionar sobre la identidad, el amor y las consecuencias devastadoras del odio.
“Boys don’t cry” empieza presentándonos a Brandon Teena (a quien da vida Hilary Swank) un chico transgénero que vive en Lincoln (Nebraska). Brandon, desde el primer momento se siente rechazado por su familia, para quienes es Teena y simplemente tiene un desorden mental.
Cansado del rechazo recibido, Brandon decide cortarse el pelo muy corto, vestirse de chico y salir a vivir la vida como realmente la siente. Esta decisión implica dejar atrás a su familia y su ciudad Lincoln tomándola después de que su madre le obligue a recibir terapia.
Con su decisión en firme, Brandon entra en contacto con un grupo de amigos, Lisa, Lana y dos exconvictos amigos de estas, John Lotter y Tom Nissen con quienes, tras una noche de juerga, se une para ir al pueblo de estos, Falls City (también en Nebraska).
En Falls City Brandon se encuentra como pez en el agua, identificándose ante todos como un hombre, borrando así su pasado. Se instala en casa de una de las chicas, Lisa Lambert quien, muy poco a poco va interesándose y sintiéndose atraída por Brandon.
Inmerso en su nueva y deseada vida, Brandon se siente atraído por Lana Tisdel y ni corto ni perezoso, se lanza y empieza a salir con ella, siendo al poco, completamente correspondido.
Con todo, y como el pasado nunca desaparece del todo, después de que Brandon no se presentara a un juicio pendiente, su foto y su nombre de bautismo, Teena Brandon aparecen en un periódico de tirada nacional despertando la furia de John y Tom, sacándole directamente y de muy malas maneras del armario.
Lana le acepta tan cual es, pero no sucede lo mismo con John y Tom quienes tras una violenta discusión le desnudan para comprar si es un hombre o una mujer y no contentos con eso, se llevan a Brandon a una antigua cementera donde ambos, le violan y agreden, amenazándolo de muerte si lo cuenta.
Como es obvio, esta acción no podía quedar sin denuncia, aunque lo que tiene que sufrir en comisaria Brandon es, literalmente de juzgado de guardia. Y hasta aquí, lo que os podemos contar del argumento de “Boys don’t cry”, y si os preguntáis si ¿John y Tom cumplen su amenaza de muerte? Os diremos que, lamentablemente este caso es verídico y aunque no os lo diremos, es historia.
Como ya os hemos contado, “Boys don’t cry” está basada en la historia real de Teena Brandon, una joven que vivió y creció en un ambiente marginal, sin ser querida ni aceptada por su familia de quienes decidió alejarse para vivir su propia vida. En este sentido, hay que remarcar que “Boys don’t cry” consigue hacernos partícipes del sufrimiento de Brandon, de sus problemas y sus colosales esfuerzos por adaptarse en una sociedad violenta y salvaje donde apenas tiene cabida el amor puro. En este sentido, y pese a los fallos que, evidentemente tiene “Boys don’t cry”, encontramos también uno de sus grandes aciertos.
Otro de los grandes aciertos de “Boys don’t cry” radica en el excelente trabajo de dos de sus actrices, una inmensa Hilary Swank dando vida a Brandon Teena, trabajo por el cual recibió uno de los Oscar más merecidos de los últimos años, y una joya en potencia, Chloë Sevigny quien pone cara y vida a una excelente Lana Tisdel. ¿El resto de casting? Simplemente muy convincentes.
Sin lugar a dudas, la historia que nos cuenta “Boys don’t cry” es una de esas historias que, como en la vida misma, llegan sin avisar y nos azota sin contemplaciones para quedarse en nuestra memoria. Ojalá algún día, no hagan falta historias de homenaje o de denuncia como esta.
Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Boys don’t cry” es de un 8 sobre 10.
“Boys don’t cry” – USA – 1999
Dirigida por: Kimberly Peirce
Duración: 114 minutos
Género: Drama, LGTBI
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