jueves, 2 de agosto de 2018

Beach Rats


Cartel de Beach Rats
Muchas veces, a la hora de escoger una película, nos dejamos guiar por las grandes campañas de publicidad (en televisión, internet, marquesinas de bus, metro, etc.) y nos perdemos pequeñas joyas que deberían tener más espacio en nuestras carteleras, pero al estar encajadas dentro del llamado cine independiente, pasan por ellas con más pena que gloria.

En esta entrada os vamos a hablar de una de estas películas, la cual pese a llevarse uno de los premios grandes del Festival de Sundance 2017 (a la mejor dirección), ha llegado a su máxima difusión cuando ha entrado a formar parte del catálogo de la plataforma de streaming Netflix. Os estamos hablando del drama “Beach Rats”.

La historia de “Beach Rats” nos desplaza directamente al distrito neoyorquino de Brooklyn, donde nos encontramos con Frankie (Harris Dickinson), un chico de 19 años. Fuera de casa, Frankie es un pandillero más, fuma porros, presume de abdominales y se mueve en manada con sus amigos, en casa es alguien radicalmente distinto, un joven machacado por el cáncer terminal de su padre y la insistencia de su madre en que lleve a casa una novia.

Para escapar de su atormentada vida, Frankie se enfunda la armadura de los amigos, los paseos por la playa y las drogas, pero ni con ellos es capaz de conseguir un mínimo de tranquilidad o felicidad, ya que tiene un auténtico conflicto personal, asumir y vivir su sexualidad. Para intentarlo, Frankie se escuda en una nueva máscara, la que le proporcionan las páginas de internet y foros gais.

En plena temporada de playa y durante una de sus visitas pandilleras a Coney Island conoce a Simone (Madeline Weinstein), una chica joven, inteligente y absorbente. Pese a la animadversión inicial, Frankie ve en Simone la opción perfecta para hacer feliz a su madre y a la vez, potenciar su imagen de heterosexual ante sus amigos, por tanto, pese a la escasa atracción sexual que siente por la chica acaba iniciando una relación con ella.

Lo que podía ser un alivio en la vida de Frankie, su relación con Simone, acaba provocando su siguiente paso en su vida oculta, quedar con hombres mayores para tener sexo con ellos, aunque como os decimos habitualmente, ha llegado el momento de deciros, hasta aquí lo que os podemos contar de “Beach Rats”.

Técnicamente con “Beach Rats” nos encontramos ante una película ciertamente complicada que, su directora, Eliza Hittman logró llevar a cabo con notable destreza pese a ser su segunda película. La aceptación de la propia sexualidad en un entorno hostil e híper masculino visto a través del prisma femenino de su directora queda perfectamente reflejada “Beach Rats”, tanto en las escenas de alto voltaje sexual, como en aquellas donde la belleza y la complicidad salen a relucir. El único punto negativo en este punto es, sin lugar a dudas, el final de la película, demasiado abierto… como la vida misma.

Interpretativamente nos gustaría remarcar el trabajo de Harris Dickinson, el joven actor británico que, en su debut cinematográfico, da vida a Frankie, un papel complejo, tanto por el perfil psicológico del mismo, como por las escenas de sexo y desnudos integrales que se dan a lo largo del metraje de “Beach Rats”, haciéndolo además perfectamente. Sin lugar a dudas, un gran debut para un actor que tendremos que seguir muy de cerca en un futuro más próximo que lejano.

Algunos seguramente verán “Beach Rats” como una película obscena o incluso pornográfica, aunque nada más lejos de la realidad, “Beach Rats” es un profundo drama sobre la aceptación de la homosexualidad, retratando sin las ataduras de Hollywood y de la puritana sociedad americana, el duro y crudo camino que muchos jóvenes han tenido que seguir en su vida.

Nuestra nota final para “Beach Rats” es de un 7 sobre 10.




Título original: “Beach Rats” – 2017 – USA
Dirigida por: Eliza Hittman
Duración: 95 minutos
Género: Drama, Homosexualidad
martes, 24 de julio de 2018

Las ventajas de ser un marginado


Las ventajas de ser un marginado Cartel
Hay un sinfín de películas que, injustamente, desde el comienzo están predestinadas a pasar sin pena ni gloria por nuestras carteleras. A veces esto se debe simplemente al escaso interés de las distribuidoras, otras veces a su casting poco reconocido internacionalmente y otras, simplemente porque se trata de cintas enmarcadas dentro de lo que conocemos como cine independiente.

Dentro de este grupo de películas nos encontramos el título que os traemos hoy a este rincón, la cinta de 2012 “Las ventajas de ser un marginado” (“The Perks of Being a Wallflower”), basada la novela homónima de 1999 de Stephen Chbosky.

“Las ventajas de ser un marginado” empieza presentándonos a Charlie (Logan Lerman) su protagonista. Charlie es un adolescente en su primer año de instituto, inteligente, introvertido, solitario, tímido y con escasas (o nulas) capacidades sociales.

Unos días después del inicio de clases, Charlie conoce a dos alumnos de último curso, Patrick (Ezra Miller) y a su hermanastra Sam (Emma Watson) de quien se enamora secretamente. Aunque mayores, Patrick y Sam invitan a Charlie a una fiesta con su grupo de amigos. En esa fiesta Charlie, después de un contacto involuntario con la marihuana, se acaba sincerando con Patrick, contándole el origen de su estado y situación: durante el curso anterior su mejor y único amigo se suicidó, y aún está tratando de superarlo.

A base de confidencias, Charlie es integrado en el grupo de amigos de Patrick y Sam y en grupo de teatro que entre todos conforman. En una de las representaciones del grupo, Charlie debe salir a escena y vivir la sensación de ver a Sam en ropa interior y tocar sus pechos. Poco después de este shock, Mary otra de sus nuevas amigas le invita a un baile, y de ahí a un beso y al consiguiente noviazgo no deseado.

Incapaz de herir los sentimientos de Mary, Charlie continua con ella hasta que un día, durante un juego de la verdad con el grupo todo sale a la luz. La verdad trae una cruel consecuencia para de él, ya que de nuevo se queda sin amigos y relegado a la soledad.

A partir de este momento, “Las ventajas de ser un marginado” toma nuevos derroteros, la homosexualidad de Patrick, la elección de universidad por parte de los amigos de Charlie, el fin de curso, la reconciliación, etc., aunque como ya os podéis imaginar, hasta aquí ha llegado nuestro análisis argumental.

Técnicamente, “Las ventajas de ser un marginado” es una película plagada de aciertos y errores ya que, si por un lado el debutante Chbosky es capaz de mezclar temas tan profundos como el autodescubrimiento, la aceptación personal, el primer amor, la homosexualidad, la dependencia en la adolescencia, haciéndolo además con gran acierto, también peca y exceso de lentitud en el desarrollo de varias situaciones.

Desde el punto de vista interpretativo comentaros que la elección del trio protagonista merece un sincero y sonoro aplauso. En primer lugar para Logan Lerman dando vida al introvertido Charlie en su despertar adulto con un amor que no desea, una ambigüedad delicada con Patrick y su sufrimiento por lo que le ha tocado vivir, sencillamente brillante. También están geniales, tanto Emma Watson como sobre todo, Ezra Miller.

“Las ventajas de ser un marginado” no es ni una Obra Maestra del cine, ni una maravilla, pero tiene un algo, tiene esa magia que está al alcance de pocas, que es dejar poso y hacernos pensar una vez finalizado su metraje. Así pues, por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Las ventajas de ser un marginado” es de un 6 sobre 10.




Título original: “The Perks of Being a Wallflower” – USA – 2012
Duración: 103 minutos
Dirigida por: Stephen Chbosky
Género: Drama, Amistad


lunes, 16 de julio de 2018

Ocean's 8


Ocean's 8 Cartel
Como cada verano, entre finales de junio y mediados julio en nuestras carteleras se da el curioso caso de la aparición de un sinfín de secuelas (en cintas de animación para niños, superhéroes, etc.), “reboots” y películas veraniegas (comedias, acción facilona, con la playa y el mar como protagonistas, etc.), y todo con el fin de permitirnos desconectar del calor y de las preocupaciones del día a día en la comodidad de una sala de cine a la vez que se llenan las arcas de las productoras,.

Este 2018 no tenía visos de que esto fuera a ser distinto y en muy pocas semanas,  nuestras carteleras se han llenado con películas como “Hotel Transilvania 3”, “El mejor verano de mi vida”, “Ant-Man y la Avispa”, “Mamma mia: una y otra vez” y un largo etcétera en el que nos encontramos también con la cinta que os queremos comentar hoy: “Ocean’s 8”.

“Ocean’s 8” es el “reboot” de la célebre cinta de 2001, dirigida por Steven Soderbergh: “Ocean’s eleven”. Aunque, eso sí, en esta ocasión el equipo de Danny Ocean deja paso a su hermana Debbie, así como a su grupo de mujeres.

Ocean’s 8” inicia su andadura en pleno 2018, con la salida de la prisión de Debbie Ocean (Sandra Bullock), la hermana de Danny, después de cumplir una condena de 5 años por estafa. Durante esos años de presidio, Debbie ha madurado un plan para llevar a cabo el mayor robo de su vida, hacerse con el célebre collar Toussaint  (de Cartier) durante la Gala Met de Nueva York, valorado en más de 150 millones de dólares.

Como no puede llevar a cabo en solitario semejante golpe, empieza a configurar su equipo con las mejores en su campo. La primera, Lou Miller (Cate Blanchett) su amiga del alma y auténtica mano derecha, después llegan Amita (Mindy Kaling) la experta en diamantes, Constance (Awkwafina) una experta timadora, Bola 9 (Rihanna) una talentosa hacker, la ex ladrona Tammy (Sarah Paulson) y Rose Weil (Helena Bonham Carter) una diseñadora de moda en horas bajas.

La idea pasa por acercarse lo suficiente a la modelo Daphne Kluger (Anne Hataway), quien llevará el collar durante la gala, y hacerse con él durante la misma. Para ello, Rose se convertirá en su modista, asegurándose así el acceso más fácil a la joya.

Después de un sinfín de preparativos llega el día de la gran gala. Mientras los famosos van llegando al Museo Metropolitano (sede de la Gala Met), nuestras protagonistas van tomando sus papeles en el perfecto plan tramado por Debbie, entre joyas, lujo y grandes medidas de seguridad.

Como no podía de otra forma, Debbie y sus chicas se acaban haciéndose con el collar Toussaint, lo que provoca la aparición de un viejo conocido de Debbie, el agente de seguros John Frazier, quien años atrás la desenmascaró y envió a la cárcel. ¿Correrá la misma suerte en esta ocasión, o Debbie se guarda un as en la manga? Evidentemente nosotros lo sabemos, aunque nos lo guardaremos celosamente, contándoos eso sí, nuestra visión de “Ocean’s 8”.

Argumentalmente, no os vamos a engañar, esta “Ocean’s 8” cumple con su condición de “reboot”, es decir, fusila casi totalmente a la original “Ocean’s eleven” con cambios de ambientación (Las Vegas deja paso a Nueva York) y de reparto (los chicos desaparecen para ceder el protagonismo a las chicas), aunque desgraciadamente nada cambie donde debería hacerlo, en los necesarios giros argumentales y efectos sorpresa.

Técnicamente, esta “Ocean’s 8” tampoco llega al nivel de su predecesora, ya que, aunque cuenta con un buen montaje, una buena ambientación y, como os contaremos después, buenas interpretaciones, el montaje es demasiado plano y carente de magia, convirtiéndose por momentos en un bonito video clip de lujo, moda y música.

Donde quizá más nos ha gustado “Ocean’s 8” es en su reparto. No os vamos a decir que todo el mundo está realmente brillante y acertado, pero sí que hay grandes aciertos en la elección de las protagonistas. Así, Sandra Bullock y Cate Blanchett crean sus personajes realmente bien, destacando incluso Helena Bonham Carter y Anne Hataway, aunque estas dos, ven lastrados sus trabajos por la poca definición y el protagonismo demasiado superficial que les han dado. Una verdadera pena.

Con todo, no podemos olvidar lo que es “Ocean’s 8”, un “reboot" y una cinta de verano (para un rato entretenido, no lo dudéis, a por vuestra entrada!), no una película pensada para arrasar en los certámenes de grandes premios, por tanto, valorándola como tal y habiéndonos entretenido más de lo esperado, nuestra nota final para ella es de un 6 sobre 10.




Título original: “Ocean’s 8” – USA – 2018
Dirigida por: Gary Ross
Duración: 110 minutos
Género: Acción, Comedia, Secuela


viernes, 6 de julio de 2018

13 Reasons Why - Temporada 2


Cuando NETFLIX publicó que habría una segunda temporada de su exitosa serie “13 Reasons why” (“Por trece razones” en España), se nos pusieron los pelos como escarpias, a la vez que dos preguntas empezaron a revolotear en nuestros cerebros: “¿Por qué?” y “¿Es necesario una segunda parte de una historia completamente cerrada?”.

La primera temporada de la serie basada en la novela de Jay Asher nos sorprendió al proporcionarnos incontables horas de conversación, puesto que es complicado encontrar una serie juvenil que trate temas tan complicados como el acoso escolar, el abuso sexual y el suicidio juvenil, todo ello planteado desde el punto de vista de Hannah Baker (Katherine Langford), la víctima.

La segunda temporada de “13 Reasons why” transcurre cinco meses después del trágico suicidio de Hannah Baker, en base al juicio por la demanda interpuesta por su madre contra el instituto Liberty por permitir y consentir el acoso escolar. Mientras tanto, Clay (Dylan Minette), el otro protagonista de la historia, intenta sin demasiado éxito sobreponerse al trauma que ha supuesto para él la muerte de su amiga.

Una vez superada la originalidad de contar la historia en base de flashbacks centrados en las famosas cintas de Hannah, en esta nueva temporada se ha empleado el recurso de utilizar las sesiones del juicio, a razón de una por protagonista de cada cinta, como el hilo conductor de la trama, a las cuales se ha añadido la evolución del estado anímico de Clay y de su amigo Justin Foley (Brandon Flynn) quienes, a su vez, luchan para que se haga justicia a favor de Hannah.

La tensión en el Liberty se incrementa a medida que los protagonistas de cada cinta van recibiendo sus citaciones, a lo que debemos añadir la aparición en escena de unas misteriosas fotografías Polaroid que empiezan a circular a cuentagotas y que relacionan a Hannah y a otras chicas con un secreto que guarda entre sus paredes el instituto.

A lo largo del juicio, cada uno de los testigos citados nos cuenta su particular versión de los hechos que le relacionan con las razones que nos proporcionó Hannah Baker durante la primera temporada de “Por trece razones”, intentando, en casi todos los casos, hacernos dudar de la propia Hannah y de sus motivaciones.

Como quien no quiere la cosa, durante los 13 capítulos de esta segunda temporada de “Por trece razones” nos desgranan varios de los puntos que ya se mencionaban en la primera: la “casa del club”, el poder del equipo de béisbol en el instituto, la supremacía del dinero en la vida actual, la convivencia de la dirección del centro Liberty con los miembros del club, etc.

Como ya os podéis imaginar, podríamos desgranar bastante más de la trama argumental de esta segunda temporada, pero creemos que es mejor pasar a daros nuestra particular valoración de la misma.

Desde el punto de vista interpretativo, esta segunda tanda de episodios aporta realmente poco con respecto a la primera, manteniendo, eso sí, un alto nivel en el trabajo de todos sus actores, tanto adolescentes como adultos. Con todo, si tuviésemos que distinguir por el trabajo de uno de ellos, nuestra mención especial sería para Alisha Boe dando vida al, quizá, personaje más complejo de esta temporada, la atormentada Jessica Davis.

Argumentalmente, “Por trece razones” / “13 Reasons why” aborda con total frialdad temas tan candentes como el acoso escolar, el suicidio, la parcialidad judicial y la violencia en la adolescencia, aunque lamentablemente hemos acabado esta segunda temporada con la sensación de haber perdido nuestro tiempo visionando unos episodios que, de haber estado mejor construidos, hubiesen constituido una magnífica oportunidad para continuar con el efecto denuncia / concienciación que ya vivimos en la primera temporada de la serie. Y es que los guiones de esta segunda etapa se han centrado casi exclusivamente en incidir en las mismas situaciones ya vividas y explicadas en la primera, aunque, eso sí, dándonos la visión de los agresores, dejando al espectador la sensación de la culpa en estos casos es del agredido (en este caso, Hannah) en lugar de del agresor.

A parte de lo que os hemos contado, otra decisión técnica que nos ha dejado con bastante mal cuerpo por la forma que el equipo técnico ha tenido de llevarlo a la pantalla, es la aparición de Hannah convertida en fantasma, acompañando permanentemente a Clay mientras este descubre un pasado que para nada imaginaba. Esto, junto con la escasa relevancia de los primeros personajes en declarar en el juicio (y que ocupan los 6 primeros capítulos de esta segunda temporada), tiene como consecuencia que el ritmo de la serie sea lento y predecible, lo que da a lugar a que esta segunda temporada sea, desgraciadamente, totalmente prescindible.

Por todo lo que os hemos contado, para los miembros de este equipo, la segunda temporada de “Por trece razones” puede considerarse un pegote con el que intentar alargar un chicle aún a costa de sacrificar la calidad del producto inicial, lo que da como resultado una producción que no aporta nada (o, al menos, que no aprovecha ninguna de las puertas que abre) a la historia que ya conocíamos, por tanto, nuestra nota final es de un 5 sobre 10.




Título original:  "13 Reasons Why " – Estados Unidos
Género: Drama, Adolescente
Año de creación: 2017
Año de finalización: 2018 (segunda temporada)
Capítulos: 26 (en dos temporadas)