lunes, 12 de agosto de 2019

El rey León


Cartel de El rey León
Desde hace unos años Disney ha tomado el relevo a Spielberg como el auténtico Rey Midas de Hollywood, ya que si bien desde bien entrada la década de los 90 del pasado siglo la compañía vivía básicamente de sus parques y de sus puntuales éxitos en el cine de animación, desde mediados del primer decenio del presente siglo, se puede decir que todo lo que toca se convierte en oro.

Con toda seguridad, uno de los puntos de inflexión en la historia de los californianos fue el lanzamiento en 1994 de la cinta de animación “El rey León” con la que ganaron, además del reconocimiento de público y crítica, dos premios Oscar y varios Globos de Oro.

Durante los últimos quince años, el cambio en Disney ha sigo radical, convirtiéndose en un potente entramado de empresas (entre las que encontramos: Pixar, Marvel, Lucasfilm, 20Th Century Fox, etc.) y en una máquina súper engrasada de generar y ganar dinero.

Dentro de esta dinámica de generar dinero, los últimos años Disney se ha especializado en re-explotar sus clásicos, pero en vez de remasterizarlos como se hacía antes, se sirve de la tecnología live-action (algunos ejemplos los tenemos en: “Maléfica”, “La Bella y la Bestia”, “Dumbo”, etc.), la última, hasta el momento, obra que se ha sometido al live-action es el clásico “El Rey León” y es precisamente, del que os queremos hablar hoy.

Como en la cinta de 1994, la historia de “El rey León” nos desplaza directamente a la Sabana, y lo hace justo en el momento en que el rey Mufasa presenta en sociedad a Simba, su hijo recién nacido. Todos los animales acuden a la presentación, todos menos el Scar, el hermano de Mufasa quien se siente desplazado por el pequeño.

Meses más tarde, Simba se ha convertido en un cachorro curioso, juguetón y lleno de energía, lo cual aprovecha su padre para intentar formarle de cara a que, algún día, le suceda en el trono. Con el fin de conseguir este objetivo, Simba debe conocer su territorio, sus bondades y sus peligros, entre los que está y debe evitar, la zona oscura.

Conocedor de las enseñanzas de Mufasa, un día Scar lleno de rabia y frustración despierta la curiosidad del pequeño por dicha zona, indicándole que dicha zona oscura se trata de un antiguo cementerio de animales donde sólo los leones adultos pueden entrar. Simba, empujado como todo niño, por la necesidad de demostrar que ya es adulto, se las ingenia junto a Nala (una leona amiga suya) para adentrarse en dicha zona.

Lo que descubren los pequeños les deja sin aliento, ya que además de ser un cementerio de elefantes, es la guarida de las siempre hambrientas y traidoras hienas. Por suerte para Nala y Simba, Mufasa llega a tiempo para rescatarles.

Ante el fallido desenlace del plan inicial, Scar se alía con la líder de las hienas para acabar con Mufasa y deshacerse, a la vez, del pequeño Simba. Al día siguiente, Scar se lleva a Simba al desfiladero donde las hienas provocan una estampida de Ñus. Cuando Mufasa intenta salvar a Simba, Scar lleva a cabo su plan matando al rey y haciendo sentir culpable a Simba al que empuja a abandonar el reino, con lo que Scar, acaba convirtiéndose en el nuevo rey.

Después de una dura travesía por el desierto, Simba, acompañado por dos nuevos amigos, Timón y Pumba (un suricato y un jabalí respectivamente), acaba llegando a la jungla donde crece siguiendo el lema de sus nuevos amigos: “Hakuna matata” (“vive y sé feliz”).


Simba, Timón y Pumba
Simba, Timón y Pumba


Bastante tiempo más adelante y desde un reino de los leones totalmente arrasado, Nala llega a la jungla donde se reencuentra con un crecido Simba. Aunque al principio se niega, después de pensarlo bien y recordar las enseñanzas de su padre, sale corriendo hacia el reino, aunque lo que pasa allí, como ya os podéis imaginar, nosotros nos lo guardaremos. Lo que nos guardaremos es nuestra visión sobre “El rey León”.

Técnicamente, esta versión life-action del clásico de 1994 de “El rey León” es perfecta, dando a la historia de Simba una apariencia de total realidad, ya que aprovecha al máximo la tecnología de la que dispone Disney para ello. Bajo nuestro punto de vista, esta versión de “El rey León” es visualmente espectacular, aunque pierda completamente la magia de las miradas y de los colores de la versión en dibujos animados.

Por el contrario, bajo nuestro punto de vista, “El rey León” de este 2019 es una cinta totalmente carente de ambición, hablando desde el punto de vista narrativo, de guion y de banda sonora, ya que es completamente igual que el clásico de animación de 1994.

Cuando salimos del cine, los miembros del equipo nos planteábamos si realmente merecía la pena esta nueva versión de “El rey León”. Al final llegamos a la conclusión de que esta “El rey León” merece la pena para dos grupos: las nuevas generaciones que no conozcan la original, y según se desprende del éxito de recaudación, para las arcas de Disney.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “El rey León” es de un 6 sobre 10, salvándose sobre todo por la historia y por el despliegue técnico.





Título original: “The Lion King” – 2019 – USA
Dirigida por: Jon Favreau
Duración: 118 minutos
Género: Animación, Drama, Musical


domingo, 4 de agosto de 2019

La vida es bella


La vida es bella Cartel
Hay películas que pese a ser consideradas auténticas obras maestras de la historia del cine por una inmensa mayoría de sus espectadores, no consiguen la unanimidad ni entre estos y ni mucho menos entre la crítica profesional, la mayoría de veces porque, no nos engañemos, tratan temas políticos o demasiado complejos.

Hoy en este pequeño rincón os traemos nuestra reseña de una de estas películas, una cinta que hacía muchos años que teníamos en el cajón esperando su momento precisamente por la fama que tiene y por su temática. Sí, hoy os hablaremos de la cinta italiana de 1997, “La vida es bella”.

“La vida es bella” nos desplaza directamente a 1939, con la Segunda Guerra Mundial a punto de estallar, cuando Guido Orefice (Roberto Benigni), un joven judío-italiano y su amigo Ferruccio llegan al pueblo toscano de Arezzo para trabajar de camareros en el hotel del tío de Guido.

Guido es un joven alegre, bromista y divertido que tiene la ilusión de, una vez consiga el dinero suficiente, abrir una librería en Arezzo. Durante los primeros días en el pueblo, Guido conoce a la bella Dora (Nicoletta Braschi), una profesora del pueblo de la que se enamora perdidamente.

Desde ese momento Guido intenta a toda costa conquistar a Dora, buscándola, piropeándola, haciéndole bromas, aunque tiene un grave hándicap, la joven es la prometida de un regidor fascista del pueblo. Ni los primeros ataques xenófobos que sufren tanto Guido como su tío consiguen minar ni la voluntad ni el sentido del humor de nuestro protagonista. Tanto es así que, durante la fiesta de compromiso de Dora y su novio en el hotel, Guido se lanza y se declara a Dora quien sin muchos remilgos abandona a su novio para irse con Guido.

Seis años más tarde, nos encontramos con la familia formada por Guido, Dora y el pequeño Giosué (Giorgio Cantarini), ella continua de profesora en el pueblo, él regenta una librería y continua enfrentándose a la vida, a la guerra y a la formación de Giosué con su particular optimismo, incluso el día en que son obligados a subirse a un tren con el resto de judíos del pueblo y Dora, para ser llevados a un campo de concentración.

Una vez en el campo de concentración y ante las atrocidades que allí se desarrollan (trabajos forzados, segregación por sexos, cámaras de gas, eliminación de los no útiles para trabajar, etc.), Guido se inventa un juego para distraer y ocultarle cruda realidad a Giosué, el juego se trata de ganar el máximo de puntos, sumando puntos si se esconde, quitándole puntos si llora, si pide comida o pregunta por su madre.

Guido lo intenta todo con el fin de salvar a su pequeño, desde juegos de escondite hasta llevarlo a una cena en la casa de los militares (donde acaba trabajando de camarero además de en los altos hornos del campo) para que el pequeño pueda comer.

El tiempo corre, cada vez hay menos niños en el campo y cada vez está más cerca el final de la Segunda Guerra Mundial aunque como ya os podéis imaginar, no os contaremos lo que sucede en “La vida es bella” a partir de este momento.

Técnicamente “La vida es bella”, nos os vamos a engañar, es una película maravillosa, una de esas películas que todo el mundo debería ver, como mínimo, una vez en la vida, con un hilo argumental ambientado en el Holocausto vivido durante la Segunda Guerra Mundial en Europa, relatando su dureza pero mezclando este relato con la potente historia de amor que vive la familia protagonista y el histriónico sentido del humor que guía la vida de Guido y a la vez la de su familia durante su periplo por los oscuros años de la ocupación nazi de Italia. También muy remarcable, la célebre banda sonora que acompaña perfectamente la acción en cada secuencia.

Desde el punto de vista interpretativo nos gustaría remarcar el grandísimo trabajo de Roberto Benigni dando vida Guido Orefice. Para muchos, quizá, realiza un trabajo sobreactuado y sobrevalorado, para los miembros de este equipo, nada más lejos de la realidad ya que con su trabajo ayuda a conseguir lo que realmente quiere transmitir “La vida es bella”, el valor del amor, del positivismo y sobre todo de la esperanza (el esfuerzo de caras y gestos con el pequeño Giosué en el campo de concentración es simplemente brutal) en un mundo totalmente loco. En cuanto al resto de intérpretes, pues queremos remarcar también del pequeño Giorgio Cantarini (Giosué) quien pese a no tener grandes diálogos, sus caras valen su peso en oro.

Para los miembros de este equipo, “La vida es bella” es una auténtica obra maestra, una cinta que debería estar en cualquier filmoteca y dvdteca que se precie, tanto por interpretaciones como por mensaje. Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “La vida es bella” es de un 9.5 sobre 10.




Título original: “La vita è bella” – Italia – 1997
Dirigida por: Roberto Benigni
Duración: 117 minutos
Género: Comedia, drama

lunes, 29 de julio de 2019

Dolor y gloria


Cartel de Dolor y gloria
No os vamos a engañar, cuando vimos anunciada la, por el momento, última película del director manchego Pedro Almodóvar, nos llamó la atención entre poco y nada, pues le consideramos un director excesivamente sobrevalorado, un tanto engreído en sus declaraciones y por si fuera poco, muy encasillado en sus temas de siempre.

Al final han tenido que pasar cuatro meses para que nos decidiéramos a darle una oportunidad a “Dolor y gloria”, y lo hemos hecho después de leer, en su mayoría, unas críticas excelentes sobre ella. Así pues, una de estas últimas y sofocantes veladas de este caluroso verano tomamos asiento en nuestro sofá y le dimos al play.

“Dolor y gloria” empieza presentándonos a Salvador Mallo (a quien da vida Antonio Banderas), un director de cine español de mucho éxito en el pasado, pero viviendo un acelerado y precipitado ocaso profesional y personal. Salvador vive aquejado por un sinfín de dolencias físicas (migrañas, pitidos, problemas de espalda, etc.) y anímicas que le dejan, la mayor parte de su tiempo al borde de la depresión.

Un día, la Filmoteca de Madrid, después de restaurar “Sabor”, uno de los primeros éxitos que tuvo hace nada más y nada menos que 32 años, le invita al coloquio de presentación de dicha restauración. Para ello, Salvador se pone en contacto con Alberto Crespo (interpretado por Asier Etxeandia), el intérprete protagonista de “Sabor” y a quien tampoco ve desde el rodaje de dicha cinta.

Volverse a encontrar con el pasado lleva a Salvador, a modo de flashback en “Dolor y gloria”, a recordar su infancia cuando él y Jacinta (Penélope Cruz), su madre, llegan durante los años 60 a Paterna (Valencia) para instalarse en una casa cueva junto a su padre. Salvador recordará de esa época su paso por el colegio, la adecuación de su casa cueva, sus clases de lectura y escritura con Alberto, un albañil analfabeto del pueblo, el descubrimiento de su primer deseo, etc…

En la actualidad, su reencuentro con Alberto Crespo le supone a Salvador un duro choque, ya que, además de reencontrarse con las diferencias que había entre ambos desde la época de “Sabor”, descubre también un remedio alternativo al combinado de medicamentos que toma para aliviar sus dolencias: la heroína, a la cual casi se engancha.

Después de su fallido coloquio de presentación de la restaurada “Sabor”, Salvador se siente totalmente en deuda con Alberto y para compensarle, le cede una obra que este ha encontrado en casa de Salvador, “La adicción”.

“La adicción” narra la historia de un director de cine durante los años de la movida madrileña, un hombre que se enamora de otro hombre con quien acaba conviviendo más de tres años, y de una adicción de este último que, a la postre, acabará separando a la pareja. Casualidades de la vida, durante una de las primeras representaciones, en la sala está Federico (Leonardo Sbaraglia) el hombre del que se enamoró el autor de “La adicción”.

Como os podéis imaginar, Federico contactará con Salvador, aflorando nuevos recuerdos y viejas enseñanzas que, como también os podéis imaginar, no encontraréis en esta crítica, aunque lo que sí que encontraréis es nuestra particular valoración de “Dolor y gloria”.

Técnicamente, “Dolor y gloria” nos ha sorprendido y mucho, pues para nada imaginábamos una película tan personal y emotiva de un director que, como os hemos contado al comienzo de esta crítica, para nada teníamos entre nuestros favoritos. Es más que evidente que “Dolor y gloria” es una ficción, pero con unos vínculos casi biográficos con su director, quien ha puesto, creemos, mucho más en esta cinta que en anteriores. El drama, la emoción y una ambientación fantásticamente trabajada se mezclan durante todo el metraje de la cinta, provocando que poco a poco, nos vayamos implicando en los dolores, el pasado y los deseos de Salvador.

De todas formas, hay otro apartado donde “Dolor y gloria” sobresale y mucho, y este es el interpretativo, donde nos encontramos con dos brillantes interpretaciones de dos monstruos consagrados del cine español, Antonio Banderas y Penélope Cruz. El primero hace, quizá, el mejor papel de su carrera dando vida a Salvador, y la madrileña, aunque no es santo de nuestra devoción, vuelve a hacer un grandísimo papel. En cuanto al resto, nos encontramos con un Asier Etxeandia brutal (su escena del monólogo de “La adicción” es para quitarse el sombrero), un más que solvente Sbaraglia dando vida al ex de Salvador (ojo al apasionante beso que se dan ambos), y a dos novatos que han llegado pisando muy fuerte, César Vicente y el pequeño Asier Flores. Nuestro aplauso a todo el elenco.

Por todo lo que os hemos contado, nuestra nota final para “Dolor y gloria” es de un 8 sobre 10, y os la recomendamos, sobre todo si os gusta Almodóvar, Cruz o Banderas.





Título original: “Dolor y gloria” – España – 2019
Dirigida por: Pedro Almodóvar
Duración: 108 minutos
Género: Drama, Drogas, Homosexualidad